12/08/2025
UN AMOR ASÍ...
No sé cuando fue, ni en que momento
de mi vida apareciste, pero el destino es así,
él nos quiso reunir en el camino,
en una tarde en agonía que encendió mi vida
y me abrió espacios para ser feliz.
Te dije tantas cosas, y me sonreías al contarte
mi vida y mis sueños cuando avanzaba la noche,
y apareció la luna, al vernos encandilados
y muy acaramelados nos dijo:
Inicien ese amor que ya florece entre los dos,
entiendan que no abra otro momento igual.
Así procedí al verte hermosa, dulce, maravillosa;
entendí que eras el ideal para mi vida, y fui directo
para decirte tomando tus manos
mientras miraba tus ojos sorprendidos,
que ese momento era lo que busque en los caminos
que recorrí, porque al encontrarte halle lo ideal
como complemento para el resto de mi vida,
por ello, te declaro mi amor y te entrego mi ser.
No hubo palabras, solo miradas; ese silencio grito
en la oscuridad la complacencia y aceptación de ambos,
un roce suave de los labios fue el inicio de lo maravilloso
y dulce del amor cuando recién se inicia;
pero aquel beso no detuvo los instintos;
ella fue generosa con su forma y manera,
que sorprendió con lo encendido de sus arrebatos.
Ante aquel fuego violento y desesperado,
Él no fue cómplice de aquella hoguera,
y se apartó por breve instante para calmar
aquella tormenta que arrasaba aquel momento
con lo insaciable que avasallaba.
Me dijiste: Yo soy así, y así te ofrezco mi vida,
entiende que todo empieza con la intrepidez
y ahora que la noche es larga quiero
estarla contigo, pero si dices que no,
aquí se acaba tu universo y el sol de tus ilusiones.
He de romper mi silencio para decirte en respuesta:
Nunca tuve otro tiempo para ser feliz,
porque si hoy te conocí, fue para entregarte
mi amor limpio, respetuoso, único y sincero;
un amor que duraría para toda la vida,
pero si tu amor es como lo muestras, violento,
posesivo, y sin un horizonte definido,
solo será de una noche y un tiempo perdido,
y una ilusión desfallecida.
Yo busqué una mujer como tú en mis sueños,
y al encontrarte te imagine para toda la vida,
por eso me ofrecí a ti, para que no te vayas nunca;
pero si esta es tu forma, quédate aquí
donde te trajo el destino para mí,
y me iré con mis sueños hacia otra parte de la vida,
donde encuentre otro amor distinto al tuyo,
aunque la noche sea larga y no tenga
que lanzarme al abismo si encuentro a otra como tú,
con un amor desesperado y devorador,
tal vez fiero y asesino, que lo sentencia
a vivir solo una noche y sin ganas de volver.
Todo tiene una causa, un motivo y una razón
para analizar lo que trae el destino;
nada puede ser sin la prudencia y la calma,
en ello debe estar la decisión con inteligencia.
Nada debe ser por la hermosura o la belleza exterior.
Hay mucho en lo interior que no se percibe,
que está oculto y es propicio para el engaño.
El tratarse, es para incidirse en el conocimiento
de todos los aspectos que han de motivar el amor
con sus delicias y para toda la vida,
para hacer de los momentos una vida
maravillosa que trascienda en todos los días
haciendo una historia que sirva de ejemplo.
En esta noche que te trajo el destino
hay muchos desengaños, también enseñanzas
para no pecar por ese amor que llega
cuando es a primera vista.
Ambos se apartaron sin decir adiós,
jurando no volver por ningún motivo.
Pero el amor cuando llega, viene sin avisar,
y muchas veces con lo inmenso de su esencia,
aun en lo precario del conocimiento
él penetra más allá de los instintos, y deja huella
profunda muy a pesar del tiempo y la distancia,
creando una necesidad a pesar de los motivos
de su fracaso y su eminente ruptura.
Los dos buscaron otros caminos para ser felices,
pero no hallaron en esos caminos la luz
que encendiera nuevamente la ilusión;
fue para ellos duro porque el destino no les dio
la esperanza de un nuevo amanecer
con otro tiempo para ser felices.
Nada es previsible en los caminos de Dios,
todo puede acontecer, más aún cuando hay
momentos fortuitos que llevan al mismo camino.
Y aparecieron uno frente al otro,
como esa tarde en que el destino los unió;
no hubo espacio para escapar, y se enfrentaron
sin decir palabras, no había mucho que decir
solo: ¡Hola! ¿Cómo estás?
