Crónica San Martín Toltepec.

Crónica San Martín Toltepec. Información de contacto, mapa y direcciones, formulario de contacto, horario de apertura, servicios, puntuaciones, fotos, videos y anuncios de Crónica San Martín Toltepec., Creador digital, San Martín Toltepec, Toluca Estado de, Toluca.

Nuestro patrón San Martín Caballero  de visita en Tecaxic por los festejos en honor a la Virgen de los Ángeles.
02/08/2026

Nuestro patrón San Martín Caballero de visita en Tecaxic por los festejos en honor a la Virgen de los Ángeles.




¿El apóstol Santiago sale a cuidar a su pueblo a altas horas de la noche?Texto cortesía de: Santiaguito Tlalcilalcalli “...
26/07/2026

¿El apóstol Santiago sale a cuidar a su pueblo a altas horas de la noche?
Texto cortesía de: Santiaguito Tlalcilalcalli

“Vi un elegante caballo con su dueño andando, caminando a altas horas de la noche y resplandecía como la luz del día y lo vi perder en el fondo del camino”.

Así, algunas personas de Santiaguito Tlalcilalcalli y comunidades aledañas describían a ese misterioso caballo tan majestuoso y su dueño verlo a altas horas de la noche.

Relatos de distintas personas aseguran ver y escuchar al señor Santiago apóstol salir de su templo, cuentan que antes de salir se solía escuchar un relincho y al instante las puertas del templo se abrían.

El hombre de aquel caballo tan majestuoso recorrían los caminos del Calvario, Tecaxic, La Palma, San Mateo, Las Cruces, San Martín y La Loma.

Se dice también que sale a encontrarse con San Martín Caballero, patrono de la comunidad de San Martín Toltepec y juntos se van montados en sus caballos hacia Tecaxic a visitar a la Virgen de los Ángeles y algunas veces al Cerrillo Piedras Blancas.

Publicación referente a Santiago Apóstol, vigía de Tlalcilalcalli, mostrando el arraigo y convivencia entre las comunidades cercanas.

La Llorona del Gran Árbol​En los dominios de don José María Monroy García, la tierra misma parecía guardar secretos inco...
14/07/2026

La Llorona del Gran Árbol

​En los dominios de don José María Monroy García, la tierra misma parecía guardar secretos inconfesables. Allí, donde el viento nocturno no susurraba, sino que gemía entre la maleza, se alzaba una aberración de la naturaleza: el Gran Árbol. Sus ramas, retorcidas y gruesas como los brazos de un gigante condenado, se arañaban contra el cielo negro, ocultando las estrellas. Pero no era su monstruoso tamaño lo que hacía que los lugareños se persignaran al mirarlo; era la presencia que habitaba en sus entrañas. El árbol no estaba vivo por su savia, sino por el alma en pena que lo reclamaba como su templo: la Llorona.
​Quienes se atrevían a cruzar por esos senderos cerca de la medianoche hablaban de una neblina densa y helada que brotaba de la corteza, arrastrando consigo un olor a tierra húmeda y olvido. De ese humo blanco emergía una silueta suspendida en el aire, vestida con jirones de una blancura sepulcral.

El silencio del campo no se rompía; se desgarraba. Un lamento agudo, inhumano y cargado de una agonía eterna de mi violenta desesperación, taladraba los oídos de los desafortunados: "¡Ay, mis hijos!" No era un grito lejano; quienes lo escucharon juraban que resonaba directamente dentro de sus cabezas, congelándoles la sangre y paralizándoles los músculos.
​La entidad acechaba con especial saña a los trasnochados que regresaban los sábados por la madrugada. Atraídos por una falsa sensación de seguridad tras la fiesta, los hombres sentían de pronto cómo el aire se volvía irrespirable y el peso de una mirada invisible los aplastaba. Algunos aseguraban haber visto que el follaje del árbol se movía sin que hubiera viento, como si las hojas susurraran el nombre de la próxima víctima. El miedo no solo se apoderó de San Martín Toltepec; se convirtió en una enfermedad que recluyó a todos tras sus puertas antes de que el sol se ocultara.

