Eres arte

Eres arte Eres arte, nace de lo más hermoso que poseemos; El amor, de la magia de existir, de ser ella.�

Crecimos con ideas muy marcadas sobre el amor: que amar era poner siempre al otro primero, sacrificarse, ceder, sostener...
02/07/2026

Crecimos con ideas muy marcadas sobre el amor: que amar era poner siempre al otro primero, sacrificarse, ceder, sostener, incluso a costa de una misma. Y también crecimos escuchando lo contrario: que primero estás tú, que nadie merece ocupar tu lugar, que debes elegirte antes que a cualquiera.

Pero con el tiempo entendí que ambos extremos, por sí solos, pueden ser peligrosos. Porque el verdadero arte de amar no está en abandonarte por alguien, ni en cerrarte al mundo por protegerte. Está en el equilibrio.

Y ese equilibrio no es sencillo.

Hoy hablo desde mi propia trinchera, desde mi forma de entenderlo, desde mis errores, mis heridas y mis aprendizajes. Porque muchas veces nos enseñaron que damos esperando recibir, que toda entrega lleva implícita una expectativa. Y quizá sea cierto para muchos.

Pero en mi caso, con los años aprendí algo distinto: yo ya no espero nada de nadie.

No porque no crea en las personas, sino porque esperar duele. Esperar desgasta. Esperar puede convertirse en una herida silenciosa cuando lo que anhelas nunca llega.

Esperar atención, esperar reciprocidad, esperar conciencia emocional… cansa.

Por eso entendí que lo que doy, lo doy porque nace de mí. Porque soy eso. Porque forma parte de lo que habita en mi alma. Mi forma de amar, de cuidar, de estar, no depende de lo que el otro me prometa o me devuelva. Es mi esencia, mi verdad.

Yo comparto lo que soy por gusto, no por obligación. Porque cuando uno ama desde la autenticidad, no está negociando afecto, está simplemente siendo.

Pero también llega un punto donde una se cuestiona: ¿qué pasa cuando enfrente hay quietud? ¿Qué pasa cuando una entrega y el otro parece estático, distante, incluso egoísta?

Y la verdad es que no pasa nada… o al menos no debería destruirte.

Porque cada persona tiene su propia historia, sus propios vacíos, sus propios límites y su propia manera de entender el amor.

A veces confundimos egoísmo con incapacidad emocional. A veces creemos que alguien no nos ama, cuando en realidad solo ama distinto, o peor aún, no sabe amar mejor de lo que ha aprendido.

Y ahí es donde entra la madurez.

Entender que el otro también es responsable de sí mismo. Que ya está lo suficientemente grande para decidir qué cuida, qué construye y cómo ama.

Porque no puedes enseñarle a sentir a quien todavía no ha mirado hacia dentro.

No puedes pedir profundidad a quien apenas conoce la superficie de sí misma.

Y no puedes quedarte vaciándote, intentando despertar algo en alguien que todavía no está listo para sostenerlo.

Amar también es aceptar eso.

Aceptar que no siempre recibirás lo que das.
Aceptar que no todo mundo tiene tu capacidad de entrega.
Aceptar que hay personas que llegan para enseñarte, y otras para mostrarte lo que jamás volverías a permitir.

Y quizá la lección más grande sea esa: dar desde el alma, sí… pero sin perderte.

Porque el amor más sano no es el que te consume, sino el que te permite permanecer intacta mientras compartes tu luz.

By Irene Vargas!

A veces llegamos a la vida de otros cargando demasiado.Con cicatrices viejas que aprendimos a esconder, con heridas que ...
28/06/2026

A veces llegamos a la vida de otros cargando demasiado.
Con cicatrices viejas que aprendimos a esconder, con heridas que parecían cerradas y con otras tantas que todavía sangran en silencio.

Llegamos con el peso de lo vivido, con el eco de lo que nos rompió, con miedos que nadie ve y con defensas que levantamos para sobrevivir.

Y aunque el amor pueda ser refugio, nunca debería convertirse en el lugar donde descargamos todo aquello que no hemos sabido sanar.

