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08/09/2026

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A una semana de la tragedia, la vida de las mujeres de la periferia: capitalismo y patriarcado.¡Justicia para las mujere...
08/09/2026

A una semana de la tragedia, la vida de las mujeres de la periferia: capitalismo y patriarcado.

¡Justicia para las mujeres de la periferia! ¡Justicia para las mujeres trabajadoras del hogar y de cuidados! ¡Justicia para Aleyda Romero Victorio, la pequeña Sofía y Ana Paula Barragán!

Memoria

Aleyda Romero Victorio tenía 21 años, estudiaba la carrera de enfermería y era la hermana de en medio de tres mujeres en San Martín Cuautlalpan, un pueblo de la periferia de Chalco, Estado de México. En su entorno familiar y comunitario la llamaban cariñosamente “Alexis” y la recuerdan como una joven alegre, responsable y el orgullo de su hogar. Llevaba ap***s diez días trabajando en un departamento del fraccionamiento Grand Viure, en Zona Esmeralda, Atizapán de Zaragoza.

Reivindicar su memoria y llamarla por su nombre es un acto de dignidad humana. Puesto que el sistema suele medir el valor de las personas según su capital económico, recordar a Aleyda “Alexis” implica rescatar su condición de sujeto con historia, afectos y proyectos, alejándola de la fría cosificación que reduce a las personas de la clase trabajadora a meros insumos o roles utilitarios dentro de la estructura social.

A una semana del Multihomicidio en Atizapan
El 1 de septiembre de 2026, la violencia irrumpió en el inmueble de Atizapán de Zaragoza a raíz de una disputa económica. En el lugar fueron asesinados el músico Jonathan Meléndez (tecladista de Camilo Septimo), su esposa Ana Paula Barragán —quien gestaba un embarazo de cuatro meses—, la pequeña Sofia, hija del matrimonio, Aleyda Romero Victorio y Nala una perrita. El único sobreviviente fue el hijo mayor de la pareja, un niño de seis años, a quien Aleyda logró poner a salvo ordenándole que se resguardara en una habitación antes de intentar auxiliar a los demás.

Ante estos hechos, las autoridades de la Fiscalía General de Justicia del Estado de México ejecutaron operativos que derivaron en la detención de dos presuntos implicados, entre ellos el socio comercial de la familia, imputándoles los delitos de homicidio calificado (completo en Facebook)A una semana de la tragedia, la vida de las mujeres de la periferia: capitalismo y patriarcado.
¡Justicia para las mujeres de la periferia! ¡Justicia para las mujeres trabajadoras del hogar y de cuidados! ¡Justicia para Aleyda Romero Victorio, la pequeña Sofía y Ana Paula Barragán!

Memoria
Aleyda Romero Victorio tenía 21 años, estudiaba la carrera de enfermería y era la hermana de en medio de tres mujeres en San Martín Cuautlalpan, un pueblo de la periferia de Chalco, Estado de México. En su entorno familiar y comunitario la llamaban cariñosamente “Alexis” y la recuerdan como una joven alegre, responsable y el orgullo de su hogar. Llevaba ap***s diez días trabajando en un departamento del fraccionamiento Grand Viure, en Zona Esmeralda, Atizapán de Zaragoza.
Reivindicar su memoria y llamarla por su nombre es un acto de dignidad humana. Puesto que el sistema suele medir el valor de las personas según su capital económico, recordar a Aleyda “Alexis” implica rescatar su condición de sujeto con historia, afectos y proyectos, alejándola de la fría cosificación que reduce a las personas de la clase trabajadora a meros insumos o roles utilitarios dentro de la estructura social.

A una semana del Multihomicidio en Atizapan
El 1 de septiembre de 2026, la violencia irrumpió en el inmueble de Atizapán de Zaragoza a raíz de una disputa económica. En el lugar fueron asesinados el músico Jonathan Meléndez (tecladista de Camilo Septimo), su esposa Ana Paula Barragán —quien gestaba un embarazo de cuatro meses—, la pequeña Sofia, hija del matrimonio, Aleyda Romero Victorio y Nala una perrita. El único sobreviviente fue el hijo mayor de la pareja, un niño de seis años, a quien Aleyda logró poner a salvo ordenándole que se resguardara en una habitación antes de intentar auxiliar a los demás.

