Dimensión Desconocida

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🦉 Relato Original De DIMENSIÓN DESCONOCIDAEXPEDIENTE  #008: LAS LECHUZAS DE LA MEDIANOCHEDicen que cuando una lechuza se...
16/09/2026

🦉 Relato Original De DIMENSIÓN DESCONOCIDA

EXPEDIENTE #008: LAS LECHUZAS DE LA MEDIANOCHE

Dicen que cuando una lechuza se posa sobre el techo de tu casa y comienza a cantar después de la medianoche, no siempre estás escuchando a un animal...

En algunos pueblos de México existe una antigua creencia:

Las lechuzas pueden ser brujas que toman forma de ave para vigilar a los vivos.

Pero en un pequeño pueblo de Tamaulipas, una familia descubrió algo mucho más extraño.

Porque aquella noche...

había tres lechuzas.

Y las tres estaban mirando la misma ventana.

Eran aproximadamente las 2:40 de la madrugada cuando Don Ernesto escuchó el primer sonido.

Abrió los ojos y permaneció inmóvil en su cama.

El sonido venía del techo.

Al principio pensó que era una lechuza común.

Pero entonces volvió a escucharla.

Más fuerte.

Más cerca.

Ernesto se levantó y caminó hasta la ventana.

Apartó lentamente la cortina.

No vio nada.

Solo la calle oscura.

Los árboles moviéndose con el viento.

Y una farola que parpadeaba constantemente.

Entonces escuchó algo detrás de él.

Un golpe seco.

Ernesto se giró.

La ventana de la habitación estaba cerrada.

Pero había algo sentado en el borde exterior.

Una enorme lechuza blanca.

Sus ojos parecían reflejar la poca luz que había en la calle.

Ernesto se acercó.

El ave no se movió.

Solo lo observaba.

Y entonces ocurrió algo que jamás pudo explicar.

La lechuza levantó lentamente una de sus alas...

y golpeó el vidrio.

Ernesto retrocedió.

Otro golpe.

Después otro.

Su esposa despertó.

—¿Qué pasa?

Ernesto señaló la ventana.

Pero cuando ella miró...

la lechuza había desaparecido.

Al día siguiente, Ernesto contó lo sucedido a un vecino anciano.

El hombre se quedó callado durante varios segundos.

Después le dijo:

—Si vuelve a aparecer, no la mires directamente a los ojos.

Ernesto sonrió.

Pensó que aquello era solamente una superstición.

Pero el anciano agregó:

—Y si escuchas tres lechuzas al mismo tiempo...

no abras la puerta.

Aquella frase se quedó en la cabeza de Ernesto.

Esa misma noche, poco después de las tres de la madrugada...

comenzó el canto.

Primero una.

Después otra.

Y finalmente una tercera.

Ernesto despertó completamente.

Tres sonidos.

Tres lechuzas.

Se levantó y caminó hasta la ventana.

Esta vez no abrió la cortina.

Solo escuchó.

Entonces algo caminó por el techo.

Pasos lentos.

Silencio.

Los pasos llegaron justo encima de su habitación.

Su esposa comenzó a rezar.

Y entonces escucharon algo todavía peor.

Una voz.

Una voz humana.

Desde el techo.

—Ernesto...

El hombre sintió que el cuerpo se le congelaba.

Su esposa lo miró aterrorizada.

—¿Escuchaste eso?

Ernesto no respondió.

La voz volvió a escucharse.

—Ernesto...

Esta vez era exactamente igual a la voz de su madre.

Pero su madre había mu**to hacía nueve años.

Ernesto tomó valor y miró por una pequeña abertura de la cortina.

En el techo de la casa de enfrente había tres lechuzas.

Una blanca.

Una gris.

Y otra completamente negra.

Las tres estaban mirando hacia su ventana.

Pero había algo imposible.

Las tres tenían la cabeza inclinada exactamente en el mismo ángulo.

Ernesto cerró la cortina.

En ese instante...

la luz de toda la casa se apagó.

Su esposa gritó.

Desde la sala llegó un ruido.

Alguien estaba golpeando la puerta principal.

Ernesto se quedó inmóvil.

Entonces escuchó la voz de su madre:

—Hijo... ábreme.

Su esposa comenzó a llorar.

—No abras.

El golpe volvió.

—Hijo...

Ernesto sabía que aquello no podía ser su madre.

Pero la voz sonaba idéntica.

Entonces escucharon algo encima del techo.