Porque ahí es donde viene lo importante: querer sanar.
Querer mirarse hacia dentro, reconocer lo que duele, aceptar lo que falta y hacerse responsable de lo que uno carga.

Sanar no siempre significa estar sola.
También se puede sanar en compañía.

Se puede amar y al mismo tiempo ir hacia dentro.
Se puede sostener una relación mientras se aprende a sostenerse a uno mismo.

Porque estar en pareja no cancela el trabajo interno; a veces, incluso, lo hace más urgente.

Si hoy estás con alguien, trabaja en ti.
Hazlo por ti, pero también por ese amor que dices cuidar.

No sangres tus heridas sobre la persona que amas.
No conviertas tus miedos en castigos, ni tus inseguridades en cadenas, ni tu dolor en distancia.

No hagas con otros lo que un día hicieron contigo.

Romper ese ciclo también es una forma de amar.

Porque muchas veces creemos que amar es quedarnos, pero amar también es revisar nuestras sombras, hacernos cargo de nuestros vacíos y aprender a no herir desde lo que nos hirió.

Y sí… también hay una verdad difícil de aceptar:
si no eres feliz, entonces quizá no es tu lugar.

Porque la paz no debería sentirse como una batalla constante.

No podemos dar lo que no poseemos.
No podemos ofrecer calma si por dentro somos tormenta.
No podemos pedir amor sano cuando seguimos abrazando el dolor como única forma de existir.

Primero hay que encontrarse.
Primero hay que reconstruirse.
Primero hay que aprender a habitarse con verdad.

Solo entonces el amor deja de ser refugio y se convierte en hogar.

Y quizá de eso se trata:
de sanar lo suficiente para no hacer pagar a otros las deudas emocionales que la vida nos dejó.

De amar con conciencia.
De elegir con responsabilidad.
Y de entender que quien de verdad quiere quedarse, también está dispuesto a crecer.

By Irene Vargas!

Qué curioso…Antes yo pensaba que el amor lo era todo, que si había amor, entonces todo lo demás encontraba la forma de a...
28/06/2026

Qué curioso…
Antes yo pensaba que el amor lo era todo, que si había amor, entonces todo lo demás encontraba la forma de acomodarse. Creía que amar era suficiente para sostener cualquier tormenta, para reparar cualquier grieta y para sobrevivir a cualquier distancia.

Pero un día, casi sin darme cuenta, entendí algo distinto: el amor no lo puede todo.

Y no porque no sea inmenso, ni porque no sea poderoso, sino porque amar también requiere más cosas que sentir. Requiere conciencia, voluntad, responsabilidad y, sobre todo, disposición.

Las relaciones de pareja parecen sencillas al principio. Todo se siente ligero, dulce, casi perfecto. Como miel sobre hojuelas. En los comienzos uno ama desde la ilusión, desde la versión más bonita de sí mismo y del otro. Todo parece encajar.

Pero el tiempo… el tiempo siempre revela.

Con el tiempo ambos comienzan a conocerse de verdad. No desde las flores ni desde las promesas, sino desde las heridas, los miedos, los vacíos y las costumbres. Y no digo que eso sea malo; al contrario, ahí empieza lo real.

Y es justo ahí donde muchas veces llega ese golpe seco de realidad. Ese “pum” que sacude la fantasía y te obliga a mirar lo que realmente hay.

Porque llegamos a las relaciones ya forjados. Con historias encima, con cicatrices viejas, con hábitos sanos… y otros no tanto. Con maneras de amar que aprendimos sobreviviendo, no siempre construyendo.

Y entonces es común escuchar:
“Así soy.”

Pero no…
Jamás digas “así soy” como excusa para quedarte inmóvil. Porque amar a alguien no debería significar romperlo para sostenerte intacta.

No es “así me conociste”.
Es “esto soy hoy, pero puedo crecer”.

Porque amar también es revisar lo que duele en uno, cuestionarse, cambiar lo necesario y aprender nuevas formas de quedarse.

