23/01/2026
¿Se han dado cuenta de que vivimos tiempos difíciles?
Encendemos la televisión o revisamos las redes sociales y lo primero que vemos son guerras, corrupción, extorsiones, protestas violentas, incluso a las fuerzas del orden involucradas en crímenes. Recientemente, atravesamos una pandemia global. Todo parece indicar que el mundo está en crisis.
Pero esto no es nuevo. Lo que vivimos hoy es parte de un proceso natural, un ciclo que se repite a lo largo de la historia. Estamos siendo testigos de una nueva Edad Media.
Según enseñanzas del oriente, todas las civilizaciones están sujetas a la ley de la ciclicidad: nacen, crecen, alcanzan su esplendor y finalmente decaen. Esta dinámica se ha cumplido desde siempre.
El Imperio Romano, por ejemplo, comenzó en el 27 a.C., vivió una época de esplendor entre el 98 y el 117 d.C., con estabilidad económica y militar, pero cayó en el 476 d.C. por invasiones babarás, descentralización y pérdida de poder.
Lo mismo ocurrió con el Imperio Incaico, el más grande de América precolombina. Nació en Cusco en el año 1200 d.C., vivió su apogeo en el siglo XVI, pero tras una guerra civil y la llegada de los españoles, cayó en 1532.
Estos procesos nos enseñan que no debemos dramatizar las crisis, sino comprender que, así como existen el día y la noche, el verano y el invierno, hay épocas de crecimiento y épocas de decadencia. La Edad Media, por oscura que parezca, es también una pausa necesaria para la evolución del ser humano.
Ahora bien, no todos vivimos esta nueva Edad Media de la misma forma.
En un mundo globalizado, donde la tecnología domina nuestra vida diaria, quienes más dependen de ella son también los más vulnerables al colapso.
Pensemos en el reciente apagón en España, que dejó a varias ciudades sin energía. Hubo caos, preocupación, incluso pánico. Hoy todo depende de la electricidad: hacemos transferencias, usamos redes sociales, trabajamos y estudiamos en línea. Vivimos conectados.
Pero ese mismo apagón en una comunidad rural de los Andes, donde no hay internet, ni energía eléctrica, donde se camina o se va en b***o, donde se usa poco dinero y se vive con lo básico, pasaría casi desapercibido.
La Edad Media moderna afecta más intensamente a las sociedades que han evolucionado materialmente, pero han descuidado su crecimiento interno.
Nuestros abuelos imaginaron un 2025 con ciudadanos más sabios, más éticos, más humanos. Pero la realidad es otra: presidentes presos, divisiones sociales, violencia, pérdida de valores.
Hoy repetimos los errores del pasado. Hemos centrado nuestra vida en lo externo, y hemos dejado de lado lo esencial. Perdemos la fe, la ética, el respeto, la compasión, el arte, la cultura y la sensibilidad.
Nos domina el miedo, la desconfianza, el prejuicio, el egoísmo. Ya no creemos en los demás… ni en nosotros mismos. Buscamos aprobación en cosas y personas que no llenan el vacío interior.
Entonces, ¿qué podemos hacer?
La respuesta está en volver al centro, a nosotros mismos. No esperemos que el futuro llegue por arte de magia. El futuro no existe, solo existe el ahora, y lo que hagamos con nuestras manos y decisiones en este momento.
Construyamos desde hoy el mundo que queremos. Trabajemos nuestro carácter, alimentemos nuestra fe, mejoremos nuestra cultura. Dejemos atrás los malos hábitos, las distracciones vacías, y aprendamos a vivir de forma sana, espontánea, natural, física, emocional y espiritualmente.
Volvamos a valorar el arte, la poesía, la música, a tener conversaciones reales y profundas, a creer en algo más grande que nosotros.
Volvamos a lo que realmente somos, a lo que está en el fondo de nuestro ser.
Porque en medio de esta nueva Edad Media, también puede surgir un nuevo Renacimiento.
Eva Obregón.