Un fuerte aleteo.

Después otro.

Y otro.

Las tres lechuzas habían comenzado a volar alrededor de la casa.

Cuando salió el sol, Ernesto finalmente abrió la puerta.

No había nadie.

Pero en el suelo encontró tres plumas.

Una blanca.

Una gris.

Y una negra.

Las llevó con el anciano del pueblo.

El hombre las observó y palideció.

—¿Las escuchaste cantar?

Ernesto asintió.

—¿Las viste?

Volvió a asentir.

El anciano tomó las plumas y las arrojó al fuego.

—Entonces ya saben dónde vives.

Ernesto preguntó:

—¿Qué eran?

El anciano respondió:

—Eso nadie lo sabe con certeza.

Hizo una pausa.

—Pero mi abuelo decía que algunas cosas no se convierten en lechuzas...

son las lechuzas las que se convierten en ellas.

Semanas después, Ernesto instaló una cámara de seguridad frente a su casa.

Quería demostrar que todo aquello había sido una coincidencia.

Durante varias noches no ocurrió absolutamente nada.

Hasta que llegó el viernes.

A las 3:13 de la madrugada, la cámara detectó movimiento.

Tres lechuzas aparecieron sobre el techo.

Pero esta vez no estaban solas.

Entre ellas había una figura oscura.

Una silueta con forma humana.

La grabación muestra cómo las tres aves levantan el vuelo...

mientras la figura permanece inmóvil mirando directamente hacia la cámara.

Después se acerca lentamente.

La imagen comienza a presentar interferencias.

Y justo antes de que la grabación termine...

se escucha una voz.

La voz dice:

—Ya nos viste.

La cámara se apaga.

Desde aquella noche, Ernesto asegura que nunca volvió a escuchar una lechuza cerca de su casa.

Pero cada año, exactamente el mismo día...

a las 3:13 de la madrugada...

tres sombras aparecen sobre su techo.

Y siempre hay una ventana que permanece abierta.

Aunque nadie la haya abierto.

🦉 ¿MITO O ALGO MÁS?

En muchas regiones de México existen relatos tradicionales sobre las lechuzas asociadas con brujas, presagios y apariciones nocturnas.

Quizá solamente sean historias transmitidas de generación en generación.

Quizá sean supersticiones nacidas del miedo a la oscuridad.

O quizá...

cuando una lechuza se queda demasiado tiempo observando una ventana...

no está mirando hacia dentro.

Está esperando que alguien la mire primero.

Hay historias que se cuentan para entretener...
y otras que jamás debieron contarse.

👻 LA CASA ABANDONADA DE VALLE HERMOSODicen que hay casas que quedan vacías… pero nunca quedan solas.En las afueras de Va...
15/09/2026

👻 LA CASA ABANDONADA DE VALLE HERMOSO

Dicen que hay casas que quedan vacías… pero nunca quedan solas.

En las afueras de Valle Hermoso, Tamaulipas, había una casa abandonada de la que los vecinos preferían no hablar.

Tenía las ventanas rotas, las paredes llenas de humedad y un viejo patio cubierto de maleza.

Durante años nadie quiso vivir ahí.

Los vecinos contaban que por las noches se escuchaban golpes dentro de las paredes, muebles arrastrándose y, algunas veces, una voz de mujer llamando a alguien por su nombre.

Yo siempre pensé que eran historias para asustar a los niños.

Hasta que una noche entré.

Eran aproximadamente las 11:30.

Fui con dos amigos.

Queríamos grabar un video para demostrar que todo aquello era mentira.

Entramos por una ventana que ya estaba rota.

Al principio no ocurrió nada.

Solo había polvo, muebles viejos y un olor extraño a humedad.

Nos reíamos.

Hasta que escuchamos un golpe en el segundo piso.

Uno de mis amigos levantó la cámara.

—¿Escucharon eso?

Subimos.

Encontramos un pasillo completamente vacío.

Al fondo había una habitación con la puerta entreabierta.

Entramos.

Había una vieja silla de madera en medio del cuarto.

Mi amigo se acercó.

—Miren esto.

La silla comenzó a moverse.

Primero lentamente.

Después cada vez más rápido.

Nadie la estaba tocando.

Retrocedimos.

Entonces la silla salió disparada contra la pared.

Ahí dejamos de reírnos.

Decidimos irnos.

Pero cuando bajamos las escaleras…

la puerta principal estaba cerrada.

