19/09/2026
¿QUÉ SUCEDE CUANDO ORAMOS?
Cuando nuestras manos ya no alcanzan, todavía podemos acudir a Dios.
Hay momentos en la vida en los que no sabemos qué hacer.
Un familiar está lejos, alguien está enfermo, una puerta permanece cerrada, recibimos una noticia que nos rompe el corazón y sentimos una impotencia terrible porque no tenemos los medios para cambiar lo que está sucediendo.
Entonces alguien nos dice: «Ora, pídele a Dios».
Pero ¿qué es realmente la oración? ¿Qué podemos esperar de ella? ¿Quién actúa cuando oramos?
La oración no es repetir palabras bonitas ni una fórmula para conseguir lo que deseamos. Orar es acercarnos a Dios, reconocer nuestra necesidad y depositar delante de Él aquello que no podemos resolver por nuestras propias fuerzas.
Es poder decirle: «Señor, no sé qué hacer. No tengo los recursos, no tengo las respuestas y no puedo llegar hasta donde está mi ser querido. Pero vengo a ti porque necesito tu ayuda».
Y escucha esto: no necesitamos impresionarlo con nuestro vocabulario. Podemos acudir a Él con lágrimas, con temor, con palabras entrecortadas y hasta con preguntas que todavía no tienen respuesta.
La Escritura nos invita:
«Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro».
— Hebreos 4:16
¡Qué extraordinario es esto!
No nos acercamos a un Dios indiferente, sino a un Padre que nos invita a buscar su misericordia. Por medio de Jesucristo tenemos acceso a su presencia.
¿Y qué podemos lograr por medio de la oración?
Podemos presentar nuestras peticiones ante Dios, encontrar fortaleza cuando estamos desfalleciendo y recibir esa paz que no depende de que todas las circunstancias hayan cambiado.
Filipenses 4:6-7 nos enseña a presentar nuestras peticiones delante de Dios con oración y ruego. Y nos habla de una paz que sobrepasa todo entendimiento y guarda nuestros corazones y pensamientos en Cristo Jesús.
Observa algo muy importante: el pasaje no dice que absolutamente todos nuestros problemas desaparecerán de inmediato. Nos enseña que, aun en medio de ellos, podemos llevar nuestras cargas delante de Dios y recibir su paz.
¿Pero quién actúa cuando oramos?
¡Dios!
No es nuestra voz la que tiene poder por sí misma. No es la cantidad de veces que repetimos una petición. Nuestra confianza está puesta en el Señor, quien tiene el poder para intervenir conforme a su voluntad.
Él puede abrir puertas que nosotros no podemos abrir, obrar a través de personas, proveer recursos y conceder una salida que todavía no alcanzamos a ver.
Pero la oración no es una manera de obligar a Dios a hacer nuestra voluntad. Es una expresión de confianza en su poder, en su amor y en su sabiduría.
Primera de Juan 5:14 nos enseña que tenemos confianza al acercarnos a Él cuando pedimos conforme a su voluntad.
Y hay algo más que deseo decirte.
Orar no significa cruzarnos de brazos.
Tal vez Dios nos mueva a hacer una llamada, acompañar a una familia, conseguir ayuda o tocar una puerta que todavía
Santiago 2:15-16 nos confronta precisamente con esto: no basta con desearle bienestar a una persona que tiene necesidades si podemos hacer algo para ayudarla.
Y si después de haber orado la respuesta no llega inmediatamente, no concluyas que Dios te ha abandonado o que te faltó fe.
Recuerda a nuestro Señor Jesucristo en Getsemaní. En medio de su angustia, oró al Padre y se sometió a su voluntad (Lucas 22:42).
La verdadera fe no consiste en asegurar que todo sucederá exactamente como deseamos. Consiste en continuar acercándonos a Dios, aun cuando no comprendemos lo que estamos viviendo.
Hoy quiero hablarte a ti que tienes un familiar lejos, un enfermo en casa, una situación legal que te angustia o una necesidad que parece no tener solución.
No necesitas enfrentar este momento sin buscar al Señor.
Acércate a Jesucristo. Habla con Él. Entrégale tus temores, pídele ayuda y permite que su Palabra fortalezca tu corazón.
No puedo prometerte que mañana recibirás exactamente la noticia que estás esperando.
Pero sí puedo señalarte a Aquel que nos invita a acudir a su trono de gracia para encontrar misericordia y oportuno socorro.
Y mientras oramos, sigamos amando, acompañando y haciendo todo lo que esté a nuestro alcance.
Porque la oración no es solamente pedir que Dios haga algo por nosotros. También es permitir que Él transforme nuestro corazón y nos disponga a servir a los demás.
No pongas tu confianza en la oración como si fuera una fórmula. Pon tu confianza en el Dios a quien estás orando.
Amén. 🙏🏻
«Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros».
— 1 Pedro 5:7
SELAH, PAUSA Y REFLEXIÓN