02/12/2025
Cuando tú hablas de Luis “King Kong” Ortiz, no hablas de un boxeador cualquiera. Hablas de una fuerza de la naturaleza, de un guerrero que ha dejado alma, sudor y sangre en cada ronda. Un peleador incansable, de esos que no se rinden, de esos que el boxeo necesita.
La vida no le dio ese campeonato mundial… y fue por segundos, por detalles, por decisiones que no siempre reflejan lo que pasa en el ring. Pero jamás fue por falta de talento o de corazón.
Porque corazón… Luis Ortiz siempre lo tuvo gigante. Como su nombre. Como su legado.
Dentro del cuadrilátero fue poder, técnica, disciplina y respeto.
Fuera del ring, un ejemplo de hombre: un campeón como padre, como hijo, como esposo. Un ser humano que inspira.
Desde que inició su carrera profesional, yo he estado ahí… atento, siguiendo cada paso, cada golpe, cada batalla. Porque Luis “King Kong” Ortiz es uno de los míos. Uno de esos boxeadores que van a quedar en la historia del boxeo aunque nunca hayan cargado oficialmente un cinturón mundial.
Y ojalá Dios le dé esa oportunidad antes de que se retire. Pero si no llega…
no importa.
Porque Luis “King Kong” Ortiz ya es campeón.
Campeón de vida.
Campeón de su historia.
Campeón de un legado que ni el tiempo ni las derrotas podrán borrar.
Un hombre que el boxeo no solo respeta…
sino que necesita.