16/04/2026
Nueva Constitución o Reforma del Estado: ¿Cuál es la salida a la crisis política del Perú?
Por: Alberto Moreno Alfaro ( periodista)
La crisis política peruana de los últimos años ha dejado una pregunta en el centro del debate: ¿se necesita una nueva Constitución o basta con una reforma profunda del Estado? Con ocho presidentes en menos de una década, un Congreso bicameral que debuta en 2026 y una desconfianza ciudadana que supera el 80%, la discusión ya no es solo jurídica: es política y social.
Desde la caída de Pedro Castillo en 2022 y la fragmentación partidaria, el país vive un ciclo de inestabilidad. El problema no es solo de personas, sino de diseño institucional. La Constitución de 1993 concentró poder en el Ejecutivo para gobernar, pero debilitó los partidos y dejó vacíos que hoy facilitan la vacancia presidencial, la disolución del Congreso y el bloqueo mutuo entre poderes. A eso se suma un Estado que no cierra brechas: 58% de peruanos siente que las decisiones favorecen más a Lima, y la corrupción ha capturado espacios clave. Por eso, parte del electorado y de la izquierda plantea una Asamblea Constituyente para “refundar” el pacto social. Otros sectores advierten que una nueva Constitución sin consensos puede agravar la incertidumbre económica.
Y un país polarizado asumir Nueva Constitución vía Asamblea Constituyente tiene
sus defensores que argumentan que el modelo económico y político de 1993 está agotado. Proponen redefinir el rol del Estado en la economía, fortalecer derechos sociales, descentralizar recursos y cambiar la relación Ejecutivo-Legislativo para evitar vacancias exprés. El riesgo es el tiempo y la polarización: redactar una nueva Carta toma años, y en un contexto de desconfianza puede terminar capturada por intereses particulares o economías ilegales. Además, la inversión privada tiende a paralizarse ante cambios de reglas de juego. La experiencia chilena muestra que un proceso constituyente fallido puede profundizar la frustración.
Mientras la Reforma integral del Estado sin cambiar toda la Constitución es una alternativa ofrecida pero nunca políticamente planteada.
Esta vía busca mantener la estabilidad jurídica, pero corregir los defectos más graves mediante reformas parciales. Los ejes serían:
Régimen político: elevar la valla para la vacancia presidencial y la cuestión de confianza, fijar plazos y causales objetivas, y regular la disolución del Congreso para evitar su uso como arma política.
- Sistema de partidos: voto voluntario con incentivos, elecciones primarias obligatorias, financiamiento público transparente y barreras efectivas contra candidatos vinculados a minería ilegal, narcotráfico o tala ilegal, algo que rechaza el 94% de peruanos.
- Descentralización fiscal y de gestión: transferir competencias con recursos y capacidad técnica real a regiones y municipios, priorizando el sur que concentra 17,6% del padrón y demanda proyectos como Majes-Siguas II y también Chavimoche lll.
- Justicia y seguridad: modernizar el sistema judicial, fortalecer la carrera pública meritocrática y crear unidades especializadas para atacar las finanzas del crimen organizado.
- Congreso bicameral: aprovechar su retorno tras 30 años para mejorar la calidad legislativa, con un Senado revisor y una Cámara de Diputados que represente mejor a las regiones.
Cualquier salida necesita tres condiciones: legitimidad, viabilidad y plazos. Una Asamblea Constituyente solo funcionaría si nace de un acuerdo amplio y con límites temáticos claros, no como cheque en blanco. La reforma del Estado es más rápida, pero exige que el próximo gobierno y el Congreso bicameral construyan una agenda mínima de consenso.
La crisis no se resuelve cambiando solo nombres ni reescribiendo todo desde cero. El camino más realista es una “reforma constitucional acotada + reforma del Estado profunda”. Ajustar los mecanismos de vacancia y disolución, fortalecer partidos, descentralizar con recursos y reconstruir la carrera pública pueden devolver gobernabilidad sin frenar la economía. La nueva Constitución puede ser el punto de llegada, no de partida: primero hay que demostrar que somos capaces de ponernos de acuerdo en lo básico. El electorado en segunda vuelta espera eso de los candidatos: menos ideología, más arquitectura institucional que permita que el país funcione cinco años seguidos. Es urgente crecer a un ritmo mínimo del 5% anual, por qué necesitamos generar empleo sostenible, pagar la deuda interna con las poblaciones más pobres, el campesino y los jóvenes. Más inversión para que el desarrollo y crecimiento del país sirva para todos los peruanos y la justicia social sea un mensaje claro a cumplir.