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Vi a mi abuelita en su propio funeral.Esto pasó cuando yo tenía como 14 años y todavía me acuerdo perfectamente porque f...
01/06/2026

Vi a mi abuelita en su propio funeral.

Esto pasó cuando yo tenía como 14 años y todavía me acuerdo perfectamente porque fue una de las cosas más raras que me han sucedido. Mi abuelita había estado enferma durante varios meses. Toda la familia ya sabía que tarde o temprano iba a pasar, pero uno nunca está realmente preparado para despedirse de alguien que vio toda la vida.

El velorio se hizo en su casa porque así lo había pedido ella. Llegó mucha gente del pueblo, familiares que yo ni conocía y vecinos que fueron a acompañarnos. Durante toda la noche yo me la pasé sentado viendo el ataúd. No porque tuviera miedo, sino porque me costaba creer que mi abuelita ya no estuviera ahí con nosotros platicando o haciendo de comer como siempre.

Al día siguiente nos fuimos al panteón. Era uno de esos panteones de pueblo que tienen árboles viejos enormes y muchas tumbas antiguas. Hacía calor, pero estaba nublado. Me acuerdo porque el aire movía las ramas y se escuchaban rechinar unas cruces metálicas viejas que estaban cerca.

Cuando llegamos, los hombres comenzaron a acomodar todo para bajar el féretro. Mi mamá y mis tías estaban llorando mucho. Yo me sentía raro, como distraído. No estaba poniendo atención a lo que decía el padre. Más bien me quedaba viendo alrededor del cementerio.

En un momento levanté la vista hacia una parte donde había un árbol enorme. Era de esos árboles viejos con el tronco muy ancho que ya llevan ahí quién sabe cuántos años. Ahí fue cuando la vi.

Al principio pensé que era otra señora del panteón. Estaba parada detrás del árbol, asomándose apenas. Pero conforme la observé sentí que se me heló todo el cuerpo. Era mi abuelita.

Traía el vestido floreado que le gustaba usar cuando iba al mercado. Tenía el mismo peinado de siempre y estaba viendo exactamente hacia donde nosotros estábamos reunidos. No se veía transparente ni como sombra. Yo la veía igual que veía a cualquier otra persona.

Me quedé paralizado. Quise decirle a alguien pero sentía que si volteaba a otro lado ella iba a desaparecer. Entonces seguí viéndola.

Justo en ese momento comenzaron a bajar el féretro a la tumba. Mi familia estaba llorando y todos tenían la vista puesta en el entierro. Yo era el único mirando hacia el árbol.

Mi abuelita tenía una expresión tranquila. No sonreía ni hacía señas. Solamente observaba. Cuando el ataúd terminó de bajar, ella inclinó un poco la cabeza como si estuviera viendo por última vez a todos los que habían ido.

Después dio un paso hacia atrás.

Y otro.

Hasta que el tronco del árbol la cubrió por completo.

Yo corrí hacia donde estaba porque pensé que quizá era una señora que se parecía muchísimo. Llegué en cuestión de segundos, pero ya no había nadie. Detrás del árbol no había tumbas recientes, ni caminos, ni personas pasando. Era imposible que alguien hubiera salido tan rápido sin que yo lo viera.

Nunca le conté a nadie durante muchos años porque pensé que me iban a decir que estaba confundido por la tristeza. Pero hasta la fecha recuerdo perfectamente la ropa que llevaba puesta y la forma en que estaba observando desde lejos.

A veces pienso que mi abuelita fue a despedirse de nosotros. O quizá quería asegurarse de que todos estuviéramos ahí acompañándola antes de irse definitivamente.

Mi abuelo les hablaba a los gatos y ellos le entendían.Mi abuelo vivía en un ranchito y siempre fue conocido por una cos...
01/06/2026

Mi abuelo les hablaba a los gatos y ellos le entendían.

