21/05/2026
Por:
/ Sello: Sub Pop / Año: 2018
Durante más de una década, escuchar a Beach House implicó aceptar un pacto de inmutabilidad sónica. Su fórmula era tan infalible que corría el riesgo de convertirse en su propia jaula. Pero en 7, el dúo no solo abre las ventanas de su santuario: le prende fuego.
El cambio es físico e inmediato. El arranque de "Dark Spring" nos recibe con un estruendo de batería y fuzz que evoca directamente el inicio de "Only Shallow" de My Bloody Valentine. Co-producido junto a Sonic Boom (Spacemen 3), el álbum cambia la calidez diáfana de Depression Cherry (2015) por la psicodelia pesada, el darkwave y el peso industrial del espacio negativo.
Aquí, la repetición ya no es un bálsamo hipnótico, sino una fuerza claustrofóbica:
"Lemon Glow" se arrastra sobre un sintetizador rugoso que gotea una se*******ad tóxica.
"Black Car" se erige como el centro de gravedad del disco; un viaje nocturno guiado por un arpegio frío y matemático.
"Drunk in LA" se entrega a una aceptación casi extática de la decadencia ("La memoria es una carne sagrada que se seca todo el tiempo").
Vocalmente, Victoria Legrand suena más liberada que nunca. El atrevimiento estético de "L'Inconnue" —donde superpone capas de su voz imitando un coro barroco en francés sobre una marcha fúnebre— habría sido impensable en los días de Teen Dream (2010).
Hacia la majestuosa coda de piano de "Last Ride", queda claro que 7 no es un simple paso adelante, sino una reconfiguración total de su realidad. Al permitir que el ruido, la imperfección y la oscuridad se filtren en sus canciones, Beach House descubrió que su sueño es mucho más poderoso cuando se transforma en una pesadilla hermosa.