Intentamos abrirla.

No se movía.

Mi amigo comenzó a golpearla.

—¡Está atorada!

Entonces escuchamos pasos detrás de nosotros.

Uno.

Dos.

Tres.

Alguien estaba bajando las escaleras.

Nos quedamos completamente quietos.

Pero no había nadie.

Los pasos continuaron hasta llegar al último escalón.

Y se detuvieron.

Entonces una voz de mujer susurró:

—¿Por qué regresaron?

Salimos corriendo hacia la ventana.

Pero antes de llegar…

todas las puertas de la casa comenzaron a cerrarse al mismo tiempo.

Las luces de nuestros teléfonos comenzaron a parpadear.

Y algo golpeó la pared justo detrás de nosotros.

Una vez.

Dos veces.

Tres veces.

Después apareció una palabra escrita lentamente sobre el polvo del suelo.

“SALGAN.”

Nos quedamos paralizados.

La puerta principal se abrió sola.

No lo pensamos.

Corrimos.

Al día siguiente regresamos para revisar la grabación.

Queríamos saber si realmente habíamos captado algo.

Al principio no vimos nada extraño.

Hasta llegar al momento en que la silla comenzó a moverse.

Aumentamos el volumen.

Se escuchaba nuestra respiración.

El movimiento de la silla.

Y después…

una voz.

Muy cerca del micrófono.

—No debieron entrar.

Pero eso no fue lo peor.

Retrocedimos el video.

En una esquina del cuarto aparecía una figura.

Una mujer.

Estaba parada detrás de nosotros.

Ninguno la había visto.

La imagen se congeló.

Y entonces mi amigo dijo:

—Espera…

Amplió la imagen.

La mujer no estaba mirando a nosotros.

Estaba mirando directamente a la cámara.

Y tenía una mano levantada.

Como si estuviera señalando algo.

Miramos hacia donde señalaba.

Había una puerta.

Una puerta que no aparecía en ninguna otra parte del video.

Decidimos regresar una última vez.

Entramos durante el día.

La casa parecía diferente.

Encontramos la puerta.

Estaba al fondo de un pasillo que jurábamos no haber visto la noche anterior.

La abrimos.

Era una habitación pequeña.

Había fotografías viejas pegadas en la pared.

Familias.

Niños.

Personas que nunca habíamos visto.

Hasta que encontramos una fotografía que nos dejó sin palabras.

Era una fotografía de nosotros tres.

Estábamos afuera de la casa.

Pero la fotografía parecía haber sido tomada desde una ventana del segundo piso.

Y había una fecha escrita detrás.

“La noche anterior.”

Mi amigo comenzó a llorar.

—Nos estaba esperando.

Entonces escuchamos la puerta cerrarse.

La habitación quedó completamente oscura.

Y una voz susurró junto a mi oído:

—Ahora ya saben por qué la casa está abandonada.

Mi teléfono se apagó.

El de mi amigo también.

Después escuchamos una respiración.

No venía de ninguno de nosotros.

Venía de debajo del piso.

Respiraba lentamente.

Hasta que una mano golpeó desde abajo.

Otra.

Y otra.

La puerta se abrió de golpe.

Corrimos.

Nunca volvimos.

Meses después, alguien me mandó un mensaje.

Era un video grabado en aquella casa.

Yo pensé que era una broma.

Pero reconocí inmediatamente el lugar.

El video mostraba el pasillo.

La silla.

La habitación.

Y finalmente…

la misma puerta.

La cámara se acercaba lentamente.

Cuando llegó frente a ella, alguien susurró:

—Todavía falta uno.

Entonces la cámara giró.

En el fondo del pasillo aparecía una persona.

Era yo.

Estaba parado ahí.

Mirando directamente a la cámara.

Pero había algo imposible.

Yo estaba en mi casa cuando ese video fue grabado.

Desde aquella noche no he vuelto a hablar de esa casa.

Pero hay algo que nunca conté.

Desde hace varias semanas, exactamente a las 3:17 de la madrugada, escucho tres golpes en la pared de mi habitación.

Y ayer…

escuché la voz de aquella mujer.

Esta vez no estaba dentro de la casa abandonada.

Estaba detrás de mi puerta.

Y me susurró:

—Ya saliste de mi casa…

Pausa.

—pero mi casa salió contigo.

👁️‍🗨️ RELATO ORIGINAL DE DIMENSIÓN DESCONOCIDA

¿Tú te atreverías a entrar a una casa abandonada de Valle Hermoso sabiendo que los vecinos aseguran que algo sigue viviendo ahí?

