07/08/2025
Gobierno sin Gabinete: ¿quién manda realmente en el Edomex?
En el Estado de México hay gobernadora, pero no hay gobierno. Delfina Gómez recorre calles, entrega apoyos, inaugura obras, toma selfies… pero el aparato institucional que debería sostener su gestión está, en gran parte, ausente, mudo o en ruinas. El gabinete, ese conjunto de secretarios que debería ejecutar, articular y conducir, es hoy un lastre político e institucional. Y lo más alarmante: su secretario general de Gobierno, Horacio Duarte, lejos de resolver, parece más interesado en construirse una figura paralela de poder que en respaldar a su jefa.
Mientras la gobernadora desgasta sus zapatos en giras interminables, su gabinete opera como un cascarón vacío. Hay excepciones —claro— pero son pocas. La maquinaria estatal más grande del país ha quedado reducida a un puñado de nombres que sí hacen su trabajo, y a una legión de funcionarios que ocupan sillas, sellan documentos… y desaparecen cuando se trata de dar la cara.
Duarte: ¿el secretario que quería ser gobernador?
Horacio Duarte ha sido presentado como el operador político del régimen. Pero más que operar, ha montado su propia campaña silenciosa de protagonismo, desplazando sutil (y a veces no tan sutilmente) a Delfina Gómez del centro de decisiones y reflectores. Su presencia es constante, su tono condescendiente, su narrativa personalista.
¿Dónde están sus resultados? ¿Dónde su capacidad real de cohesionar al gabinete? En lugar de convertirse en el escudo político de la gobernadora, Duarte parece más cómodo pavimentando su propia ruta al 2030. Eso no es liderazgo, es oportunismo. Y en un gobierno de por sí frágil, esa ambición solo entorpece.
Un gabinete que no gobierna
Cinco dependencias están en terapia intensiva. En Movilidad, Daniel Sibaja no ha logrado poner orden en un sistema colapsado. En Salud, Macarena Montoya brilla por su ausencia mientras los hospitales se deterioran. En Mujeres, Mónica Chávez dirige una política sin calle, sin enfoque y sin impacto. Desarrollo Urbano y Trabajo completan el desastre: lentitud, invisibilidad, burocracia sin sentido.
Estos no son errores menores: son fallas estructurales que afectan la vida de millones de mexiquenses. Si no ejecutan, no sirven. Y si no sirven, no deberían estar. Persistir con estos perfiles no es lealtad: es complicidad con el fracaso.
Delfina: gobernar no es solo caminar
La gobernadora tiene legitimidad social, pero eso no basta. Su imagen cercana y su tono amable no sustituyen una estrategia de gobierno. Gobernar no es solo estar, es decidir, exigir, remover cuando es necesario. Y hasta hoy, Delfina ha sido tolerante con la ineficacia, con la ausencia, con los silencios.
¿Dónde está el control de gestión? ¿Dónde el liderazgo que alinea, corrige y exige? No hay reingeniería institucional, ni objetivos de mediano plazo, ni indicadores claros. Hay giras, hay abrazos, pero no hay política pública sostenida.
¿Gobierno de uno… o gobierno de nadie?
Si Delfina no se decide a ejercer su poder y a ordenar su equipo, será consumida por el desgaste de un gobierno que no gobierna. Hoy por hoy, el régimen se sostiene en tres pilares: una imagen popular, unos cuantos funcionarios que sí trabajan, y una narrativa que ya empieza a sonar hueca.
Y mientras tanto, Horacio Duarte sigue construyendo su castillo de humo. Un gobierno fuerte no permite dobles vocerías, ni liderazgos paralelos, ni operadores que anteponen su ego al bien común. Si no hay corrección de rumbo, el Edomex terminará siendo gobernado por el silencio, la simulación… o por Duarte.
Conclusión: El tiempo se agota. La ciudadanía no votó por un gabinete decorativo, ni por una secretaria de giras permanentes. Votó por un cambio. Y hasta ahora, ese cambio está atrapado entre la tibieza, el ego y la ineficacia.