​El Fin de la Maldición... ¿O un simple letargo?
​Para fortuna de los habitantes, el horror encontró un final drástico. Un grupo de hombres armados de valor —y de hachas bendecidas— derribaron el coloso de madera. Cuentan que, al dar el último golpe, de la madera no brotó resina, sino un líquido denso y oscuro, acompañado por un suspiro ahogado que se extinguió en la tierra.
​Desde ese día, las apariciones cesaron y la paz regresó a la comunidad. Sin embargo, en las noches más frías, cuando el viento sopla con fuerza sobre el terreno donde alguna vez hundió sus raíces el titán, los viejos de San Martín Toltepec guardan silencio, temiendo que la criatura solo esté esperando a que una nueva semilla crezca para volver a reclamar sus lamentos.

Leyenda inspirada en el relato original de don Nicasio Almazán Domínguez, vecino de la comunidad de San Martín Toltepec.

Crónica San Martín Toltepec. Fortaleciendo el sentido de identidad y pertenencia.







Qué bella y melancólica estampa evocamos esta tarde. Esa Toluca de principios del siglo XX, con sus calles estrechas, su...
08/07/2026

Qué bella y melancólica estampa evocamos esta tarde. Esa Toluca de principios del siglo XX, con sus calles estrechas, sus techos de dos aguas y la silueta del imponente Xinantécatl siempre nevado en el horizonte, verdaderamente parecía sacada de un cuento de invierno permanente.

​El nombre de Gelidonia (que viene del latín gelidus, que significa "muy frío" o "helado") capta a la perfección la esencia de la capital mexiquense de aquella época. No es para menos: con una altitud que ronda los 2,660 metros sobre el nivel del mar y esa temperatura media histórica de 13°C —que en los meses más crudos de invierno dejaba heladas implacables y capas de escarcha que blanqueaban los campos de Cacalomacán y el centro por igual—, la ciudad se ganó a pulso su fama de refrigerador de la República.

​Para los escritores y cronistas de la época, la atmósfera de Toluca combinaba una solemnidad porfiriana con un clima europeo. El paisaje urbano estaba dominado por hermosas casas de estilo francés, pintorescos portales y el ir y venir de la gente abrigada con gruesos gabanes o rebozos, mientras el humo de las chimeneas de leña y carbón se elevaba buscando al eterno Xinantécatl.
​Hoy en día, aunque la urbanización y el cambio climático han elevado las temperaturas y modificado ese paisaje, el recuerdo de la "Gelidonia" romántica y fría sigue vivo en la memoria colectiva y en las viejas crónicas.

Ventana al pasado, despertando recuerdos. Fortaleciendo el sentido de identidad y pertenencia.








👍🏻La cita es mañana a partir de las 9:00 Aquí la información...👇🏻
08/07/2026

👍🏻La cita es mañana a partir de las 9:00
Aquí la información...👇🏻

Ejido de San Martín Toltepec.En agosto del año 1936, este ejido fue dotado de 162 hectáreas de la hacienda San Martín La...
07/06/2026

Ejido de San Martín Toltepec.

En agosto del año 1936, este ejido fue dotado de 162 hectáreas de la hacienda San Martín La Puerta, de Luz César Vda. de Pliego, de las cuales, 108 fueron de riego y 34 pastal cerril, también se tomaron de la hacienda San José Buenavista de Manuel Icaza y Cortina, 20 hectáreas para riego. Para regar las tierras, fue concedido el bordo llamado los Árboles.

La hacienda San Martín la Puerta tenía 1447.7 hectáreas y al haber sido afectada por la creación de ejidos de Almoloya de Juárez, San Francisco Calixtlahuaca, San Marcos Yachihuacantepec y San Martín Toltepec, se redujo su extensión de tal manera que solo quedaron 811.02 hectáreas.