Mi abuelo vivía en un ranchito y siempre fue conocido por una cosa muy rara. Tenía gatos por todos lados. No estoy hablando de tres o cuatro gatos, a veces llegaba a tener más de veinte entre los de la casa y los que venían de otras partes. Lo curioso es que ni siquiera tenía que buscarlos. Los gatos aparecían solos. Algunos eran de vecinos, otros callejeros y otros quién sabe de dónde llegaban. Parecía que todos sabían dónde vivía mi abuelo.

Desde que yo estaba chico me llamaba la atención verlo sentado en una silla bajo la sombra de un árbol platicando con ellos. No les hablaba como quien le habla a una mascota. Les hablaba como si fueran personas. Les contaba cómo le había ido en el día, se quejaba de las lluvias, de las cosechas o de los vecinos. Nosotros pensábamos que simplemente era una costumbre de gente mayor y por respeto nunca le decíamos nada.

Lo raro era que los gatos parecían ponerle atención. Cuando mi abuelo hablaba todos se acomodaban alrededor de él. Algunos se sentaban, otros se acostaban y varios se le quedaban viendo fijamente. Parecía una reunión. Incluso cuando llegaba alguien de visita, los animales seguían atentos a lo que decía mi abuelo.

La primera vez que me sacó de onda fue una mañana que estábamos guardando costales de maíz. Unas ratas habían estado rompiendo los costales durante la noche. Mi abuelo salió al patio, silbó y les dijo a los gatos algo como: "A ver muchachos, hoy necesito que cuiden la bodega porque me están haciendo un desastre". Lo dijo como si nada.

Al día siguiente fuimos a abrir la bodega y había varias ratas acomodadas afuera de la puerta. No una ni dos, eran varias. Mi abuelo nomás sonrió y les dio de comer a los gatos. Yo pensé que había sido coincidencia.

Pero luego pasaron más cosas. Si una gallina se salía del terreno, mi abuelo les decía a los gatos que fueran a buscarla. Al rato varios aparecían caminando detrás de la gallina hasta regresarla cerca de la casa. Si se metía algún animal extraño al patio, los gatos parecían organizarse solos y todos iban hacia el mismo lugar. Era como si entendieran perfectamente lo que les estaba pidiendo.

Lo que más recuerdo fue una tarde que desapareció una bolsa de herramientas pequeñas. Mi abuelo estuvo buscándola un rato y después les dijo a los gatos que le ayudaran porque no encontraba dónde la había dejado. Nosotros nos reímos. Como una hora después uno de los gatos empezó a maullar junto a un montón de hierba alta detrás del corral. Ahí estaba la bolsa.

Ya de grande sigo sin tener explicación para muchas de esas cosas. Mi abuelo nunca dijo que tuviera algún don ni nada parecido. Él aseguraba que los animales entienden mucho más de lo que creemos y que la mayoría de la gente simplemente no sabe escucharlos.

Cuando él se nos fue, los gatos siguieron llegando a la casa durante varios meses. Algunos se quedaban sentados cerca de su silla vacía como esperando que saliera otra vez a platicar con ellos. Hasta la fecha en el pueblo todavía hay gente que se acuerda de él como el señor que hablaba con los gatos y que los gatos le hacían caso.

Compré un colchón que traía brujería adentro.Hace unos años pasó una camioneta de esas que andan anunciando colchones po...
01/06/2026

Compré un colchón que traía brujería adentro.

Hace unos años pasó una camioneta de esas que andan anunciando colchones por las calles con bocina. Justamente me había caído un dinerito extra de un trabajo que hicimos mi marido y yo, así que aprovechamos para cambiar el colchón. El señor nos lo dejó un poco más barato que en las tiendas y como se veía nuevo no le pensamos mucho. Se lo pusimos a nuestra cama y nuestro colchón anterior se lo dejamos a mis hijos porque todavía estaba en buenas condiciones.

