16/12/2025
Al principio, Jax pensó que era solo algo tirado junto a unos contenedores. Algo azul, quieto. Pero cuando se acercó, eso se movió. Y entonces escuchó un quejido muy débil. No era un objeto. Era un perro joven, completamente cubierto de pintura industrial que con el frío de la noche, se había endurecido sobre su cuerpo. No podía caminar ni hacerse bolita para entrar en calor. Solo temblaba.
Jax, que estaba acostumbrado a ver cosas duras en la calle, no lo pensó dos veces. Lo cargó en brazos, sin importarle ensuciarse, y pidió ayuda de inmediato. Lo llevaron a una clínica veterinaria cercana, donde pasaron horas quitándole la pintura y tratando de estabilizarlo. Los veterinarios le dijeron que, si hubiera pasado esa noche ahí, no lo habría logrado.
Jax pagó todo el tratamiento y decidió adoptarlo. Lo llamó Cobalto. Con los días, el perro fue mejorando y hoy está sano, viviendo con él, muy lejos de aquel callejón donde casi encuentra su final.