👁️‍🗨️ EL HOMBRE QUE ME PIDIÓ QUE LO ENTERRARA… ANTES DE MORIRLa primera vez que lo vi, estaba parado afuera del cementer...
15/09/2026

👁️‍🗨️ EL HOMBRE QUE ME PIDIÓ QUE LO ENTERRARA… ANTES DE MORIR

La primera vez que lo vi, estaba parado afuera del cementerio.

Me miró fijamente y me dijo algo que todavía me cuesta repetir:

—Cuando me entierren… no permitas que me dejen solo.

Yo no sabía quién era.

Y lo más aterrador…

es que murió esa misma noche.

Eran aproximadamente las 11:40 de la noche.

Yo iba conduciendo de regreso a casa cuando vi a un hombre caminando por la carretera, cerca de un viejo cementerio.

Llevaba un traje oscuro y estaba completamente empapado.

Pensé en detenerme.

Pero algo en su manera de caminar me hizo continuar.

Entonces levantó la mano.

Frené.

Bajé un poco la ventana.

—¿Necesita que lo lleve?

El hombre se acercó.

Me miró directamente a los ojos.

—Sí. Pero no a mi casa.

—¿Entonces a dónde?

Señaló el cementerio.

—Ahí.

Sentí un escalofrío.

—¿Al cementerio?

El hombre asintió.

—Necesito llegar antes de medianoche.

No entendía nada.

Pero acepté llevarlo.

Subió al asiento trasero.

Durante el trayecto permaneció completamente callado.

Hasta que preguntó:

—¿Usted cree que los mu**tos pueden escuchar?

—No sé —respondí.

Él sonrió.

—Sí pueden.

Unos segundos después añadió:

—Y algunos también pueden contestar.

Llegamos al cementerio.

Cuando volteé para decirle que habíamos llegado…

el asiento trasero estaba vacío.

La puerta nunca se había abierto.

Me bajé del automóvil.

Lo busqué.

Nada.

Entonces escuché una voz detrás de mí.

—No debiste traerme.

Me giré.

El hombre estaba parado frente a la entrada del cementerio.

Pero ahora tenía algo diferente.

Su ropa estaba completamente seca.

—¿Cómo salió del automóvil?

No respondió.

Solo me dijo:

—Mañana vas a escuchar mi nombre.

Y entró al cementerio.

Me fui.

Pensé que había sido una experiencia extraña, pero nada más.

Hasta la mañana siguiente.

Mientras desayunaba, recibí una llamada de un amigo.

—¿Viste las noticias?

—No.

—Encontraron mu**to a un hombre anoche.

Me envió una fotografía.

Sentí que se me congelaba la sangre.

Era el hombre que había llevado al cementerio.

Había mu**to a las 11:52 de la noche.

Ocho minutos después de que yo lo dejara.

Pero había algo que no tenía explicación.

Según la policía…

el cuerpo había sido encontrado dentro de su propia casa.

Nunca había estado en el cementerio.

Esa noche no pude dormir.

A las 2:17 de la madrugada escuché tres golpes en mi puerta.

No abrí.

Entonces escuché una voz.

—Soy yo.

Era el hombre.

Me quedé paralizado.

—¿Qué quieres?

—Me prometiste que no me dejarías solo.

Yo jamás le había prometido nada.

Entonces escuché algo arrastrándose por el pasillo.

Me acerqué lentamente a la puerta.

Miré por la mirilla.

No había nadie.

Pero en el suelo había algo.

Una fotografía.

La recogí.

Era una fotografía de un funeral.

Reconocí al hombre.

Estaba dentro de un ataúd.

Había varias personas alrededor.

Y detrás del ataúd…

estaba yo.

Solté la fotografía.

Entonces mi teléfono comenzó a sonar.

Número desconocido.

Contesté.

Una voz susurró:

—Ya me enterraron.

—¿Quién eres?

Silencio.

Después:

—Ahora falta enterrarte a ti.

La llamada terminó.

Al día siguiente regresé al cementerio.

Necesitaba saber qué estaba pasando.

Encontré la tumba del hombre.

La lápida tenía su nombre.

Pero la fecha de muerte estaba equivocada.

Decía:

“14 de septiembre de 2026.”

Me quedé inmóvil.

Porque esa era la fecha de hoy.

Entonces escuché pasos detrás de mí.