A los pocos días comenzaron a pasar cosas raras en el cuarto. Se fundían los focos muy seguido y siempre era el del mismo cuarto. Mi marido revisó cables, cambió focos, cambió el socket y hasta revisó la pastilla de la luz porque pensó que era un problema eléctrico, pero seguían reventándose. También teníamos un crucifijo colgado en una pared. Varias mañanas amanecía tirado en el piso. Lo raro era que no se caía el crucifijo, se desprendía completo el clavo. Mi marido volvía a poner otro y al poco tiempo aparecía otra vez en el suelo.

Yo era la que más tiempo pasaba sola en la casa porque mis hijos estaban en la escuela y mi marido trabajando. Varias veces sentí como si alguien me observara desde la puerta del cuarto. No veía nada, pero me daba esa sensación incómoda de que no estaba sola. Incluso dejé de entrar al cuarto durante el día si no era necesario porque me ponía nerviosa sin saber por qué.

La cosa llegó al punto más raro una mañana. Estaba haciendo el quehacer cuando comenzó a sentirse un olor muy fuerte. No era drenaje ni comida echada a perder. Era un olor difícil de describir, como humedad mezclada con algo podrido. Me puse a buscar por toda la casa pensando que algún animal se había metido o que algo se había descompuesto. El olor me fue llevando hasta el cuarto y después hasta el colchón nuevo.

Me ganó la curiosidad y comencé a revisar. Cuando abrí una parte de la tela me encontré un cochinero que todavía me da cosa recordar. Había montones de cabellos, listones amarrados, papeles doblados con cosas escritas, pañales viejos y restos de cosas que parecían haber estado ahí mucho tiempo. También vi unas cabezas de pollo completamente secas y pegadas entre el relleno. Cerré aquello inmediatamente porque me dio un asco tremendo.

Cuando llegó mi marido lo abrimos más entre los dos y confirmamos que todo estaba metido dentro del colchón. Lo sacamos de la casa ese mismo día. Entre los dos lo cargamos hasta la calle y pagamos para que se lo llevaran. Después rocié agua bendita por toda la casa, especialmente en el cuarto, y durante varios días leí el Salmo 91 porque ya no me sentía tranquila.

Lo más curioso es que después de sacar ese colchón no volvió a fundirse ningún foco y el crucifijo sigue colgado en el mismo lugar hasta la fecha. Cada quien creerá lo que quiera, pero desde entonces jamás he vuelto a comprar nada de esas camionetas que venden cosas por la calle.

Vi una persona de casi 3 metros en la escuela donde trabajo.Sé que mucha gente no me va a creer, pero tampoco gano nada ...
01/06/2026

Vi una persona de casi 3 metros en la escuela donde trabajo.

Sé que mucha gente no me va a creer, pero tampoco gano nada inventando esto. Trabajo de velador en una secundaria rural que está pegada a la sierra. De un lado están los salones y las canchas, pero atrás ya prácticamente empieza el monte. Hay árboles de aguacate muy altos, algunas palmas de coco y puro cerro hacia donde alcance la vista.

Una noche me tocó hacer el recorrido como siempre. Eran como las 2 de la mañana y todo estaba tranquilo. Yo iba caminando por la parte de atrás de los salones cuando escuché pasos. No eran pasos rápidos ni de alguien corriendo. Eran lentos, pesados, como si alguien caminara sin ninguna prisa. Lo primero que pensé fue que se había metido alguien a robar porque luego se brincan por la parte del monte.

Apagué mi lámpara para acercarme sin hacer ruido y me fui pegando a la pared de los salones. Cuando llegué a una esquina me asomé y vi algo que hasta la fecha me cuesta trabajo explicar. A unos 60 o 70 metros había una silueta caminando entre los árboles.

Al principio pensé que era una persona normal, pero conforme la seguí viendo me di cuenta de que algo no cuadraba. Se veía demasiado alta. No me refiero a alguien de dos metros, hablo de algo muchísimo más grande. Yo la comparaba con los árboles cercanos y calculo que fácilmente medía cerca de tres metros.