Una relación sana nunca es una guerra de egos, ni un lugar donde uno cede todo mientras el otro permanece igual. Es un ganar-ganar. Es encontrarse a la mitad, incluso cuando el camino es difícil.

Porque cuando solo uno construye y el otro solo resiste, tarde o temprano todo pesa.

Y ahí entendí que el amor no es elegir a alguien una vez…
Es seguir eligiéndose en las partes incómodas, en los días grises, en las diferencias que incomodan y en las verdades que confrontan.

Si no hay voluntad de crecer juntos, por mucho amor que exista, el camino inevitablemente se vuelve un lugar de desgaste.

Y amar jamás debería sentirse como perderse a uno mismo.

Hoy lo entiendo:
el amor es hermoso, sí… pero no basta por sí solo.

Hace falta valentía para cambiar, humildad para reconocer, y madurez para construir.

Porque al final, amar no es solo quedarse…
es saber cómo quedarse sin destruir al otro en el intento.

By Irene Vargas!

Como cada año, volvemos a hablar de visibilidad, diversidad y comunidad LGBTQ+. Y aunque entiendo la importancia de segu...
27/06/2026

Como cada año, volvemos a hablar de visibilidad, diversidad y comunidad LGBTQ+. Y aunque entiendo la importancia de seguir ocupando espacios, de seguir nombrándonos y haciendo ruido para existir, hay algo que siempre me genera una profunda reflexión: la manera en que aún muchas veces se nos observa como si fuéramos algo ajeno, extraño o distinto a lo humano, como si perteneciéramos a una categoría aparte.

Y ahí es donde dejo de encontrar sentido.

Porque seguimos siendo personas.
Seguimos siendo humanos.

Amamos, lloramos, soñamos, nos rompemos y nos reconstruimos igual que cualquiera. Sentimos miedo, esperanza, pérdida y felicidad con la misma intensidad. La única diferencia está en aquello que nos mueve el corazón, en la forma en la que elegimos amar o habitar nuestra identidad.

Y aun así, eso nunca debería ser motivo para separarnos del resto.

Si lo pensamos bien, nuestras preferencias no son tan distintas a cualquier otra elección que hacemos en la vida. Es tan simple como quien decide ser vegetariano, quien prefiere pollo en lugar de carne, quien ama el mar y no la montaña, quien viste de negro o de colores. Son gustos, caminos, maneras distintas de experimentar la vida.

Lo verdaderamente extraño no es la diversidad.
Lo verdaderamente extraño es que todavía haya quien la vea como algo extraordinario.

Tal vez el verdadero avance llegará el día en que dejemos de hablar de tolerancia y empecemos a hablar de humanidad. El día en que entendamos que amar diferente no te hace menos, ni más, ni raro; simplemente te hace ser tú.

Porque nunca hemos sido una rareza.
Nunca hemos sido un fenómeno.
Solo hemos sido humanos, igual que todos.

Y si hoy necesitas un abrazo, aquí va uno.
No tengas miedo de sentir.
No tengas miedo de amar.
Y, sobre todo, no tengas miedo de ser quien eres.

Tu existencia, tu verdad y tu manera de amar merecen espacio, respeto y libertad.
Siempre…

By Irene Vargas!

Aprender…aprender que los tiempos nunca son iguales para todos.Que mientras uno intenta sanar hablando,otros sobreviven ...
10/05/2026

Aprender…
aprender que los tiempos nunca son iguales para todos.
Que mientras uno intenta sanar hablando,
otros sobreviven callando.
Que cada persona carga historias que no siempre sabe explicar,
procesos internos que avanzan lento,
miedos que se disfrazan de distancia,
y heridas que a veces terminan hablando más fuerte que el amor mismo.

También es entender que nadie tiene la responsabilidad absoluta de hacernos felices.
Porque la felicidad no puede descansar por completo en las manos de alguien más.
Nadie puede sostener eternamente un vacío que nos corresponde sanar a nosotros.

Al final, damos lo que poseemos.
Y quien vive en guerra consigo mismo,
difícilmente podrá ofrecer calma.
Quien no sabe abrazar sus propias sombras,
muchas veces termina lastimando incluso queriendo amar bonito.