Fuente: El reparto de tierras en el municipio de Toluca. Elvia Montes de Oca Navas.

📷 Hacienda de San Martín la Puerta, Carlos Serrano, 2020.

Crónica San Martín Toltepec.
Ventana al pasado, despertando recuerdos. Fortaleciendo el sentido de identidad y pertenencia.









 ¡Léelo si te atreves!EL COCHERO DEL PASO DE LAS CARRETAS​El Tesoro bajo las Raíces.​Los más ancianos de la comunidad no...
05/06/2026


¡Léelo si te atreves!

EL COCHERO DEL PASO DE LAS CARRETAS
​El Tesoro bajo las Raíces.

​Los más ancianos de la comunidad no hablaban del oro por codicia, sino por advertencia. Decían que los cientos de lingotes enterrados bajo el Paso de las Carretas estaban ma***tos, teñidos con la sangre de viajeros asaltados en el siglo XIX. El custodio de esa fortuna no era un simple fantasma; era el Cochero, una entidad condenada a patrullar desde la entrada de San Martín Toltepec hasta el Puente de la Luz en Tecaxic. Su misión era eterna: arrancar el alma de cualquiera que osara caminar bajo los soberbios gigantes de madera que flanqueaban el sendero oscuro.

​Carlos, a sus 18 años y con la mente puesta en la universidad, se burlaba de esas historias. Para él, la ciencia y la lógica explicaban el mundo. Los aparecidos eran solo cuentos de viejos para asustar a los niños. ​Pronto descubriría lo equivocado que estaba.

​Sucedió una noche de diciembre, en plena época de posadas. La fiesta se alargó tanto que la medianoche quedó atrás como un suspiro. Ante la falta de transporte, un amigo le ofreció un aventón en su auto, dejándolo en el cruce de Calixtlahuaca, justo en "El Paso". Su destino final era Santa Martha.

​La noche no era simplemente fría; era hostil. Una niebla densa y baja, que los lugareños llaman "helada negra", comenzó a lamerle los tobillos. Carlos descartó los caminos principales por temor a los autos o a los asaltantes vivos, y cometió el peor error de su vida: eligió el antiguo camino a Almoloya, el tramo donde el parador de carretas del siglo antepasado solía congregar a los arrieros. En ese entonces, el fraccionamiento Paseos no era más que un proyecto inexistente; solo había campo abierto, árboles colosales y oscuridad absoluta.

​Al adentrarse en la calzada de los gigantes, el ambiente cambió drásticamente. El ruido lejano de las fiestas se apagó de golpe, como si una campana de vacío hubiera caído sobre él. ​El silencio que siguió no era pacífico; era el silencio de una tumba.

​De pronto, la temperatura descendió a niveles insoportables. El vaho de la respiración de Carlos se congelaba casi al salir de sus labios. A lo lejos, un coro ma***to comenzó a resonar: un aullido unísono y desesperado de cientos de perros que se extendía desde Santiaguito Tlalcilalcali hasta San Martín Toltepec. Los animales no ladraban por rabia; lloraban de terror. ​Los árboles colosales a los lados del camino comenzaron a crujir con violencia, pero no había viento. Las ramas se retorcían como dedos esqueléticos.

​Fue entonces cuando lo vio venir en dirección contraria.
​No era solo un hombre con capa y sombrero. Era una figura desproporcionadamente alta, escuálida y flotante, cuyas extremidades parecían quebrarse con cada paso. A su lado, un perro enorme, de pelaje negro como el carbón y ojos que brillaban con un fuego amarillento y enfermo, caminaba sin hacer el menor ruido sobre la hojarasca.