Lo que me terminó de sacar de onda fue lo que hizo después. Se acercó a uno de los aguacateros más altos que tenemos por ahí. Esos árboles normalmente requieren escalera para alcanzar las ramas de arriba. Esa cosa simplemente levantó el brazo y tomó varios aguacates como si estuvieran a la altura de su cara. Después caminó hacia una palma y volvió a hacer lo mismo con unos cocos.

Yo estaba escondido viendo todo sin moverme. Ni siquiera sentía miedo todavía, más bien estaba confundido tratando de entender qué estaba viendo. La figura nunca corrió ni se apresuró. Caminaba despacio, con pasos largos. De vez en cuando se detenía y parecía observar hacia la sierra.

Lo más raro fue que nunca pude distinguirle la cara. Había suficiente luz de luna para ver el cuerpo y la altura, pero el rostro se veía oscuro todo el tiempo. Como si la sombra nunca se le quitara de encima.

Después de agarrar los frutos, comenzó a caminar hacia el monte. Yo pensé en seguirlo unos metros para ver quién era, pero cuando vi que se iba internando entre los árboles me entró un miedo que no puedo explicar. Me quedé donde estaba hasta que desapareció entre la vegetación.

Al día siguiente fui a revisar el lugar pensando que quizá había imaginado cosas. Encontré ramas recién dobladas, varios aguacates tirados y algunas hojas de palma en el suelo. Les conté a otros trabajadores y se burlaron de mí. Uno me dijo que seguramente vi un ladrón, otro que andaba soñando despierto.

Puede ser que tengan razón y que exista alguna explicación. Lo único que sé es que llevo años trabajando de noche y sé perfectamente cómo se ve una persona normal a la distancia. Lo que vi aquella madrugada era demasiado alto, demasiado tranquilo y parecía conocer perfectamente el camino de regreso hacia la sierra.

Dicen que los tamales de mi vecina escondían un secreto.Esto pasó hace muchos años en una colonia donde vivíamos antes. ...
01/06/2026

Dicen que los tamales de mi vecina escondían un secreto.

Esto pasó hace muchos años en una colonia donde vivíamos antes. Yo era joven pero todavía me acuerdo porque durante meses fue el único tema de conversación en toda la cuadra.

Había una pareja que siempre daba de qué hablar. El señor tenía fama de andar de ojo alegre y seguido se escuchaban discusiones en su casa. No les voy a mentir, más de una vez los vecinos alcanzamos a oír gritos desde la calle. La señora era tranquila, casi no convivía con nadie, pero poco a poco se fue volviendo más seria y más aislada.

Un día el señor simplemente dejó de verse por la colonia. Al principio nadie le tomó importancia porque era de esos que podían desaparecer varios días y luego regresar como si nada. Cuando preguntaban por él, la señora decía que había salido por trabajo o que andaba arreglando unos asuntos.

En ese tiempo era diciembre y como todos los años se organizó una posada y varios vecinos llevaron comida. La señora apareció con una vaporera enorme de tamales. Mucha gente comió porque según ella había estado cocinando desde la madrugada.

Al día siguiente comenzaron los chismes. Algunas personas decían que les había caído pesada la comida, otras aseguraban que los tamales tenían un sabor extraño. Ya saben cómo es la gente cuando empieza a inventar historias. Lo que sí llamó la atención fue que el marido seguía sin aparecer y nadie sabía nada de él.

Pasaron varias semanas y el rumor creció tanto que terminó llegando a las autoridades. Empezaron a investigar la desaparición del señor porque ya era demasiado tiempo sin que nadie lo hubiera visto. Mientras más preguntaban, más versiones salían entre los vecinos.

Recuerdo que la historia que más se contaba era que la señora se había cansado de tantos problemas y que en aquella posada había hecho algo terrible. La gente lo decía en voz baja, como si les diera miedo repetirlo. Algunos juraban que por eso los tamales tenían un sabor raro. Otros decían que eran puras habladurías de barrio.