Por eso amar también implica conciencia.
La conciencia de reconocer cuándo algo suma paz
y cuándo empieza a rompernos lentamente.
Saber cuándo insistir…
y cuándo soltar aunque duela.
Cuándo acompañar procesos
y cuándo entender que no nos corresponde salvar a nadie.

Así es el amor.
A veces son subidas luminosas donde todo parece sencillo,
y otras veces son bajadas silenciosas que nos confrontan con nuestros propios miedos.

Pero cuando alguien realmente logra estar en sintonía con nuestra alma,
el temblor no nos desestabiliza.
La incertidumbre no nos destruye.
Las diferencias no se vuelven guerra.

Porque existe una paz muy distinta cuando dos personas deciden encontrarse desde la honestidad emocional.
Una calma que no depende de la perfección,
sino de la disposición de quedarse, entenderse y construirse mutuamente.

Y entonces, incluso después del caos,
regresamos a nuestro centro.
A ese lugar donde el corazón deja de sobrevivir
y por fin puede descansar.

Quizás de eso se trata amar maduramente:
de no perderse intentando sostener a alguien más,
y aun así elegir compartir el camino.
Sin dependencia.
Sin máscaras.
Sin necesidad de salvar.

Solo dos almas aprendiendo que amar no es completar vacíos,
sino acompañarse mientras cada quien aprende a habitarse a sí mismo.

Eres arte.

By Irene Vargas!

Corazones rotos…¿alguna vez te sentiste sola estando acompañada?¿Alguna vez te llenaste de dudas aunque te abrazaran bon...
10/05/2026

Corazones rotos…
¿alguna vez te sentiste sola estando acompañada?
¿Alguna vez te llenaste de dudas aunque te abrazaran bonito?
¿Alguna vez miraste a alguien a los ojos y aun así sentiste una distancia imposible de explicar?

A veces la vida puede parecer un tanto confusa…
confusa porque quizás la otra persona aprendió a amar distinto,
a comunicar desde sus heridas,
desde sus silencios,
desde sus miedos.

Y entonces empiezas a preguntarte si eres tú la que siente demasiado,
si eres tú la que espera mucho,
o si simplemente dejaron de vibrar al mismo ritmo.

Porque hay conexiones que se aman…
pero no logran encontrarse del todo.
Personas que se quieren,
pero hablan idiomas emocionales completamente diferentes.

Y duele.
Duele intentar entender a alguien que se encierra mientras tú solo quieres hablar.
Duele sentir que das amor de la manera más sincera posible
y aun así quedarte con la sensación de que algo falta.

A veces no es falta de amor,
a veces es falta de coincidencia emocional.
Falta de tiempos correctos.
Falta de claridad.
Falta de valentía para decir lo que realmente se siente.

Y mientras todo eso pasa,
uno empieza a romperse en silencio.
Sonríes, acompañas, escuchas, abrazas…
pero por dentro te preguntas cuándo fue que comenzaste a sentirte tan lejos estando tan cerca.

Tal vez crecer también significa aceptar que no todas las personas saben amar como nosotros necesitamos.
Que hay quienes huyen cuando uno solo quiere quedarse.
Y que existen batallas internas que ni el amor más bonito logra salvar si no hay comunicación, empatía y verdad.

Pero incluso en medio de tanta confusión,
hay algo que nunca debe perderse:
la capacidad de sentir.
Porque quien siente profundo también ama profundo,
y aunque a veces eso rompa el alma,
también significa que el corazón sigue vivo.

Eres arte

By Irene Vargas!

A veces nuestra relación, mi relación o tu relación, puede tornarse tensa por situaciones que muchas veces sí están en n...
07/05/2026

A veces nuestra relación, mi relación o tu relación, puede tornarse tensa por situaciones que muchas veces sí están en nuestro control, pero que por orgullo, ego o por no saber manejar lo que sentimos, terminan saliéndose de las manos. Y es ahí, en esos momentos donde el amor parece ponerse a prueba, cuando más debemos recordar por qué elegimos quedarnos.

