11/09/2026
PLEGARIA PIDIENDO SER LIBRADO DE LOS ENEMIGOS
Hay momentos en la vida en los que uno no solamente enfrenta un problema: enfrenta acusaciones, incomprensión, traición y oposición.
Y ahí aparece Salmos 35.
David no está simplemente diciendo: “Señor, dame fuerzas para aguantar”. Está llevando delante de Dios una causa que considera injusta. El salmo es una oración de lamentación, petición de justicia, confianza y alabanza.
Una frase resume muy bien su espíritu:
“Disputa, oh Jehová, con los que contra mí contienden” (Salmo 35:1).
David no toma la justicia completamente en sus propias manos. Lleva su conflicto ante Dios.
1. CONTEXTO DEL SALMO 35
Autor y situación
El salmo lleva el nombre de David y pertenece al grupo de salmos de súplica individual. El texto describe una situación en la que David está siendo perseguido por personas que, según su propia declaración, lo atacan sin causa.
No se nos proporciona un acontecimiento histórico específico con suficiente claridad para identificarlo con certeza. Por eso, es mejor no imponerle al salmo una situación concreta.
Lo que sí conocemos es el escenario:
David está enfrentando oposición injusta.
Sus enemigos:
• contienden contra él;
• levantan acusaciones;
• buscan su caída;
• devuelven mal por bien;
• se alegran de su sufrimiento;
• y esperan verlo derrotado.
Pero David responde llevando el conflicto a Dios.
¿Cuál es la estructura del Salmo 35?
Podemos dividirlo en tres grandes movimientos:
I. “Señor, pelea por mí” — Salmos 35:1-10
David pide intervención y liberación.
II. “Señor, mira lo que me están haciendo” — Salmos 35:11-18
David describe la traición y la injusticia.
III. “Señor, tú has visto” — Salmos 35:19-28
David vuelve a pedir justicia y termina afirmando su confianza y alabanza.
El salmo, entonces, tiene un movimiento espiritual muy interesante:
Del conflicto a la oración; de la oración a la confianza; y de la confianza a la alabanza.
REFLEXIÓN FINAL
Salmos 35 comienza con una petición:
“Jehová, pelea contra los que me combaten”.
Y termina con una decisión:
“Mi lengua hablará de tu justicia”.
Ese es el gran movimiento espiritual del capítulo:
David no niega el conflicto.
No niega el dolor.
No niega la injusticia.
Pero decide llevarlo delante de Dios.
Y aquí encontramos una poderosa enseñanza para nuestra vida:
No siempre podremos controlar lo que otros dicen de nosotros, pero sí podemos decidir quién gobernará nuestra respuesta.
Cuando seas acusado, no abandones la verdad.
Cuando seas traicionado, no abandones tu integridad.
Cuando seas herido, no permitas que la herida se convierta en odio.
Cuando no puedas defenderte, recuerda que Dios conoce tu causa.
Y cuando finalmente llegue la mañana después de la noche de angustia, que puedas decir como David:
“Mi lengua hablará de tu justicia y de tu alabanza todo el día”.
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