04/08/2026
✍️ MINUTOS CON DIOS: 04/09/2026
"No te hundes por la fuerza de las olas ni por la intensidad del viento, sino por apartar la mirada de Jesús en medio de la tormenta."
🥖 EL ALIMENTO ESPIRITUAL: Leer Mateo 14, 22-36
«Al momento Jesús les habló diciendo: “¡Ánimo, soy yo; no temáis!”... Pero al ver la fuerza del viento, tuvo miedo y, comenzando a hundirse, gritó: “¡Señor, sálvame!” Al punto Jesús, extendiendo la mano, lo agarró.» (Mt. 14, 27. 30-31)
🙏 Reflexión para llevar contigo hoy:
Tras la multiplicación de los panes, Jesús obliga a sus discípulos a subir a la barca e ir a la otra orilla mientras Él sube al monte a orar solo. Entrada la noche, la barca se ve sacudida por las olas y el viento contrario. Este pasaje nos deja enseñanzas profundas para afrontar nuestras propias tempestades:
Jesús camina sobre lo que a ti te atemoriza: El viento y el mar embravecido representaban el caos y el peligro. Jesús se presenta caminando sobre las olas para mostrar que lo que a nosotros nos abruma y parece incontrolable, está bajo su absoluto dominio y autoridad.
El peligro de mirar la tormenta y no al Maestro: Pedro tuvo la fe de dar el primer paso y caminar sobre el agua a la llamada de Cristo. Sin embargo, al apartar sus ojos de Jesús y fijarse en la fuerza del viento, entró en pánico y empezó a hundirse. Cuando los problemas cotidianos nos abrumen, no contemos la fuerza de las olas; mantengamos la mirada fija en el Señor.
La mano que siempre se extiende a tiempo: Pedro no intentó nadar por sus propios medios ni disimular su debilidad; simplemente gritó: «¡Señor, sálvame!». La respuesta de Jesús fue inmediata: no esperó a que llegara a la orilla para corregirlo, sino que extendió la mano y lo sostendó al instante.
La paz que llega al tocar su manto: Al llegar a la otra orilla, la gente de Genesaret traía a todos los enfermos y con solo tocar el borde de su manto quedaban sanos. Su presencia no solo calma los vientos de nuestra barca, sino que sana las heridas del alma.
No importa lo agitado que esté tu mar hoy ni qué tan fuerte sople el viento en tu entorno. No estás a la deriva: grita con fe, extiende tu mano y deja que Jesús tome el control de tu barca.
Foto: MPA