10/04/2026
El ocaso teñía de naranja la campiña de Characato. Un joven, jugando a esconderse entre las acequias empedradas, descubrió tres pesadas monedas de oro colonial enterradas bajo el barro. Emocionado por su tesoro, las escondió celosamente en su bolsillo y corrió a casa. Esa misma noche, una tormenta azotó el pueblo. Al dar las doce, un sonido perturbó su sueño: diminutas manos gélidas, con uñas afiladas como navajas, arañaban frenéticamente la madera de su puerta. Una voz gutural y aguda exigía, entre sollozos macabros, que le devolvieran su oro, prometiendo llevarse su alma pequeña si no saldaba inmediatamente su deuda.
Lo que encuentras en la campiña, le pertenece a la campiña.
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