21/08/2014
Un artículo para reflexionar sobre nuestra Universidad de Huamanga. (Revista Punto G # 3) YA ESTÁ EN EL KIOSKO DE TU PREFERENCIA.
Luego de un largo periodo de gestiones políticas, intelectuales e incluso de movilizaciones de distintos sectores de la sociedad, en 1957 se reaperturó la Universidad de Huamanga. Desde entonces Ayacucho vivió de su universidad. ¿Cuánto ha cambiado esta situación en los últimos años? ¿Asistimos a caso a una de las peores crisis que enfrenta nuestra Primera Casa Superior de Estudios?
Hasta 1950 sólo existían en el Perú 8 universidades, de las cuales, 7 eran nacionales y una privada. Cuatro estaban en Lima: San Marcos, UNI, Agraria y la Católica. Las otras tres estaban en Trujillo, Arequipa y Cuzco.
La reapertura de la Universidad fue la demanda de la élite huamanguina como una reivindicación, luego del cierre de la misma después de la guerra con Chile. Desde 1940, está se fue convirtiendo en la demanda central de la ciudad, recordando las frases de Cristóbal de Castilla y Zamora, cuando la fundó por la suma pobreza de la tierra.
Conseguida la reapertura, la Universidad de Huamanga se distinguió casi de inmediato de las otras universidades del país. No por gusto, su primer rector, luego de la reapertura, había estudiado en la Universidad de Harvard y profesor de varias universidades norteamericanas. Es ese modelo de Universidad que trae, y organiza la Universidad de Huamanga bajo ese patrón: un ciclo básico, el sistema de créditos, los exámenes de exoneración para los alumnos que consideran que conocen la asignatura o materia, el currículo flexible, el ciclo semestral y la denominación no de años académicos ni ciclos o semestres, sino de series. La calificación cualitativa, por letras A,B,C,D y E, en lugar de la vigesimal.
Asimismo, impulsó los convenios con otras universidades, especialmente europeas.
El primer problema, era conseguir profesores que decidan venir a una ciudad alejada, que si bien contaba con servicio aéreo, este era dos veces por semana. La carretera que la unía con Lima era tortuosa y por ello llevaba el nombre de “sendero de la muerte”.
Había que tener mucha vocación o estar decepcionado de Lima, o contar con incentivos que te hagan dejar las comodidades de la capital –la mayoría de los profesores eran jefes de práctica o profesores auxiliares en universidades de Lima- para aceptar venir a Huamanga, donde iban a vivir casi aislados, sin periódicos del día, en viviendas sin servicios básicos: agua potable y alumbrado deficiente.
Pese a estas limitaciones aceptaron el reto y vinieron. Con ellos llegaron los primeros estudiantes, primero de las ciudades cercanas, pero luego el prestigio de la Universidad de Huamanga, lograda con el esfuerzo y la dedicación de sus profesores, atrajo a decenas de estudiantes de otras regiones del país, al extremo que en 1970, el número de estudiantes foráneos superaba al de nacidos en Ayacucho...
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