Por eso querida chica, tú que me lees… cuida tu relación hasta donde sea sano. No destruyas lo que amas por un mal día, por palabras dichas desde el enojo o por un mal entendido que pudo haberse resuelto con calma y amor.

Porque a veces el silencio lastima más que la verdad. Porque el orgullo abraza fuerte, pero duerme frío. Y porque no siempre vuelve aquello que dejamos ir creyendo que “siempre estaría ahí”.

El amor no solo se trata de los días bonitos, de las fotos, las risas o las promesas dichas en momentos felices. El amor también vive en las conversaciones incómodas, en aprender a escuchar aunque estemos molestos, en quedarse a resolver en vez de irse a herir.

No permitas que un instante de rabia destruya meses o años de construcción emocional. Hay personas que aman bonito, aunque no sean perfectas. Personas que también se equivocan, que también tienen miedo, heridas, inseguridades y batallas internas que no siempre saben explicar.

Y sí, hay relaciones que terminan porque ya no son sanas, porque dejan de sumar o porque el amor cambia. Pero hay otras que se rompen simplemente porque nadie bajó el orgullo a tiempo.

Ama bonito, habla claro, abraza más, supón menos. Y recuerda que cuidar una relación no significa perderte a ti misma, significa aprender a construir sin destruirse mutuamente.

Porque cuando el amor es real, no se trata de ganar discusiones… se trata de no perderse el uno al otro…

Eres arte

By Irene Vargas!

magina que nacimos en un mundo donde el amor venía con instrucciones, donde nos enseñaron que el destino tenía una sola ...
07/05/2026

magina que nacimos en un mundo donde el amor venía con instrucciones, donde nos enseñaron que el destino tenía una sola forma, un solo nombre, un solo camino. Un mundo donde el corazón debía obedecer, y donde sentir diferente era visto como un error que debía corregirse en silencio.

Crecimos escuchando que la vida se construía de cierta manera, que el amor correcto tenía un molde, que la familia tenía reglas, y que salirse de ellas era perderse.

Pero algo dentro de nosotras nunca encajó del todo. Algo más fuerte que el miedo, más honesto que la costumbre, empezó a susurrar que el amor no puede enseñarse como una fórmula, que el alma no entiende de prohibiciones.

Y entonces rompimos. Rompimos expectativas, rompimos silencios, rompimos el guion que otros escribieron. Nos atrevimos a mirarnos sin culpa, a elegirnos sin permiso, a sentir sin pedir disculpas.

No fue fácil. Hubo miradas, hubo dudas, hubo momentos donde el mundo parecía demasiado estrechopara todo lo que llevábamos dentro. Pero también hubo verdad. Y la verdad pesa más que cualquier regla.

Hoy caminamos firmes, con la historia de muchas antes que nos abrieron camino, y con la responsabilidad de seguir avanzando para las que vienen.

No pedimos espacio: lo tomamos. No pedimos validación: existimos. No escondemos el amor: lo celebramos.

Porque amar así no es un error, es un acto de valentía. Es revolución en voz baja y en voz alta, es resistencia convertida en ternura, es orgullo que no necesita explicación.

Y aquí estamos, contra todo lo que nos dijeron que no podíamos ser, siendo exactamente quienes somos, Imagina que nacimos en un mundo donde el amor venía con instrucciones, donde nos enseñaron que el destino tenía una sola forma, un solo nombre, un solo camino. Un mundo donde el corazón debía obedecer, y donde sentir diferente era visto como un error que debía corregirse en silencio.

Crecimos escuchando que la vida se construía de cierta manera, que el amor correcto tenía un molde, que la familia tenía reglas, y que salirse de ellas era perderse.

Pero algo dentro de nosotras nunca encajó del todo. Algo más fuerte que el miedo, más honesto que la costumbre, empezó a susurrar que el amor no puede enseñarse como una fórmula, que el alma no entiende de prohibiciones.

Y entonces rompimos. Rompimos expectativas, rompimos silencios, rompimos el guion que otros escribieron. Nos atrevimos a mirarnos sin culpa, a elegirnos sin permiso, a sentir sin pedir disculpas.

