22/03/2026
Deseos
¿Está mal sentir deseo?
Me lo pregunto a veces. Quiero creer que no; deseo que sea solo un impulso honesto del cuerpo por saciar su necesidad de afecto. O al menos eso intento pensar, porque no sabría describir con exactitud esto que me habita cuando la pienso.
Escribir es la única forma que encuentro para liberar este sentimiento, esta necesidad de confesarle que su cuerpo me llama, dulce e inevitable, como miel a un tejón. Me llama no solo por lo evidente, sino por la cercanía, por la confianza que hemos construido entre risas, tonterías y esa extraña complicidad de compartir la misma neurona.
Temo arruinar lo que hemos creado con esta confesión. Temo que mis palabras pesen más de lo que deberían. Pero callarlas me pesa aún más. Por eso le hablo desde este lugar vulnerable, donde el orgullo guarda silencio y solo queda la sinceridad.
No le ofrezco promesas eternas ni discursos adornados. Solo le ofrezco un momento. Un instante en el que el mundo deje de exigirnos certezas y nos permita simplemente sentir. Recorrer su piel como quien descubre un territorio prohibido pero anhelado. Sin posesión. Sin ataduras. Solo presencia.
Le pido discreción, no por vergüenza, sino por cuidado. Porque lo que siento no busca exhibirse, sino resguardarse en la confianza que le tengo. Si alguna vez la soledad le pesa en los hombros y necesita el calor de otro cuerpo que la abrace sin preguntas, sin juicios y sin exigir más que ese instante compartido… búsqueme.
No pretendo invadir su espacio ni forzar su voluntad. Solo me atrevo a decir que estoy aquí. Que mi deseo no busca dañarla, sino encontrarse con el suyo, si es que existe.
-Escritos del alma-