Al final nunca supe qué fue verdad y qué fue invento. Lo único cierto es que el señor jamás volvió a aparecer por la colonia y que la señora se mudó pocos meses después. Hasta la fecha, cuando alguien menciona aquella posada, siempre sale alguien que dice: "¿Te acuerdas de los tamales de esa señora?"

Y aunque han pasado muchos años, todavía hay vecinos que aseguran que saben exactamente qué fue lo que ocurrió en realidad.

El muchachito del lavadero de mi abuela.Cuando yo estaba chico vivíamos pegados a la casa de mi abuelita. Eran dos casas...
01/06/2026

El muchachito del lavadero de mi abuela.

Cuando yo estaba chico vivíamos pegados a la casa de mi abuelita. Eran dos casas separadas pero compartíamos un patio trasero enorme donde había árboles, gallinas, montones de cosas viejas y el lavadero de cemento donde mi abuela lavaba la ropa desde antes de que yo naciera. Como las casas estaban juntas, desde la ventana de mi cuarto se alcanzaba a ver perfectamente el lavadero aunque estuviera de noche.

La primera vez que vi al muchachito pensé que era algún hijo de los vecinos que se había metido al patio. Eran como las 11 de la noche y yo estaba despierto viendo televisión bajito para que no me regañaran. Cuando volteé hacia la ventana vi a un niño parado junto al lavadero. Se veía quieto, nomás mirando hacia la casa de mi abuela. Traía ropa rara, como de antes, pantalón oscuro, camisa clara y unos tirantes. Me saqué de onda porque a esa hora nadie tenía nada que hacer ahí afuera. Fui por mi mamá para enseñárselo pero cuando regresamos ya no había nadie.

Pensé que había imaginado cosas hasta que semanas después mi primo se quedó a dormir en la casa. Ya estábamos acostados cuando me dijo "Oye, ¿quién es ese niño que está afuera?". Sentí el estómago hasta abajo porque era exactamente el mismo lugar. Nos asomamos y ahí estaba otra vez, junto al lavadero. Mi primo incluso le hizo señas pensando que era alguien conocido, pero el muchachito ni se movió. Cuando fuimos por mi tío para que lo viera, el niño ya no estaba.

Lo más raro fue que después más personas comenzaron a verlo. Un tío que llegaba tarde de trabajar juró que lo encontró parado junto al lavadero una noche. Mi abuela decía que también alcanzaba a verlo algunas veces desde la cocina cuando se levantaba por agua. Siempre era igual. Nunca caminaba, nunca hablaba y nunca aparecía de día. Solamente estaba ahí parado junto al lavadero viendo hacia la casa.

Pasaron años así hasta que mi abuelo decidió tumbar el lavadero porque quería hacer uno más grande. Decía que ya estaba viejo y agrietado. Entre varios comenzaron a romper el cemento con herramientas. Yo estaba ayudando a sacar escombro cuando escuché que mi abuelo gritó que se detuvieran. Debajo de una de las bases encontraron unos huesitos pequeños enterrados entre la tierra y las piedras.

Al principio pensaron que eran de algún animal, pero una persona del pueblo que sabía de esas cosas dijo que parecían restos humanos muy antiguos, de alguien joven. Mi abuelo decidió que no quería seguir moviendo nada y mandó que les dieran sepultura en el panteón del pueblo para evitar problemas.

Lo que sí les puedo decir es que después de sacar aquellos huesitos, nadie volvió a ver al muchachito. Ni yo, ni mi primo, ni mi tío, ni mi abuela. El patio siguió igual, las casas siguieron ahí, pero el niño desapareció para siempre. A veces me pregunto si aquellos huesos eran realmente de él y si lo único que quería era que alguien lo encontrara después de tantos años esperando junto a ese viejo lavadero.

Escuché a mi perro hablando cuando estaba solo.Yo tenía un perro mestizo de esos que encuentras en cualquier colonia de ...
01/06/2026

Escuché a mi perro hablando cuando estaba solo.

