18/08/2026
Cuando me dieron el diagnóstico de mi hija, sentí que algo dentro de mí murió. No sé cómo explicar ese momento, porque hay dolores que no se pueden contar, solo sentir.
Me sentí mu**ta en vida. Respiraba, hablaba y seguía de pie, pero por dentro estaba completamente rota. Sentí miedo, impotencia, tristeza y una desesperación que jamás había conocido.
Nadie te enseña cómo recibir una noticia que cambia tu mundo de un segundo a otro. Nadie te dice cómo seguir siendo fuerte cuando lo único que quieres es llorar, gritar y preguntar por qué a tu hija.
Ese día cambió mi vida. Y aunque sigo aquí, aprendiendo a vivir con una realidad que jamás imaginé, hay una parte de mí que se quedó en aquel momento en que escuché el diagnóstico.
Porque cuando se trata de un hijo, el dolor no se siente en el corazón… se siente hasta en el alma.