05/06/2026
Cuando nació ☺️, hace casi diecisiete años, no me habría atrevido a imaginar algo así.
Llenar el majestuoso Teatro Calderón, en cuyas escaleras pasé tantas horas de mi adolescencia, hablando, haciendo amigos, escuchando, aconsejando, riendo… oyendo a veces que eso de andar de vaga no me llevaría a ningún lado.
Pues yo seguí de vaga.
Y el martes, mientras veía el teatro lleno para la presentación de «Voces del Karakórum...», me acordé de eso y de que me imaginé un día, en vez de en las escaleras, adentro.
Pensé que los sueños pueden cambiar de tamaño cuando un tejido entero decide apoyarlos.
Me siento agradecida con quienes leyeron el libro para comentarlo y contagiar el gusanito de su lectura de forma tan eficaz: Anuar, Héctor, mi papá.
También con quien compartió su invitación, quien nos pidió otras para publicarlas en sus grupos, quien dejó un comentario, reaccionó, recomendó el evento o convenció a alguien de asistir, con quie dijo «invita a Fulanito».
Como cada asistencia, cada «like», cada comentario y cada publicación abonaron a que esto pasara.
Gracias a los amigos comunicadores y a las personas que nos ayudaron a crear expectativa: Valeria Esparza, Pancho Esparza, Gerardo López, Esaí Ramos, Wiso Rivera, Jovita Aguilar, Verónica Trujillo, Jael Alvarado… y muchísimas personas más. Fue una gira de medios agotadora, pero valió cada segundo.
Sobre todo, gracias a por el impulso, la confianza, el tiempo y la generosidad; porque desde el principio me dijo que yo podía hacer algo más grande de lo que había hecho, y después me ayudó a construirlo durante meses; porque creyó en mi trabajo, en esta presentación, en mi equipo y en la posibilidad de reunir a más de cuatrocientas personas alrededor de una historia.
Dicen que ya no se lee.
Decían que un libro no llenaría un teatro.
Estamos demostrando lo contrario.
Así que seguiré de vaga: pasando tardes enteras con mis amigos para reírme sin pena ni culpa; conversando de principios filosóficos, de heridas profundas y de estupideces como forma de aprender de los demás y de mí; tomando tardes de completo ocio cada vez que la vida me dé esa oportunidad.