Me giré.

No había nadie.

Pero escuché una voz desde debajo de la tierra.

—No mires hacia atrás.

Me quedé congelado.

La voz continuó:

—Cuando lo hagas, él sabrá que ya estás listo.

No quería hacerlo.

Pero algo me obligó a mirar.

Y allí estaba.

El hombre.

Parado detrás de mí.

Cubierto de tierra.

Sonriendo.

Pero esta vez no estaba solo.

Había otras personas detrás de él.

Decenas.

Todas mu**tas.

Todas mirándome.

El hombre dio un paso hacia mí.

—Ahora entiendo por qué te escogimos.

—¿Para qué?

Su sonrisa desapareció.

—Para ocupar mi lugar.

Salí corriendo del cementerio.

No volví.

Pero esa noche encontré algo sobre mi cama.

Una pequeña placa de metal.

Tenía mi nombre.

Y debajo…

una fecha.

15 de septiembre de 2026.

Pensé que era una amenaza.

Hasta que recibí una última fotografía.

Era una fotografía del cementerio.

El hombre estaba frente a su tumba.

A su lado había alguien más.

Yo.

Pero esta vez no estaba de pie.

Estaba dentro de un ataúd.

Y en la parte inferior de la fotografía alguien había escrito:

“Mañana te toca esperar a ti.”

Desde entonces no he vuelto a acercarme a ese cementerio.

Pero cada noche, exactamente a las 11:52…

escucho un automóvil detenerse frente a mi casa.

Después alguien toca tres veces.

Y una voz me pregunta:

—¿Ya estás listo para llevarme al cementerio?

Lo peor es que…

esa voz es la mía.

Relato Original de Dimensión Desconocida. 🪦👁️‍🗨️

Ahora dime tú: si un desconocido te pidiera llevarlo al cementerio y al día siguiente descubrieras que murió esa misma noche… ¿volverías a ese lugar para descubrir quién era realmente?

👁️‍🗨️ LA CASA QUE LLAMABA A LA POLICÍA ANTES DE QUE OCURRIERA EL CRIMENLa primera llamada llegó a las 2:17 de la madruga...
15/09/2026

👁️‍🗨️ LA CASA QUE LLAMABA A LA POLICÍA ANTES DE QUE OCURRIERA EL CRIMEN

La primera llamada llegó a las 2:17 de la madrugada.

Una voz desesperada decía:

—¡Manden a alguien… por favor! ¡Van a matarme!

La policía llegó ocho minutos después.

Pero encontraron una casa completamente vacía.

No había nadie.

No había señales de violencia.

Ni siquiera había un teléfono conectado.

Pensaron que se trataba de una broma.

Hasta que, exactamente 24 horas después, recibieron otra llamada desde la misma casa.

La misma voz.

La misma hora.

—¡Manden a alguien… por favor! ¡Van a matarme!

Esta vez, antes de salir, un oficial preguntó:

—¿Quién está hablando?

La respuesta fue apenas un susurro:

—Yo.

La llamada se cortó.

Cuando llegaron a la casa, encontraron la puerta abierta.

En la sala había un viejo teléfono sobre una mesa.

Estaba desconectado.

Uno de los agentes lo levantó.

Y comenzó a sonar.

El oficial contestó.

Del otro lado escuchó su propia voz:

—No entren al dormitorio.

El agente miró a sus compañeros.

Demasiado tarde.

La puerta del dormitorio se cerró de golpe.

Todos desenfundaron sus armas.

Desde dentro comenzaron a escucharse golpes.

Abrieron la puerta.

No había nadie.

Solo una fotografía sobre la cama.

Era una fotografía de los cuatro policías.

Parados exactamente en aquella habitación.

Uno de ellos tomó la fotografía.

Y palideció.

La fecha impresa en la esquina era:

“Mañana.”

Esa noche, los cuatro agentes fueron suspendidos.

La casa quedó acordonada.

Pero al día siguiente…

uno de ellos apareció mu**to dentro del dormitorio.

La fotografía había cambiado.

Ahora solo aparecían tres policías.

La investigación continuó.

Cada noche, a las 2:17, el teléfono volvía a sonar.

Y cada llamada anunciaba una muerte.

Hasta que llegó la última.

La policía recibió la llamada.

La voz dijo:

—Solo queda uno.

El detective encargado preguntó:

—¿Quién?

La voz respondió:

—El que está leyendo esto.

La línea quedó en silencio.