No fue fácil. Hubo miradas, hubo dudas, hubo momentos donde el mundo parecía demasiado estrecho para todo lo que llevábamos dentro. Pero también hubo verdad. Y la verdad pesa más que cualquier regla.

Hoy caminamos firmes, con la historia de muchas antes que nos abrieron camino, y con la responsabilidad de seguir avanzando para las que vienen.

No pedimos espacio: lo tomamos. No pedimos validación: existimos. No escondemos el amor: lo celebramos.

Porque amar así no es un error, es un acto de valentía. Es revolución en voz baja y en voz alta, es resistencia convertida en ternura, es orgullo que no necesita explicación.

Y aquí estamos, contra todo lo que nos dijeron que no podíamos ser,siendo exactamente quienes somos, amando como sabemos amar…libres, firmes y profundamente orgullosas amando como sabemos amar…libres, firmes y profundamente orgullosas.

Eres arte princesa!!!

By Irene Vargas!

La convivencia en pareja… ¿alguna vez te has preguntado cómo sería despertar cada día al lado de ella? Compartir no solo...
28/04/2026

La convivencia en pareja… ¿alguna vez te has preguntado cómo sería despertar cada día al lado de ella? Compartir no solo la cama, sino también los silencios, las prisas, los desvelos, las risas a media madrugada y hasta esos pequeños caos que nadie te cuenta cuando idealizas el amor.

Te hablo desde mi trinchera, desde mi experiencia, desde las batallas pequeñas que se libran entre cuatro paredes y desde las victorias inmensas que nacen de un abrazo sincero.

Podría decirte que todo es miel sobre hojuelas, que cada día es perfecto, que nunca existen diferencias, que el amor todo lo vuelve sencillo… pero seguro me mirarías y me dirías: “qué gran mentira”. Y sí… mentiría.

Porque amar y convivir no es vivir en un cuento de hadas; es aprender a bailar entre tormentas sin soltarse de la mano.

En una relación somos como dos frutas distintas en la misma canasta: una mitad limón y una mitad naranja.
Una más ácida, otra más dulce.
Una más intensa, otra más suave.
Una que explota, otra que calma.
Y aun así… juntas hacen una mezcla única.

Creo que muchas veces yo suelo ser el limón.
La parte agria.
La que reniega, la que se desespera, la que a veces se encierra en sus pensamientos y responde desde el cansancio.
Pero, curiosamente, me encanta lo dulce…
Me encanta el amor bonito.
Los cariñitos inesperados.
Las palabras suaves.
Las miradas que abrazan.
Que me tomen de la mano sin pedirlo.
Que me digan “todo estará bien” cuando el mundo pesa.
Y seamos honestos… ¿a quién no le gusta que lo traten bonito?

La convivencia te enseña que amar no solo está en las flores, en los mensajes largos o en las fotos bonitas.
Amar también está en lavar un plato que no ensuciaste, en taparla cuando se quedó dormida, en guardar silencio cuando sabes que hablar desde el enojo puede herir, en ceder, en entender, en respirar y volver a intentarlo.

Porque vivir con alguien es conocer su versión despeinada, su carácter sin filtros, sus manías, sus heridas, sus días malos… y aun así elegir quedarse.

Es descubrir que el amor no siempre suena a poesía; a veces suena a “¿ya comiste?”,
a “avísame cuando llegues”,
a “yo lo hago, descansa”,
a “perdón, no era mi intención”,
o a ese simple “ven” cuando el alma necesita refugio.

Y aunque a veces yo sea limón y ella sea naranja…
aunque a veces choquemos, aunque a veces nos falte paciencia o nos sobren emociones…
siempre terminamos encontrando la manera de mezclarnos.

Porque al final, de eso se trata convivir:
de aprender a coincidir incluso en las diferencias,
de construir hogar en medio del caos,
de amarse bonito aun cuando no todo sea bonito.

Y si algo he aprendido…
es que cuando el amor es real, hasta lo agrio se vuelve parte de la receta. ✨

Eres arte

By Irene Vargas!

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