01/10/2024
CONTAR LA HISTORIA
Prefiero a Gabo qué a Borges, antes que repetir la consabida monserga de que no todos los días ocurre algo nuevo, prefiero decir que uno puede “hacer que ocurra” algo nuevo.
Por algo la única diferencia entre nosotros y los primates es la imaginación. Y como diría Castoriadis “nuestra sociedad no es más que una institución imaginaria”.
En resumen, si bien el periodismo habla de hechos concretos y aspira a ser “objetivo”, se necesita imaginación para contar una historia, por más realista que esta sea.
He allí el punto, a fuerza de querer ser objetivos o de fingir serlo, seamos serios. Pues el periodismo actual ha terminado contándonos una película de horror todos los días.
Qué somos tontos, qué somos ignorantes, ¿qué no somos ricos, que somos malos para los deportes y que quizá somos unos artistas pasables, pero ¿para qué sirve eso?
“Si no hay dinero no hay felicidad”
Bueno, déjenme decir que todo eso es una reverenda mentira, una falacia que no resiste el menor análisis, porque si uno ve la vida de cada ser humano en este país, salvo uno que otro chibolin por allí, todos acá se sacan la mugre por vivir lo mejor posible y de progresar.
Ahora, ¿qué tiene que hacer la prensa? Pues contarnos la historia cómo de verdad es y no desde el punto de vista del que reparte los naipes.
Los hechos son los hechos, pero una historia puede contarse desde diferentes ángulos y uno puede poner de relieve lo que considera más importante. Por ejemplo, podemos decir como Aldo Mariátegui qué el pueblo peruano es ignorante y que tiene los gobernantes que se merece o podemos decir como decía su abuelo que, si era un verdadero periodista, que este es un pueblo luchador que siempre ha buscado su libertad pero que los dueños de la tierra o mejor dicho los que se adueñaron de ésta partiendo de las primitivas encomiendas, en contubernio con la potencia extranjera de turno han impedido qué esa libertad y ese desarrollo del país sea viable.
En fin, hay mil maneras de contar una historia, pero lo importante es ser lo más fieles posibles a la verdad. La verdad histórica, la verdad noticiosa, la verdad de los pueblos, no la de los tiranos y de los genocidas.
Por eso, no tengo hoy ninguna gana de felicitar a nadie por el día del periodista hasta que nos cuenten la historia cómo es y no como a las transnacionales y los fascistas quieren que nos la cuenten.
Apuesto por el futuro y por el porvenir humano. ¡Y que viva el periodismo! Verdadero, real y libre de la opresión del rating y la corrupción del dinero y el poder.