31/07/2026
El comercio no se criminaliza, se atiende y se ordena
Durante décadas, la relación entre la administración pública y el comercio en la vía pública ha estado marcada por el choque, la incomprensión y, en el peor de los casos, la criminalización. Sin embargo, abordar el uso del espacio público desde el castigo o la persecución es ignorar una realidad inevitable: el comercio informal e independiente es la fuente de sustento honesto de miles de familias que salen a ganarse la vida día a día**.
Quienes ejercen el comercio no son delincuentes; son ciudadanos trabajadores de jornadas largas y esfuerzo constante. Entender esta premisa es el primer paso para construir una ciudad más justa, humana e incluyente, el comercio no se criminaliza; se atiende, se escucha y se ordena.
Esta visión exige dejar atrás la burocracia de escritorio y pasar a la acción en el territorio. Gobernar y administrar no se hace desde el aislamiento de una oficina, sino caminando las calles, sintiendo la dinámica de los barrios y escuchando de viva voz las necesidades, preocupaciones y aspiraciones de las y los comerciantes. La política de puertas abiertas solo es real si esas puertas también se abren en la calle.
Atender no significa dejar las cosas como están ni promover el desorden. Al contrario: el verdadero reordenamiento urbano nace del diálogo y de la construcción de alternativas viables. No se trata de despojar a nadie de su empleo, sino de ofrecer canales, espacios y esquemas que permitan regularizar la actividad, garantizar condiciones dignas de trabajo y, al mismo tiempo, devolverle la tranquilidad, el libre tránsito y el equilibrio al resto de la ciudadanía.
El reordenamiento de nuestra ciudad es un beneficio compartido. Cuando el comercio opera con reglas claras, espacios definidos y alternativas reales, ganan los trabajadores, ganan los transeúntes, gana el comercio y gana la comunidad en su conjunto.
Caminar de la mano con la gente, con sensibilidad social pero con firmeza institucional, es el camino. Escuchar en territorio, atender con dignidad y ordenar con justicia: esa es la ruta para la ciudad que merecemos.