Ante estos hechos, las autoridades de la Fiscalía General de Justicia del Estado de México ejecutaron operativos que derivaron en la detención de dos presuntos implicados, entre ellos el socio comercial de la familia, imputándoles los delitos de homicidio calificado, interrupción del embarazo y maltrato animal. Sin embargo, la respuesta estatal no debe agotarse en la acción punitiva posterior al crimen; la recurrencia de hechos de violencia extrema en municipios como Atizapán —escenario también del caso de Andrés Filomeno Mendoza Celis, conocido mediáticamente como "El Caníbal de Atizapán", feminicida serial— evidencia la falta de garantías preventivas y de protección estructural para las mujeres en el Estado de México, donde las fronteras entre el lujo y la precariedad no detienen la violencia.

Sistema opresivo: Violencia patriarcal
El caso evidencia las múltiples facetas en que se manifiesta la violencia patriarcal y la forma en que se imbrica con la clase social. Por un lado, la agresión contra Ana Paula Barragán, el as*****to de su hija Sofía de tan solo tres años y la consecuente interrupción forzada de su embarazo constituyen una grave violación a la autonomía corporal, al derecho a la vida y a un proyecto de maternidad deseado. En el marco de conflictos económicos entre varones, los cuerpos de las mujeres son tratados históricamente como territorio de castigo, mercancía desechable o daño colateral. La interrupción forzada del embarazo de Ana Paula ilustra la crueldad de la cosificación de los cuerpos de las mujeres y el proyecto reproductivo que se anulan violentamente porque, dentro del ajuste de cuentas, el cuerpo gestante no es reconocido como un sujeto con derechos, sino como una posesión que se destruye para infligir el mayor daño posible al oponente.

Por otro lado, la situación de Aleyda expone la precarización y la vulnerabilidad a la que están sujetas las mujeres en el trabajo del hogar y de cuidados, un sector feminizado y desvalorizado. Aunque la acción de Aleyda al proteger al menor refleja una profunda ética del cuidado y la solidaridad humana, el análisis feminista advierte la romantización del sacrificio: una joven de 21 años no debía verse expuesta a morir en su lugar de trabajo. Las víctimas, desde distintas posiciones, fueron atravesadas por una lógica patriarcal y mercantil que despoja de valor a la vida.

Comunicación hegemónica

Tras la tragedia, la cobertura de los medios de comunicación masiva desplegó una abierta violencia simbólica. Mientras los reportes identificaban con nombre, apellido y trayectoria a la familia empleadora, a Aleyda la redujeron sistemáticamente en los titulares a etiquetas operativas como “la empleada doméstica”, “la nana” o “la niñera”.

Esta práctica de la comunicación hegemónica funciona como un dispositivo de poder que jerarquiza las vidas entre quiénes merecen ser nombradas y quiénes son invisibilizadas. Al despojar a Aleyda de su identidad en la narrativa pública, la prensa tradicional reproduce la disciplina de clase y la segregación social, tratando a las trabajadoras como personajes accesorios en sus propias tragedias. Cuestionar y transformar este tratamiento informativo es un paso indispensable para exigir una justicia integral que contemple la verdad, la memoria y el respeto a la dignidad de todas las víctimas.

A la par el discurso mediático se llenaba de adjetivos sobre la "he***na de Atizapán", en la realidad material, la familia de Aleyda Romero tuvo que recurrir a la solidaridad comunitaria y solicitar apoyo económico para poder costear los gastos funerarios y darle un sepulcro digno. Este hecho dilucida la desprotección laboral y el extractivismo de clase bajo el capitalismo: Aleyda cuidaba la vida y el patrimonio ajeno en un entorno de alto poder adquisitivo, pero ni su empleo de diez días ni el Estado le garantizaron una seguridad social ni una red de protección básica que cubriera a su familia ante esta tragedia.

El capitalismo despoja a las mujeres trabajadoras de su tiempo y fuerza de trabajo en vida, el costo de la muerte y del duelo recae íntegramente sobre las espaldas de sus familiares. Pedir ayuda para enterrar a "Alexis" no fue solo una muestra de necesidad económica, sino una denuncia implícita contra un sistema que privatiza las ganancias del trabajo de cuidados y socializa la miseria, el dolor y la precariedad.

Nuestra consigna es y seguirá siendo ¡justicia!: una que no se agota en las p***s a los multihomicidas, sino que se construye nombrando las violencias por su nombre, señalando cómo el capitalismo y el patriarcado amenazan constantemente la vida de las mujeres, y garantizando la existencia plena y digna de las mujeres y trabajadoras de las periferias frente a la barbarie patriarcal y de clase.

✒️ Ili Covi

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