17/09/2025
17 de Septiembre: Espero, porque por Dios, vale la pena hacerlo
“Aguarda a Jehová; esfuérzate, y aliéntese tu corazón; sí, espera a Jehová.” – (Salmo 27:14)
Reflexión
Hermanos, esperar nunca es fácil. Vivimos en un mundo donde todo es “rápido”: comida rápida, internet veloz, entregas al instante. Pero el corazón humano, en lo profundo, sabe que las cosas verdaderamente valiosas toman tiempo. Y aquí es donde Dios nos habla claro: “Aguarda en mí, espera, porque valdrá la pena”.
¿Quién no ha sentido la desesperación de orar por algo y no ver respuesta? Tal vez has pedido por un trabajo, por la restauración de tu hogar, por un milagro en tu salud o por la conversión de un ser querido. Y el silencio parece interminable. Pero quiero decirte algo hoy: el silencio de Dios no es ausencia, es preparación.
El salmista nos anima: “esfuérzate y aliéntese tu corazón”. La espera no es pasiva, es un acto de fe. Mientras esperas, Dios fortalece tu carácter, p**e tu paciencia y te prepara para sostener la bendición que viene. Porque no se trata solo de recibir, sino de estar listos para lo que Él nos dará.
Quizás hoy estás tentado a rendirte, a pensar que tu oración nunca será respondida. Pero recuerda: el Dios que abrió el mar, el Dios que levantó a Lázaro, el Dios que multiplicó panes y peces, ¡sigue siendo el mismo! Y si Él dice “espera”, es porque lo que tiene para ti será más grande de lo que imaginas.
Esperar en Dios no es perder el tiempo, es sembrar confianza. Porque lo que viene de Su mano siempre llega en el momento perfecto, ni antes, ni después.
Oración
Padre amado, reconozco que muchas veces me cuesta esperar. Mis pensamientos se llenan de ansiedad, mis fuerzas parecen desvanecerse y mi fe se tambalea. Pero hoy, con humildad, me rindo delante de Ti y decido confiar.
Señor, dame la paciencia para aguardar tu tiempo, y la valentía para no rendirme en medio del silencio. Ayúdame a recordar que tu reloj nunca se atrasa, y que lo que preparas para mí es mejor de lo que puedo imaginar.
Padre, fortalece mi corazón, llena de esperanza mis días y enséñame a esperar con gozo, confiado en que Tú nunca fallas. Que mi vida sea un testimonio de fe, aun en los momentos donde la respuesta tarda. En el nombre de Jesús, amén.
Aplicación práctica
Ora con fe, aunque no veas nada: no abandones tu tiempo con Dios porque parezca que no responde.
Mantén tu corazón ocupado en lo bueno: mientras esperas, sigue sirviendo, amando y creciendo.
Escribe tus oraciones: así podrás ver en el futuro cómo Dios respondió en su tiempo perfecto.
Recuerda testimonios pasados: piensa en ocasiones donde Dios ya respondió y fortalécete con esa memoria.
Si hoy estás esperando, no estás solo. Dios no se ha olvidado de ti. Él escucha cada palabra, ve cada lágrima y entiende cada silencio. Sigue confiando, sigue creyendo, porque esperar en Dios nunca será en vano. Y cuando la respuesta llegue, mirarás atrás y dirás con certeza: valió la pena confiar en Él.