Y entonces el teléfono del detective comenzó a sonar.

Miró la pantalla.

El número que aparecía era imposible.

Era su propio número.

Contestó.

Y escuchó una voz aterrorizada:

—No contestes la próxima llamada.

El detective preguntó:

—¿Quién eres?

La voz respondió:

—Soy tú… mañana.

La llamada terminó.

Durante unos segundos no ocurrió nada.

Hasta que…

El teléfono volvió a sonar.

El detective recordó la advertencia.

No contestó.

El teléfono dejó de sonar.

Entonces llegó un mensaje.

Solo decía:

“Gracias por no contestar.”

Debajo apareció una fotografía.

El detective abrió la imagen.

Era su propia casa.

Él estaba dormido en su cama.

Y alguien estaba parado detrás de él.

Una figura completamente negra.

El detective levantó lentamente la mirada.

Detrás de él no había nadie.

Pero en el reflejo de la ventana…

la figura seguía allí.

Y entonces escuchó una voz junto a su oído:

—La próxima llamada no será para pedir ayuda.

Pausa.

—Será para avisarles que ya estás mu**to.

A la mañana siguiente encontraron al detective sentado frente al teléfono.

Mu**to.

Sin heridas.

Sin signos de violencia.

El teléfono seguía desconectado.

Pero tenía una última llamada registrada.

2:17 a. m.

Duración:

8 minutos.

Y cuando reprodujeron la grabación…

solo se escuchaba una cosa.

La voz del detective susurrando:

—Por favor… no dejen entrar a la persona que está afuera.

Los policías miraron hacia la puerta.

Había alguien golpeando.

Y una voz dijo:

—Soy yo. Abran.

Era la voz del detective mu**to.

Relato Original de Dimensión Desconocida. 👁️‍🗨️

¿Tú abrirías la puerta si escuchas la voz de una persona que sabes que está mu**ta pidiéndote que la dejes entrar? 🚪👁️

👁️ EL ESPEJO QUE MOSTRABA UNA HABITACIÓN QUE NO EXISTÍA> Relato original de ficción para Dimensión Desconocida.Cuando co...
14/09/2026

👁️ EL ESPEJO QUE MOSTRABA UNA HABITACIÓN QUE NO EXISTÍA

> Relato original de ficción para Dimensión Desconocida.

Cuando compraron la casa, había un espejo enorme en el pasillo.

El vendedor les dijo que no lo retiraran.

No explicó por qué.

La primera noche, Laura descubrió algo imposible:

el espejo no reflejaba el pasillo.

Reflejaba una habitación.

Una habitación que no existía en la casa.

La casa llevaba casi diez años abandonada.

Era antigua, de techos altos y puertas de madera.

Laura y Marcos la compraron a un precio demasiado bajo.

Durante la remodelación encontraron varias cosas extrañas, pero ninguna tan inquietante como el espejo del segundo piso.

Era alto, pesado y tenía un marco de madera negra.

Cuando Marcos intentó quitarlo de la pared, el antiguo propietario apareció inesperadamente.

—Ese espejo se queda.

—¿Por qué?

El hombre tardó unos segundos en responder.

—Porque no refleja lo que tiene enfrente.

Y se marchó.

Laura pensó que estaba bromeando.

Hasta aquella noche.

Mientras caminaba por el pasillo, pasó frente al espejo.

Se detuvo.

Miró nuevamente.

El pasillo real estaba detrás de ella.

Pero en el espejo había una habitación.

Tenía una cama.

Una lámpara.

Una ventana.

Y una pequeña mesa junto a la pared.

Laura llamó a Marcos.

Él llegó corriendo.

Los dos observaron el reflejo.

—Debe ser otra habitación de la casa —dijo Marcos.

Revisaron los planos.

No existía.

Tampoco había espacio físico suficiente detrás de aquella pared.

Al día siguiente desmontaron parte del muro.

Encontraron ladrillos.

Nada más.

La habitación del espejo seguía apareciendo.

Entonces comenzaron a notar algo.

Cada noche cambiaba.

La primera noche, la cama estaba vacía.

La segunda, había una silla.

La tercera, una fotografía.

La cuarta…

había alguien sentado en la cama.

Una mujer.

De espaldas.

Laura dejó de acercarse al espejo.

Marcos, en cambio, quería descubrir quién era.

Tomó una fotografía del reflejo.

Cuando revisó la imagen, la mujer ya no estaba sentada.

