31/07/2026
Mi hijo se trajo un juguete del restaurante.
Esto pasó cuando mi hijo tenía como tres años. Era la típica edad en la que quieren llevarse cualquier juguete que ven tirado por ahí. Si por ellos fuera, hasta las piedras bonitas del parque se llevarían a la casa.
Fuimos a comer a un restaurante familiar que tenía un área de juegos para niños. Como era entre semana, prácticamente no había nadie. Mi hijo estaba feliz jugando solo y en un rincón encontró una muñequita de plástico. No era de terror ni nada raro, era una muñeca normal, hasta se veía relativamente nueva.
Me preguntó si se la podía llevar porque nadie la estaba buscando. Yo me esperé un ratito para ver si aparecía algún niño preguntando por ella, pero como no había nadie, le dije que sí. La verdad me dio ternura porque la abrazó como si fuera el mejor regalo del mundo.
Los primeros dos días todo estuvo normal. El problema comenzó como una semana después.
Mi hijo empezó a despertarse llorando todas las madrugadas. Me decía que una niña estaba triste y que no quería jugar sola. También comenzó a enfermarse seguido. Le daban calenturas que iban y venían y tenía unas ojeritas que nunca había tenido.
Yo pensé que simplemente se había enfermado de algún virus de la guardería, pero por más que mejoraba de una cosa, comenzaba con otra. Hasta dejó de querer jugar con los juguetes que más le gustaban y solamente quería estar acostado conmigo.
Lo más extraño era que no soltaba la muñequita. Dormía con ella, la cargaba por toda la casa y se ponía a llorar si se la quitábamos.
Mi mamá me sugirió llevarlo con una señora que hacía limpias en el pueblo. Yo no soy de creer todo lo que me dicen, pero cuando se trata de los hijos uno hace hasta lo que nunca pensó hacer.
La señora ni siquiera nos dejó terminar de contarle la historia del juguete.
—¿La muñeca era encontrada? —me preguntó.
Cuando le dije que sí, me explicó algo que jamás había escuchado.
Nos dijo que muchas personas utilizan juguetes, peluches y objetos personales cuando quieren deshacerse de malas energías o de enfermedades espirituales. No necesariamente por hacerle daño a alguien. Algunas personas simplemente dejan el objeto lejos de su casa esperando que aquello que cargaba se quede ahí.
—No fue que alguien quisiera hacerle algo a su hijo —me dijo—. Nomás les tocó la mala suerte de recoger algo que alguien más dejó precisamente para no llevárselo a su casa.
La verdad no sé qué creer hasta la fecha. Lo único que sí sé es que mi hijo cambió muchísimo desde que se trajo aquella muñeca.
Después de varias limpias y de seguir las recomendaciones de la señora, mi hijo comenzó a mejorar bastante. Las calenturas desaparecieron y volvió a ser el niño alegre de siempre.
Lo único que faltaba era deshacernos de aquello que, según ella, se había quedado pegado.
Me explicó que ya no estaba en la muñeca porque nosotros la habíamos tirado hacía tiempo. Que ahora estaba en un pequeño peluche que mi hijo había comenzado a cargar para todos lados después de enfermarse.
No saben cómo me dolió porque era uno de sus favoritos.
Al final me convencieron de que era lo mejor. Yo no tuve corazón para hacerlo, así que le pedí a mi cuñado que se lo llevara muy lejos y lo dejara donde nadie pudiera relacionarlo con nosotros.
Me acuerdo que me sentí terrible ese día.
Lo curioso es que mi hijo dejó de tener pesadillas prácticamente desde esa semana. La enfermedad ya se le había quitado desde antes, pero seguía despertándose llorando algunas noches.
Hasta la fecha me arrepiento de haberle permitido llevarse un juguete que no era suyo. Tal vez todo tenga una explicación perfectamente normal, pero desde entonces tengo una regla con mis hijos y mis nietos.
Por más bonito que esté un juguete tirado en la calle, en un parque o en un restaurante, ahí se queda.