26/08/2026
"La figura blanca de la tortillería"
Enviado por:
Alejandro Rivas tiene 24 años y vive en un pueblo pequeño donde todos se conocen. Durante la temporada de feria, casi todo el pueblo se va al centro a disfrutar de los juegos, la música y las luces. Pero esa noche, el cansancio lo venció y decidió regresarse solo a su casa, en la parte más alta del pueblo. Eran casi las 2 de la mañana y las calles estaban completamente vacías. Lo que vio en el camino lo persigue hasta hoy.
La feria estaba a todo lo que daba. Mis amigos y yo habíamos estado bailando, comiendo y riendo desde las 8 de la noche. Pero ya para la 1:30 a.m., el sueño me estaba ganando. Ellos querían seguir, así que tomé la decisión de regresarme solo. Total, el pueblo es pequeño y seguro, pensé.
Salí del centro y empecé a caminar hacia mi casa. Las calles estaban desiertas, solo el sonido de mis pasos rompía el silencio. El alumbrado público era escaso, y en algunos tramos la oscuridad era total. Iba con la mirada fija en el suelo, viendo las piedras del camino, tratando de no tropezar.
Faltaban como dos cuadras para llegar a mi calle cuando algo me detuvo. No sé si fue un presentimiento, un escalofrío o el silencio que se volvió más pesado. Levanté la vista y ahí estaba, justo en la esquina, en la entrada de una tortillería que llevaba años abandonada.
Era una figura de mujer, completamente vestida de blanco, inmóvil como una estatua. Su rostro no se veía bien, como si estuviera cubierto por una sombra, pero su silueta era clara bajo la tenue luz de un poste que parpadeaba. El miedo me recorrió entero. Sentí un frío que no era de la noche, un frío que me calaba los huesos.
Decidí no mirarla. Bajé la vista y seguí caminando, apretando el paso. No quería correr, no quería que esa cosa supiera que la había visto. Pero cuando pasé a su lado, el frío se intensificó y escuché un susurro, tan cerca que parecía venir de mi propio oído: "AYÚDAME..."
No volteé, no respondí, no me detuve. El miedo me dio fuerzas y eché a correr como nunca antes había corrido. Llegué a mi casa y, sin pensarlo, brinqué la barda de dos metros que rodeaba el patio. Entré, cerré la puerta con llave y me encerré en mi cuarto.
Toda esa semana estuve enfermo. Fiebre, escalofríos, sin apetito, sin ganas de salir. Sentía que algo me estaba consumiendo, como si esa cosa me hubiera seguido hasta mi casa. Mis papás me llevaron al médico, pero no encontraban nada malo.
Cuando por fin me recuperé, les conté lo que había visto. Mi mamá, después de escucharme, palideció. Me dijo que esa tortillería llevaba abandonada más de 20 años, desde que la señora que atendía murió. La máquina de moler maíz la había succionado y nadie pudo hacer nada. Desde entonces, dicen que su alma quedó atrapada en el local, esperando que alguien la vea para pedirle ayuda. Pero los que la han visto, como yo, nunca vuelven a ser los mismos.
"Si alguna vez caminas solo de noche y ves una figura blanca en un lugar abandonado... no la mires. No la escuches. Porque si ella te pide ayuda, es porque ya no está viva y quiere llevarte con ella."
"¿Te ha pasado algo similar en tu pueblo o ciudad?
Cuéntame tu historia en los comentarios. Y si quieres más relatos como este, SÍGUEME y ACTIVA la campanita 🔔.
Tu historia podría ser la próxima en Alarma Siniestra."