Ahora estaba de pie junto a la ventana.

Y parecía estar mirando directamente hacia ellos.

Esa misma noche escucharon tres golpes.

Toc.

Toc.

Toc.

Venían del interior de la pared.

Marcos acercó el oído.

Escuchó una voz.

Muy baja.

—No abras.

Retrocedió.

Laura lo miró.

—¿Qué dijo?

Marcos no respondió.

Al día siguiente investigaron la historia de la casa.

Descubrieron que décadas atrás había vivido allí una familia.

El padre.

La madre.

Y una hija llamada Clara.

La niña desapareció una noche.

Nunca encontraron su cuerpo.

Pero había una fotografía de Clara.

Laura la reconoció inmediatamente.

Era la mujer que aparecía en el espejo.

Esa noche decidieron cubrirlo.

A las 2:00 de la madrugada, Laura despertó.

Escuchó pasos en el pasillo.

Se levantó.

El espejo estaba descubierto.

La habitación del otro lado había cambiado.

Ahora mostraba su propia casa.

Pero estaba completamente vacía.

Excepto por una persona.

Laura.

En el reflejo, ella estaba parada frente al espejo.

Mirándola.

Laura retrocedió.

La mujer reflejada levantó lentamente una mano.

Y señaló detrás de Laura.

Laura no quiso mirar.

Pero escuchó una respiración.

Justo detrás de su cuello.

Se giró.

No había nadie.

Cuando volvió a mirar el espejo…

la mujer había desaparecido.

Y ahora el reflejo mostraba a Marcos.

Dormido.

Laura corrió hacia su habitación.

Marcos estaba allí.

Dormido profundamente.

Entonces comprendió algo.

El espejo no estaba mostrando otro lugar.

Estaba mostrando momentos que todavía no habían ocurrido.

La mañana siguiente, Marcos decidió romperlo.

Tomó un ma****lo.

Golpeó el cristal.

CRAAACK.

El espejo se partió.

Pero detrás del vidrio no había pared.

Había oscuridad.

Una oscuridad profunda.

Y al fondo…

una puerta.

Marcos retrocedió.

La puerta comenzó a abrirse sola.

Laura tomó su mano.

—Vámonos.

Pero antes de salir, escucharon una voz desde aquel espacio.

Era la voz de Clara.

—Gracias por encontrarme.

La puerta se cerró.

El espejo cayó al suelo.

Cuando Marcos volvió a levantarlo, el cristal estaba completamente normal.

Solo reflejaba el pasillo.

Pensaron que todo había terminado.

Hasta que, días después, mientras revisaban fotografías antiguas de la casa, encontraron una imagen que nunca habían visto.

Era una fotografía familiar tomada muchos años atrás.

Aparecía Clara frente al espejo.

Su padre.

Su madre.

Y detrás de todos ellos…

Laura y Marcos.

Pero había algo imposible.

La fotografía estaba fechada:

1978.

Laura aún no había nacido.

Marcos tampoco.

Y en el reverso había una frase escrita a mano:

“Ellos serán los próximos en aparecer.”

Laura y Marcos abandonaron la casa esa misma noche.

Nunca regresaron.

Pero el espejo sí.

Tres meses después apareció en una tienda de antigüedades, sin explicación sobre su procedencia.

El nuevo dueño lo colocó en su dormitorio.

La primera noche, el espejo reflejó una habitación desconocida.

La segunda…

mostró a Laura y Marcos.

La tercera…

mostró a alguien observándolos desde detrás.

Y si alguna vez encuentras un espejo antiguo que refleja una habitación diferente a la que tienes enfrente…

no intentes descubrir qué hay detrás.

Tal vez no esté mostrando otro lugar.

Tal vez esté mostrando dónde vas a estar cuando desaparezcas.

🕯️ ¿Tú romperías ese espejo… o mirarías una vez más?

DIMENSIÓN DESCONOCIDA 👁️

👁️ EL TREN QUE LLEGABA A UNA ESTACIÓN QUE YA NO EXISTÍA> Relato original de ficción para Dimensión Desconocida.El tren l...
14/09/2026

👁️ EL TREN QUE LLEGABA A UNA ESTACIÓN QUE YA NO EXISTÍA

> Relato original de ficción para Dimensión Desconocida.

El tren llegó a las 2:17 de la madrugada.

El problema era que aquella estación llevaba 42 años abandonada.

El vigilante vio bajar a siete pasajeros.