Yo tenía un perro mestizo de esos que encuentras en cualquier colonia de México, color café, gordito y bien simpático. Mis papás lo recogieron ya grande de la calle porque andaba rondando por la cuadra desde hacía semanas. Al principio batallamos mucho con él porque estaba acostumbrado a hacer lo que quería, se salía, se robaba comida y no entendía horarios. Con el tiempo se fue adaptando y terminó siendo parte de la familia. Como todos trabajábamos o estudiábamos, en las mañanas normalmente se quedaba solo unas horas en la casa mientras regresábamos.

Una vez yo ya iba para la secundaria cuando me acordé que había olvidado una cartulina para una exposición. Me regresé corriendo porque si no me iban a bajar puntos. El problema era que yo no tenía llave, porque siempre que llegaba ya estaba mi mamá en la casa. Entonces me fui por la parte trasera, me brinqué la barda del patio y entré por la puerta de la cocina que se quedaba abierta para que el perro pudiera salir al patio a hacer sus necesidades.

Lo raro empezó porque apenas puse un pie dentro escuché una risa. No una risa de niño ni de mujer, era como la risa grave de un señor. Me quedé congelado porque la casa debía estar completamente vacía. Después de eso escuché algo todavía más extraño. Era como cuando alguien está platicando en otro cuarto y alcanzas a escuchar la voz pero no distingues las palabras. Se oía clarito que alguien estaba hablando, incluso parecía que respondía de vez en cuando como si estuviera teniendo una conversación.

Yo pensé que quizá algún ladrón se había metido o que mi hermano se había regresado por algo. Traté de no hacer ruido y fui siguiendo el sonido. Venía del cuarto de mi hermano. Mientras me acercaba seguía escuchando esa voz grave hablando despacito. Cuando llegué a la puerta la abrí de golpe para sorprender a quien estuviera adentro.

En ese mismo instante escuché las uñas de mi perro raspando el piso y volteando de golpe. El cuarto estaba vacío. No había nadie escondido, no había televisión prendida, no había radio, ni celular reproduciendo nada. Solamente estaba mi perro parado junto a la cama viéndome fijo. Lo más raro fue que la voz se detuvo exactamente cuando abrí la puerta.

Agarré mi cartulina y me fui sin decir nada. Todo el día estuve pensando en eso. Después comencé a fijarme más en él. Varias veces me tocó verlo sentado solo en un cuarto mirando hacia una esquina como si estuviera esperando a alguien. Otras veces parecía que se quedaba escuchando cosas que nosotros no podíamos oír. Yo nunca volví a escuchar aquellas voces, pero tampoco encontré una explicación lógica para lo que pasó ese día.

Años después se escapó durante una tormenta y nunca lo volvimos a encontrar. Mis papás siempre dijeron que seguramente alguien se lo llevó porque era muy noble. Yo quiero creer eso también. Pero la verdad es que después de aquella mañana ya nunca volví a verlo igual. A veces cuando me acuerdo de él, me viene a la mente la forma en que me miró cuando abrí aquella puerta, como si lo hubiera sorprendido haciendo algo que no quería que nadie descubriera.

Teníamos a Jesús, La Morenita, San Judas y La Santa en el mismo altar.Cuando me fui a vivir con mi mamá y mi abuelita re...
01/06/2026

Teníamos a Jesús, La Morenita, San Judas y La Santa en el mismo altar.

Cuando me fui a vivir con mi mamá y mi abuelita rentamos una casa entre las tres. Mi abuela tenía desde hacía años una figura de Jesús que cuidaba muchísimo, mi mamá era muy devota de San Judas y yo desde joven le tenía mucha fe a la Santa. También teníamos una imagen de La Morenita porque en mi familia siempre le han tenido mucha devoción. Como la casa no era muy grande, se nos hizo fácil poner todo junto en una misma repisa en la sala. Mi abuela no estuvo muy de acuerdo cuando puse a la Santa ahí, decía que cada quien debía tener su espacio para rezar, pero como yo era la que pagaba la renta al final se resignó y nomás me dijo que luego no me anduviera quejando.

