24/11/2025
Deepak Chopra decía en Sincrodestino que las posibilidades están ahí, silenciosas, casi tímidas, como si el universo supiera que a los humanos nos aterra lo evidente.
No aparecen con fanfarria ni efectos especiales;
se muestran en pequeñas coincidencias, leves empujones, intuiciones discretas…
y aun así, la mayoría pasa de largo.
No porque la vida sea complicada,
sino porque preferimos distraernos con nuestra propia novela interna.
La gente dice: “Cuando llegue mi oportunidad, lo sabré.”
Lo gracioso —y lo triste— es que llegó varias veces…
pero venía sin filtro, sin musiquita dramática,
sin la estética que imaginabas.
Y la dejaste pasar.
Todos queremos señales,
pero pocos quieren verlas sin que su ego las maquille.
Preferimos un destino que nos aplauda,
que se vea bonito en redes,
que se sienta seguro,
que no nos exponga ni nos confronte.
Pero la vida no trabaja así.
La vida trabaja en precisión.
En momentos exactos que, si no tomas, no se repiten.
Puedes tomar otro tren, claro…
pero nunca el mismo.
El mismo ya llevó a alguien más
o quizás ya no vuelve a pasar por tu estación.
Y ahí es donde duele:
cuando entiendes que no era “mala suerte”,
ni “no era para mí”,
ni “ya llegará otra”.
Era para ti *ahí*.
En ese instante.
En esa versión de ti.
Y la dejaste escapar por miedo, por orgullo, por dudas… o por inercia.
Porque a veces no fallamos por falta de oportunidades,
fallamos por falta de presencia.
Por no estar donde estábamos.
Por vivir distraídos mientras la vida ocurría.
El universo no te castiga.
Solo sigue.
Y si tú no te mueves, él tampoco se va a quedar esperándote.
La ironía es que siempre pedimos milagros,
pero cuando la vida nos los envía disfrazados de decisiones incómodas,
decimos que “no es el momento”.
La verdad es que las posibilidades son una cortesía del universo,
pero la responsabilidad de tomarlas es exclusivamente tuya.
Y cuando por fin despiertas…
cuando por fin conectas los puntos…
cuando por fin ves las señales que ignoraste…
no llega culpa.
Llega claridad.
Llega humildad.
Llega ese silencio en el pecho que dice:
“No me vuelve a pasar. Hoy sí estoy.”
Y entonces la vida, paciente como siempre,
vuelve a abrir una puerta.
No la misma.
Pero una mejor.
Una que se activa solo cuando entiendes que
la sincronía nunca falla.
El que fallaba eras tú… por no mirar.
Eddy Castro