15/07/2026
Como una piedra que rueda hacia el despeñadero.
Sergio Rodríguez Lascano
Cuando me enteré de que Rosario Piedra iba a ser encargada de la Comisión Nacional de Derechos Humanos me hice a la idea de que no iba a hablar de nada de su gestión. ¿Los motivos?
a) La profunda, pero muy profunda amistad, que me unió a su madre Rosario Ibarra, la cual más allá de un final de desacuerdos se mantuvo intacta, por lo menos de mi parte.
b) La profunda amistad con Carlos, hijo de Rosario Ibarra, con el gordo, como cariñosamente le llamaba su mamá, compartí muchas cosas y siempre lo mire y lo trate como mi hermano.
c) La profunda amistad que tuve con Claudia, hija de Rosario Ibarra, y con sus dos hijos, Alexis e Io con los cuales viví, junto con mi hija Alex y su mamá Priscila, momentos de verdadera felicidad.
Nunca tuve ningún tipo de relación con Rosario Piedra, si hablé más de media hora con ella en todo el tiempo que traté al resto de su familia fue excesivo.
Si ahora escribo esto lo hago porque considero que rebasó una gruesa línea, la de la honestidad, al exonerar al ejército federal de su participación en la desaparición de nuestros hermanos estudiantes de la Normal Isidro Burgos de Ayotzinapa.
Un poco de Contexto:
Nuca me ha entusiasmado en lo más mínimo una Comisión Nacional de Derechos Humanos, formada por necesidad de lavar la cara de los diversos presidentes desde su invención. Creada por decreto presidencial en 1990 por Carlos Salinas de Gortari como parte de los intentos por borrar la imagen del fraude de 1988 y por exigencias puestas de antemano para firmar el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos de América y Canadá.
A ninguno de sus presidentes les importó un carajo los derechos humanos como una demanda de la sociedad civil, simplemente generaban la imagen de ser unos de los instrumentos de lo que algunos hablan como “transición a la democracia”, en la cual tampoco creo nada.
Entonces lo que hiciera Rosario Piedra no me generaba ninguna ilusión; si había sido puesta en esa tarea fue porque a Andrés Maniel López Obrador igual le interesaba crear una imagen impoluta (que mejor que la hija de una señora que fue la encarnación de la lucha no sólo por la presentación con vida de los desparecido-detenidos políticos sino que cuando fue candidata a la presidencia por el Partido Revolucionario de los Trabajadores, una gran parte de la misma se hizo visitando las cárceles de México, Rosario decía: si quieres saber cómo funciona la democracia de un país ve a una cárcel cualquiera y mira como sobrevive la gente, ósea hizo una gran parte de su campaña con gente que no podía votar), para violar y violentar los derechos de millones de personas y de la misma naturaleza (el tren maya, la refinería de dos bocas, el tren transístmico, el pacto con el crimen organizado que permitió la muerte decenas de miles de seres humanos, el huachicol, etc.).
Pero, ingenuo de mi, tenía la vana ilusión de que, sobre el tema de los desparecidos, por su historia personal, por lo que vivió su hermano, su mamá, su padre (brutalmente torturado) tendría algo de solidaridad o por lo menos guardaría un prudente silencio.
Y aquí reside el problema. Por qué tuvo que hacer ese abyecto documento. ¿Por qué exonerar al ejército? ¿Quién se le pidió o se le exigió? ¿A cambio de qué? ¿Cuánto vale vender la vida y memoria de su hermano?
A otro nivel quiero evidenciar que la base de existencia de la CNDH nunca se ha cumplido y quiera poner el ejemplo de esta declaración.
Supuestamente la misión de la CNDH es proteger los derechos humanos de la sociedad de las acciones del Estado. En ese sentido está obligada a proteger el derecho de las víctimas de las acciones del poder estatal.
En el documento elaborado por la CNDH sale en defensa de lo que ella ve, analiza y sorprendentemente descubre como víctimas: al ejército federal. De repente esta institución es convertida por un ilusionismo barato en víctima de la actividad criminal de la Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), el centro Pro de Derechos Humanos y claro, como sopla el viento, asumen una posición “antimperialista” (antimperialismo que hoy está encarnado en la defensa de Rocha Moya, realmente andamos a la baja en la cotización de “antimperialismo”) al denunciar que en el mismo complot estaban la ONU y la OEA y bueno hasta el tonto útil o inútil, según se vea y quien lo vea, de Alejandro Encinas.
Todos esos seres malignos actuaron contra unas indefensas fuerzas armadas que requieren que la CNDH y su presidenta salga lanza en ristre a enderezar entuertos, desfaciendo agravios (con el perdón de Cervantes).
Sí, las mismas fuerzas armadas que detuvieron y desaparecieron a su hermano; las mismas que organizaron los vuelos de la muerte; las mismas de las cuales salieron los capitanes que iban a formar la Dirección Federal de Seguridad, listos para implementar la guerra sucia; las mismas que asesoraron a los asesinos de Acteal, las mismas que llevaron a cabo la acción del Charco y Aguas Blancas, las mismas que mataron a los dos estudiantes del Tec de Monterrey, las mismas que en los últimos años han acumulado 160 recomendaciones formales de violaciones de derechos humanos por ejecuciones extrajudiciales, y desapariciones.
Las mismas que operaron en gran medida las acciones de la desaparición de los estudiantes de la normal Isidro Burgos de Ayotzinapa.
Con esta acción la CNDH actual rebasa por la derecha a lo que hicieron anteriores Comisiones, créanme que esa “gloria” era muy intricada de lograr.
La lucha por la presentación con vida de nuestros hermanos normalistas seguirá y no la detendrá un líbelo burocrático.
Si alguien en el poder o en el partido gobernante pensó que una declaración firmada por Rosario Piedra sería fundamental para aplacar los ánimos de rebeldía de los familiares de los 43 de Ayotzinapa, me parece que su visión de vida y de la historia es extremadamente limitada, demasiado chata y burda. Lo que atrás se cuela como razonamiento guía es que piensan que pueden hacer lo que quieran porque tienen un consenso social. Que pena, pero hay cosas más sólidas que ya se han desvanecido en el aire (con perdón de Carlos Marx).
Y, creo que no está demás terminar este breve texto reclamando la presentación con vida de Jesús Piedra Ibarra, secuestrado por el ejército federal, llevado al campo militar número 1, donde fue torturado y donde todavía alcanzo a morder en un brazo a uno de sus torturadores. Desaparecido desde el 19 de abril de 1975. Hijo de Rosario Ibarra de la Garza y de Jesús Piedra Rosales.