29/08/2026
🌱 La siembra y la cosecha de la papa en el Cajamarca de antaño
En épocas antiguas, en los campos de Cajamarca, la siembra de la papa era mucho más que una actividad agrícola: era una tradición que reunía a familias, vecinos y amigos en torno a la tierra y al trabajo comunitario.
Primero se preparaba cuidadosamente el terreno. Luego llegaba el día de la siembra, una jornada en la que participaban vecinos, familiares y peones, todos vestidos con la tradicional ropa del campo. Y, entre todas aquellas prendas, había una que nunca podía faltar: el infaltable sombrero chotano, símbolo de identidad y orgullo de nuestra gente.
Con las primeras luces del día comenzaba el trabajo. Después de rayar los surcos, uno de los trabajadores colocaba cuidadosamente la semilla de papa, mientras otro depositaba el abono. Detrás de ellos, los demás peones iban cubriendo los surcos con la tierra, dejando protegida la semilla que, con el paso de los meses, habría de convertirse en una abundante cosecha.
Al llegar la hora del almuerzo, el cansancio se olvidaba alrededor de una buena comida. Para los peones y ayudantes se preparaba un delicioso cuy acompañado de papas, un plato tradicional que fortalecía el cuerpo y también celebraba la unión de quienes habían trabajado juntos.
Al finalizar la siembra, el dueño del terreno realizaba un gesto lleno de fe y tradición: elaboraba una cruz de madera y la colocaba en medio de la chacra. Era una forma de encomendar la siembra a Dios, pidiendo su bendición y protección para que las plantas crecieran fuertes y la cosecha fuera abundante.
Y así pasaban los meses, hasta que llegaba la esperada época de la cava de papa.
Entonces comenzaban nuevamente las mingas. Vecinos, familiares y amigos se reunían para compartir el trabajo. Entre conversaciones, risas y esfuerzo, la tierra comenzaba a entregar sus frutos. Cada papa recién extraída era motivo de alegría, porque representaba el resultado de meses de trabajo, esperanza y dedicación.
Y al llegar el momento del almuerzo, había un manjar que no podía faltar: la papa recién cavada y sancochada, acompañada de un buen trozo de queso.
Así era la vida en los campos cajamarquinos de antaño: una vida de trabajo, solidaridad, fe y costumbres que se transmitían de generación en generación.
Porque en Cajamarca, la papa no solo se sembraba en la tierra; también se sembraba en el corazón de nuestra gente. 🌱🥔❤️