Al principio todo normal, cada quien prendía sus veladoras y hacía sus oraciones. Lo raro comenzó como al mes. A veces le prendíamos una veladora a Jesús y era la única que se apagaba. Otro día la de San Judas amanecía apagada mientras todas las demás seguían encendidas. Después comenzó a pasar al revés. Incluso varias veces escuchábamos golpecitos en la sala ya entrada la noche. No fuertes, más bien como si alguien acomodara cosas o moviera las figuras. Mi mamá pensaba que eran los gatos de los vecinos que se subían al techo, pero los ruidos se escuchaban adentro. Yo empecé a bromear diciendo que las imágenes parecían estar celosas unas de otras porque nunca se apagaban todas las veladoras, siempre era una sola.

Con el tiempo comenzaron detalles más raros. Había flores que dejábamos para una figura y aparecían tiradas enfrente de otra. Una vez encontré el rosario de mi mamá debajo de la imagen de la Santa cuando yo sabía perfectamente que estaba colgado junto a San Judas. Mi abuela cada vez estaba más convencida de que no era buena idea tenerlas juntas. Ella decía que nosotros les pedíamos cosas diferentes y que al final se hacía un enredo porque todas las oraciones iban al mismo lugar. Yo me reía porque pensaba que exageraba.

Hasta que una tarde pasó algo que ya no tuvo explicación fácil. La repisa donde estaban todas las figuras se vino abajo completa. No era una tabla vieja ni mal puesta. Mi hermano me había ayudado a instalarla con tornillos de unas tres pulgadas para carga pesada, metidos directo en la pared. Cuando cayó se quebraron varias veladoras, se rompieron vasos con agua y algunas figuras terminaron en el suelo. Lo raro fue que los tornillos seguían metidos en la pared. No se arrancaron. Parecía como si la repisa simplemente hubiera decidido vencerse.

Mi abuela cuando vio todo tirado nomás dijo "Ya ves, te dije que no los juntaras". Ese mismo día cada quien agarró lo suyo. Jesús se fue al cuarto de mi abuela, San Judas al de mi mamá y yo acomodé a la Santa en el mío. Desde entonces dejaron de escucharse ruidos, las veladoras ya no se apagaban solas y nunca volvió a caerse nada. A lo mejor fue pura casualidad, pero en mi casa todos terminamos más tranquilos cuando cada quien tuvo su altar por separado.

Mi tío se quedó con un dinero que encontramos enterrado.Cuando estaba chamaco mi abuelo me mandaba mucho con uno de mis ...
01/06/2026

Mi tío se quedó con un dinero que encontramos enterrado.

Cuando estaba chamaco mi abuelo me mandaba mucho con uno de mis tíos a trabajar las tierras para que aprendiera el oficio. Nosotros sembrábamos principalmente maíz y frijol y de vez en cuando tocaba reparar cercas porque las lluvias o los animales las tiraban. Me acuerdo que una temporada andábamos marcando otra vez los límites porque el vecino decía que cierta parte del terreno era de él y mi abuelo quería dejar todo bien acomodado. Mi trabajo era abrir hoyos para los postes mientras mi tío iba atrás colocándolos.

En uno de esos hoyos sentí que la barreta pegó con algo raro. No sonó como piedra ni como raíz. Le volví a pegar y escuché como si hubiera roto una maceta o algo hueco. Me puse a escarbar con las manos y salió una tela oscura toda podrida. Sin querer la rasgué y comenzaron a rodar varias monedas. Había unas amarillas y otras plateadas. Yo me emocioné muchísimo porque nunca había visto tantas juntas y le grité a mi tío para que fuera. Cuando llegó se quedó viendo el agujero sin decir nada unos segundos. Luego se metió rápido, sacó toda la bolsa y la escondió debajo de una chamarra que traía. Me dijo que seguramente eran monedas viejas sin valor y que mejor siguiéramos trabajando.

