30/06/2021
LA CEGUERA ÚTIL
Por: Jorge A. Castillo
Se han pronunciado muchos artistas e intelectuales iqueños en contra del latrocinio cometido por el municipio al haber cambiado la escultura original de Abraham Valdelomar en un parque importante, del mismo nombre, en el centro de la ciudad. A pesar de lo acertado de esa queja, no es suficiente, y, me atrevería a decir, es superfluo y ridículo. Pero sobre todo es sintomático, en distintos planos simbólicos de la queja, de lo mal que estamos —ya no digo de nuestras autoridades: eso lo doy por descontado— sino de nuestros artistas e intelectuales, quienes están llamados, creo yo, a ser las voces críticas y que den algo de luz en medio de tanta zozobra. Me explico. Ica tiene pocos parques públicos y en parte se debe a que es una ciudad en medio del desierto que sufre, desde hace muchas décadas, un estrés hídrico; es decir, tiene falta de agua, el recurso mínimo para mantener las áreas verdes. Decía que, de los pocos parques públicos que tiene esta soleada ciudad, el parque Abraham Valdelomar debe ser uno los pocos que era digno: para llegar a él se atravesaba un corta calle —calle Comercio— lleno de unos árboles gigantes e, imagino, centenarios, un lugar lindo, y ya en el parque, bastante amplio y también poblado de distintos árboles, tenía en general bastante espacio para estar tranquilo, solitario y meditabundo, mirar la vegetación y a los mirlos y chaucatos que pueblan sus ramas, también tenía sus zonas algo oscuras que favorecían el amor y el delito en partes iguales. Sin ser un gran y hermoso parque, el Abraham Valdelomar, tenía su gracia y prestancia.
Pero vayamos al meollo de la situación: justo en el centro de ese parque había una escultura de bronce, nada espectacular tampoco (tenía la clásica pose del intelectual meditabundo, muy a lo vallejiano, con el puño sosteniendo el rostro, y eso que hay bastantes registros fotográficos de Valdelomar de su grácil y rechonchino rostro), pero que, sin embargo esa escultura de bronce era un trabajo serio, realizado por un escultor profesional reconocido, Víctor Pacheco Cabezudo, entregado en ceremoniosa fiesta de gala en 1988. Todo bien hasta ahí. ¿Qué paso ahora? En su afán “embellecedor” de la administración municipal se les ocurrió tirarse abajo esa escultura de bronce y cambiarla por una réplica hecha de plástico (¿?). Así es, tal cual. Además de eliminar todas las placas recordatorias que estaban en las columnas que sostenían el busto, así como agregar otros “detalles” como esos techitos de madera horripilantes, sin ningún sentido estético ni utilitario, además de un muralito huachafo recreando la escena más famosa del relato Caballero Carmelo. En suma, un desastre estético y un desperdicio monetario, sin ningún criterio, ni interés urbanístico, ni estético ni nada. Yo diría todo lo contrario: es un atentado contra la belleza y cierta sobriedad mínima que deberían tener los espacios públicos. Es más, me atrevería a decir que los arquitectos que remodelaron ese parque, no tienen idea de la armonía, ni de la belleza urbana: arruinaron lo poco de lindo que tenía ese parque.
Por eso, hacen bien en quejarse los artistas e intelectuales de Ica. ¿Pero en realidad hacen bien?
Me temo que no. Solo defienden una suerte de posición superficial y epidérmica de lo que sucede cotidianamente en esta ciudad. En Ica, cotidiana y constantemente, se mata al buen gusto y la cultura. Tengo muchos ejemplos que dar. Pero antes, veamos, ¿cuándo se quejaron los artistas e intelectuales? Cuando eliminan una escultura de bronce de una de las pocas personas que le ha dado brillo a esta ciudad: Abraham Valdelomar. Cuando el principal símbolo de bronce es derribado y cambiado por uno de plástico es cuando saltan de sus asientos y organizan quejas furibundas. Es sintomático que el cambio del bronce por el plástico produzca eso, pero en Ica la destrucción del patrimonio material y natural es constante, la cegazón, el hacerte de la vista gorda y el culto el mal gusto cunde en esta ciudad desde hace años, sino décadas. Es, repito, sintomático que suceda esto. Solo conozco dos casos que, en el fondo, operan como una visibilización de su miopía y conservadurismo: la Templo de Luren y ahora, la escultura de Valdelomar. Siento que es como que dijeran, no importa si la ciudad está sucia, en ruinas, o huachafa, pero si respetan la escultura de Valdelomar y el Templo de Luren, todo bien, pueden seguir destruyendo el resto.
No hay que ser un especialista para darse cuenta, un ejemplo: la Plaza Bolognesi fue remodelada hace poco: oh dios, es un símbolo al mal gusto y la huachafería. ¿Saben de qué están hechas TODAS las esculturas de esa plaza? De plástico. ¿Alguien dijo algo? Nadie ¿Por qué? Porque no es Abraham Valdelomar y no la hizo el escultor Pacheco Cabezudo. ¿Se dieron cuenta que, siendo Ica una ciudad con escasez de agua, todas las plazas principales de la ciudad, incluida la Plaza de Armas, tienen piletas? (¿¿??) Además de ponerle esas luces discotequeras horribles, las esculturas de la Plaza Bolognesi parecen estar hechas por un manco como la de la he***na Catalina Buendía (que parece Fiona, la novia de Shrek) o la escultura al soldado peruano que tiene, además de un brazo más largo que el otro, porta un arma que es !un juguete de plástico! Increíble. ¿Dónde estuvieron los artistas e intelectuales iqueños para hacerle frente a esa aberración a los ojos? ¿Se dieron cuenta recién ahora? Bueno, nunca es tarde para hacer un freno, pero no seamos miopes, ingenuos, ni conservadores, señalemos lo que corresponde, vayamos al fondo del asunto, declaremos esta ciudad en emergencia por el mal gusto y la improvisación con la que se viene gestando. Ser radical —una palabra tan temida ahora por la coyuntura política que estamos pasando— no es otra cosa que ir a la raíz del problema. No tengamos miedo y afrontemos los problemas directamente a los ojos.