11/09/2026
Más de 107 mil estudiantes en La Libertad bajo la sombra del riesgo climático
Por Juan Manuel Salinas Guerra
Hay cifras que deberían provocar más preocupación que una estadística electoral, un discurso político o una inauguración con cinta y fotografía. Una de ellas es esta: más de 107 mil estudiantes de La Libertad se encuentran expuestos a niveles alto y muy alto de riesgo frente a movimientos en masa asociados a lluvias intensas, según escenarios de riesgo utilizados por el Ministerio de Educación. La cifra no significa que esos 107 mil estudiantes necesariamente dejarán de estudiar durante 2026. Significa algo más incómodo: existe una población educativa considerable cuya continuidad escolar puede verse amenazada si las lluvias intensas desencadenan huaicos, deslizamientos, inundaciones o daños en la infraestructura educativa. Y aquí aparece la pregunta que debería hacerse toda autoridad: ¿estamos esperando que ocurra el desastre para recién reaccionar?
En La Libertad conocemos demasiado bien esta historia. Primero llegan las lluvias. Después aparecen las fotografías de calles inundadas, colegios afectados, carreteras bloqueadas y familias reclamando. Luego comienzan las reuniones de emergencia, las comisiones, las actas y los anuncios de presupuesto. Mientras tanto, el estudiante pierde clases. Un día puede parecer poco. Una semana ya representa un problema. Pero cuando la interrupción se prolonga, especialmente en comunidades rurales y sectores vulnerables, el costo educativo puede ser mucho mayor que el daño material visible.Un aula se puede reparar. Recuperar semanas de aprendizaje perdido es mucho más complicado.
El escenario de riesgo asociado a movimientos en masa utilizado por el sector Educación identifica en La Libertad 1,390 locales educativos ubicados en niveles alto y muy alto de riesgo, asociados a esta amenaza. Detrás de cada local hay alumnos, profesores y familias. Por eso la discusión no debería limitarse a cuántos millones se necesitan después de una emergencia. La verdadera discusión debería ser cuánto estamos invirtiendo antes de que ocurra. Porque prevenir siempre será más barato que reconstruir.
Existe además un error frecuente al hablar de continuidad educativa: pensar que basta con tener una infraestructura escolar en buenas condiciones. No es así Un colegio puede estar intacto y, sin embargo, los estudiantes no llegar. Una carretera destruida, un puente afectado, un camino rural convertido en quebrada o una inundación pueden impedir que cientos de niños y adolescentes lleguen a sus aulas. La continuidad educativa, por tanto, necesita una mirada territorial.Educación, municipios, Gobierno Regional, INDECI, CENEPRED, transportes y comunidades deben trabajar sobre un mismo mapa de riesgos. De poco sirve tener un colegio seguro si el camino que conduce hasta él se convierte en un río.
Los candidatos a las municipalidades de La Libertad pueden llenar plazas y redes sociales con promesas de seguridad, obras, pistas, parques y cámaras. Pero deberían responder también:¿cuántos colegios de su jurisdicción están expuestos a inundaciones o movimientos en masa?, ¿cuáles son las rutas de evacuación?, ¿existe un plan de continuidad educativa?, ¿qué zonas quedarían aisladas ante lluvias intensas?, ¿qué infraestructura crítica debe protegerse primero? Estas preguntas deberían formar parte de cualquier debate municipal serio.