Yo estaba morro y le creí. Lo raro fue que cuando llegamos al pueblo me pidió que no le dijera nada a mi abuelo porque él iba a investigar primero qué eran. Pasaron las semanas y el tema nunca volvió a salir. Después comenzó a aparecer con cosas nuevas. Primero una camioneta que según él había comprado barata. Luego compró un terreno. Después empezó a levantar una casa mucho mejor que la que tenía. Mi abuelo varias veces le preguntó de dónde estaba sacando dinero y él siempre cambiaba la conversación o salía con que había hecho buenos negocios.

Como al año comenzó a ponerse raro. Mi tía decía que casi no dormía porque se levantaba en la madrugada a revisar el patio. Juraba que había gente caminando alrededor de la casa. Otras veces decía que escuchaba que escarbaban junto a las paredes. Empezó a desconfiar de todos, incluso de la misma familia. Si alguien llegaba de visita se asomaba por las ventanas para vigilarlo. Varias veces dijo que había cometido un error al sacar algo que no era suyo, pero nunca quiso explicar a qué se refería.

La última vez que lo vi estaba muy flaco y hablaba solo. Salió una mañana en la camioneta y jamás regresó. Días después encontraron el vehículo abandonado cerca de unos cerros pero de él nunca volvieron a saber nada. Mi abuelo siempre decía que algunas cosas duran enterradas tantos años porque pertenecen al lugar donde están y que uno no debe agarrarlas nomás porque sí. Yo no sé si creer eso, pero el dinero lo encontré yo, mi tío se quedó con todo y fue el único de la familia que terminó perdiéndolo todo también.

Correteamos a una bruja en el monte.Yo iba en la prepa en ese entonces y estudiaba en un CBTa que es un bachiller para A...
01/06/2026

Correteamos a una bruja en el monte.
Yo iba en la prepa en ese entonces y estudiaba en un CBTa que es un bachiller para Agropecuarios, te enseñan cosas del campo y animales.

La mayoría de mis amigos éramos bien valemadristas, nos salimos de las clases y nos íbamos de parranda por ahí cerca ya que la escuela estaba pegada a un monte.

Esa vez era fin del semestre y nosotros íbamos a reprobar si no terminábamos un proyecto de unas compostas. Como la escuela estaba en el pueblo todos fuimos a la casa y regresamos ya en la tarde a juntarnos otra vez para seguir haciendo la composta que teníamos ahí en la escuela cerca del lado del monte.
Andábamos en el cotorreo y uno de mis compañeros fue a orinar a un árbol de por ahí y cuando volvió nos dijo "Oigan se me hace como que anda alguien ahí en el monte". Nos dijo que le comenzaron a hablar por su nombre y que pensó que éramos nosotros pero después volteó y nos vio a todos y a él le estaban hablando del otro lado.

Fuimos a ver que onda porque mi compañero la neta si se veía asustado, no parecía que estuviera jugando.

Como a unos 100 metros vimos una señora parada que nos estaban haciendo señas obscenas, se veía ya grande y flaca como arrugada de todo el cuerpo y con ropa toda vieja o sucia. Pensamos que era una indigente y corrimos hacia ella diciéndole "Oiga váyase de aquí, no ande molestando".

La señora comenzó a correr también huyendo, pero en un momento como que se tropezó y se cayó donde había un montón de ramas, nosotros nos reímos pero justo después de donde se había caído saló un Tecolote desde ahí y se fue volando y haciendo ruidos. Nosotros nos acercamos a ver que onde con la señora, pero no estaba la señora, buscamos al rededor y nada, era imposible que se haya ido en campo abierto, la hubiéramos visto irse.

Uno de los compañeros dijo, oigan y que tal que era una bruja y se fue volando convertida en el tecolote. Wey nos dio miedo no se porque y nos regresamos todos corriendo a la escuela. El proyecto ese lo dejamos para el siguiente día.

Nunca supimos que rollo con la señora esa del monte pero yo siento que si era una bruja o nahual no sé, porque no pudo haberse desaparecido así de la nada.

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