Todos llevaban maletas.

Todos parecían estar esperando a alguien.

Pero cuando el vigilante revisó el registro…

los siete pasajeros habían mu**to décadas atrás.

La estación de San Gabriel había sido cerrada en 1984 después de un accidente ferroviario.

Desde entonces, las vías permanecían oxidadas y cubiertas de maleza.

No pasaba ningún tren.

Al menos eso decían los mapas.

En 2026, Julián aceptó trabajar como vigilante nocturno del lugar. Su trabajo era sencillo: revisar las instalaciones y evitar que curiosos entraran.

La primera noche transcurrió sin problemas.

La segunda también.

Pero la tercera, a las 2:16 de la madrugada, escuchó un sonido que llevaba décadas sin escucharse allí.

Un silbato.

Julián salió de la caseta.

A lo lejos apareció una luz.

Un tren avanzaba lentamente por las vías.

Julián quedó paralizado.

No tenía sentido.

Las vías estaban bloqueadas varios metros antes de la estación.

Sin embargo, el tren atravesó la barrera como si no existiera.

Se detuvo frente al andén.

Las puertas se abrieron.

Bajaron siete personas.

Un hombre con sombrero.

Una mujer abrazando una pequeña maleta.

Un anciano.

Dos jóvenes.

Y una pareja.

Ninguno parecía sorprendido por la estación.

El hombre del sombrero miró a Julián y preguntó:

—¿Todavía está abierta la cafetería?

Julián señaló el edificio abandonado.

—Lleva cerrada décadas.

El hombre frunció el ceño.

—Qué extraño… yo estuve aquí esta mañana.

El tren volvió a silbar.

Los siete pasajeros caminaron hacia la salida.

Julián llamó a la policía.

Mientras esperaba, entró a la antigua oficina y encontró un registro de pasajeros.

Lo abrió.

La última página tenía fecha:

17 de septiembre de 1984.

Allí aparecían siete nombres.

Los mismos siete pasajeros que acababa de ver.

Julián pensó que era una coincidencia.

Hasta que encontró una nota escrita debajo:

“No permitir que regresen.”

A las 2:17, el tren volvió a moverse.

Pero antes de desaparecer en la oscuridad, uno de los pasajeros se giró.

Era la mujer de la maleta.

Miró directamente a Julián.

Y gritó:

—¡No subas cuando venga por ti!

El tren desapareció.

A la mañana siguiente, Julián llevó el registro a un historiador.

El hombre reconoció inmediatamente los nombres.

Eran las víctimas del accidente ferroviario de 1984.

Los siete habían mu**to aquella noche.

Pero había algo todavía más extraño.

El historiador encontró una fotografía tomada minutos antes del accidente.

Los siete aparecían sentados dentro del tren.

Y detrás de ellos…

había un hombre parado junto a la puerta.

Julián sintió un escalofrío.

Era él.

La misma cara.

La misma ropa.

Incluso la misma cicatriz sobre la ceja.

El historiador miró la fotografía y palideció.

—Eso no puede ser.

—¿Qué?

El hombre señaló la fecha.

17 de septiembre de 1984.

Julián miró su teléfono.

Era 17 de septiembre de 2026.

Exactamente 42 años después.

Esa noche decidió no volver a la estación.

Pero a las 2:16 escuchó el silbato desde su casa.

Después recibió una llamada.

No había número.

Contestó.

Al otro lado escuchó el sonido de un tren.

Y una voz:

—Julián… el tren ya está esperando.

Colgó.

Miró por la ventana.

A varias calles de distancia, sobre unas vías que ya no existían…

había una estación iluminada.

Y un tren detenido.

Las puertas estaban abiertas.

En el andén había siete personas.

Pero esta vez…

había un octavo pasajero.

Julián.

Al día siguiente, la policía encontró su casa vacía.

No había señales de violencia.

Solo encontraron su teléfono sobre la mesa.

Tenía una fotografía nueva.

En ella aparecía el mismo tren de 1984.

Los siete pasajeros estaban sentados dentro.

Y ahora había un octavo.

Julián.

Debajo de la fotografía alguien había escrito:

> “Próxima parada: donde nunca debimos llegar.”

Y desde aquella noche, algunos habitantes aseguran escuchar un tren pasar por San Gabriel.

Siempre a las 2:17 de la madrugada.

Aunque ya no existen vías.

¿Tú subirías a un tren que llega a una estación que oficialmente nunca existió?

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