​Carlos quiso correr, pero sus piernas se volvieron de plomo. El tiempo se estiró de forma macabra; cada segundo parecía una hora. Cuando la figura estuvo a un par de metros, Carlos pudo ver lo que había debajo del sombrero: no había rostro. Solo una sombra viviente y una mandíbula descarnada que se abrió para pronunciar unas palabras con una voz que combinaba el crujido de maderas viejas y el lamento de los agonizantes:

​—Buenas noches, joven... —susurró el ser, con un tono de burla tan gélido que caló hasta la médula de Carlos.
​Al pronunciar esto, un olor a azufre y tierra húmeda de panteón inundó el aire. Carlos sintió que la vida se le escapaba por los ojos; sus latidos se detuvieron por un instante eterno. ​El espectro continuó su marcha hacia Calixtlahuaca. Cuando la presión en el pecho de Carlos finalmente disminuyó, permitiéndole voltear, la calzada estaba completamente vacía. No había rastro del hombre, ni del perro, ni de pisadas en la tierra. Solo el eco moribundo de los aullidos en el centro de San Martín Toltepec confirmaba que la pesadilla había sido real.
​Carlos no caminó; voló con el alma en un hilo hasta Santa Martha.

Llegó con los labios morados, una fiebre que le duró tres días y mechones de cabello que se le tiñeron de blanco esa misma noche.
​El estudiante dejó de ser escéptico esa madrugada de diciembre. A partir de entonces, Carlos se convirtió en el hombre que jamás miraba las sombras del Paso de las Carretas, sabiendo que bajo las raíces de los gigantes, el Cochero sigue esperando a que alguien intente mirar lo que oculta la oscuridad.

Leyenda que inspira temor y respeto entre los habitantes de San Martín Toltepec, Tecaxic, santa Martha y alrededores.

Ventana al pasado, despertando recuerdos.
Crónica San Martín Toltepec. Fortaleciendo el sentido de identidad y pertenencia.







Tradición oral,  leyendas.Aparición de La llorona en San Martín Toltepec.Se dice que en el rancho de don José María Monr...
22/05/2026

Tradición oral, leyendas.

Aparición de La llorona en San Martín Toltepec.

Se dice que en el rancho de don José María Monroy García, existía un árbol que se transformaba y se convertía en la llorona, espectro que se aparecía a las personas que caminaban por el lugar entre las 21:00 y 23:00 horas, asustando a los pobres vecinos con el tradicional grito: “Ay, mis hijos”.

Esta alucinación se presentaba con mayor frecuencia los días sábado. Desde que este árbol fue talado y lo desaparecieron del lugar, jamás se volvió a aparecer el espanto que asustaba tanto a los moradores del lugar.

La leyenda de la llorona nos fue proporcionada por el señor don Nicasio Almazán Domínguez, quien es vecino de esta comunidad.

Relato extraído del libro “Monografía delegacional San Martín Toltepec” del autor Juan Manuel Reza González.

Ventana al pasado, despertando recuerdos.
Crónica San Martín Toltepec.
Fortaleciendo el sentido de identidad y pertenencia.







Panorámica del Xinantécatl, desde San Martín Toltepec . Eterno guardián de la ciudad, vestido de blanco.Crónica San Mart...
21/04/2026

Panorámica del Xinantécatl, desde San Martín Toltepec . Eterno guardián de la ciudad, vestido de blanco.

Crónica San Martín Toltepec.
Ventana al pasado, despertando recuerdos. Fortaleciendo el sentido de identidad y pertenencia.



04/04/2026

Jueves Santo en la comunidad de San Martín Toltepec.

Creditos del video: Fe Con Cooltura

Dirección

San Martín Toltepec, Toluca Estado De
Toluca
50285

Página web

Notificaciones

Sé el primero en enterarse y déjanos enviarle un correo electrónico cuando Crónica San Martín Toltepec. publique noticias y promociones. Su dirección de correo electrónico no se utilizará para ningún otro fin, y puede darse de baja en cualquier momento.

Atajos

Compartir

Categoría