La frialdad se tornó en tibieza y hubo miradas
de alegría por aquel momento que el destino
los hizo reunir para hacer un nuevo tiempo,
quizás más feliz. Los dos sintieron que renacía
lo maravilloso de los momentos que vivieron
y que florecía nuevamente la luz de aquel universo
que se perdió por la esencia avasalladora,
y por el poco conocimiento de la forma y manera
del amor cuando es por primera vista.
Pero el destino es así, él tiende los caminos
muchas veces insignificantes,
otras veces profundos y misteriosos.
Aquel encuentro tenía la esencia del retorno,
pero no como la primera vez, incendiado e imaginable,
él volvió para renacer, volvió porque tenía
ganas de volver, distinto, con otros sueños,
con otro sentido de su esencia y de su forma,
volvió para estar entre los sueños complacidos,
pero respetuoso de los espacios
que deja lo que se recibe y se da.
Ese amor con ganas de volver, que perdió
ese tiempo que regalan los sueños,
ese amor que se fue desdeñando y asombrado
por su forma distinta de ser y de sentir;
ese amor que vuelve entre coros de los ángeles
para hacerlo distinto, para estar conforme
con lo que se vive, pleno de respeto
y con el corazón henchido de emoción,
lejos del abismo de la imaginación deforme
y los trazos de acciones que van más allá de
las noches largas, de la separación y la negación.
Es el destino que tras los espacios perdidos trae
otra vez al amor entre susurros para asombrar.
Para despertar de la modorra lo maravilloso del amor.
Para volver a sonreír. Para quedarse y no irse
como ayer dejando entre cenizas lo que pudo ser,
lejos del universo de la felicidad, en soledad,
con la noche fría y larga por la ausencia.
Y amaneció otra vez ese amor encendido,
para realizar los sueños, pero con otra forma,
otra manera, con el espacio para dar y recibir
sin la vehemencia ni el abuso, con el respeto
para preservar lo bello de su esencia,
sin el abismo de la soledad, ese amor que abraza
sin el frío de la ausencia, del adiós, ese amor
que se queda para no irse jamás.
Por todo ello vuelvo a ti, pero te daré mi concepto
del amor para que sientas y veas la maravilla
de su esencia, y eso es lo que recibirás para vivir
conmigo y en felicidad hasta el fin de la vida:
Entiende que cuando se enciende el amor
es semilla poderosa inserta en tierra fértil,
él germina como una flor embelleciendo la vida,
y crece a pesar de lo abrupto y lo difícil.
El amor no se minimiza, ni se usa para satisfacer
las querencias y los deseos escondidos,
él se expande regocijando el alma,
y ese embelesado deleite no tiene prisa
porque se disfruta con dulzura y calma.
Este embellecido sentimiento
trae con la certeza del corto tiempo
la reciprocidad y la dulzura de leches y mieles
que se disfrutarán con sin igual contento.
Porque esa corriente que produce
lo entreteje para añejarlo con el tiempo.
Porque es noble y no se envanece.
Porque soporta cambios y los acepta.
Porque el amor no se ve, pero se siente,
y ese sentir es como un maravilloso elixir
que lo hace paciente y tolerante,
capaz de entender y perdonar.
Cuando se enciende el amor,
hay que dejar abiertas puertas y ventanas
para que los vientos promuevan reciprocidad
y disipen la esclavitud de la soledad y la indiferencia.
El amor es un sublime cosquilleo
que hace retozar el corazón y el alma,
es un extraordinario trinar que troza la calma
porque es una realidad que llena los anhelos
El amor está lleno de fe y no tiene dudas,
es generoso y no establece condiciones,
él es feliz aún con lo poquito que recibe.
Por eso, cuando se enciende el amor,
se añeja rapidito y es recíproco,
y su fuego se expande convertido en pasión,
es fiel y dura para siempre.
Es más fuerte aún que la amistad,
y mucho más que el odio.
Porque embellece y ennoblece la vida.
Porque lo da todo sin pedir respuesta.
Porque cierra los ojos y ve con el alma.
Porque cuando nace el amor puro,
es como un niño, inocente y maravilloso,
con él hay un solo camino, y es hasta el final.
Pero te pediré que ante cualquier arrebato
antepongas prudencia para que entiendas que
todo se organiza cuando el sol disipa la bruma
al despertar el día, y su avanzar lento besa y acaricia
con dulzura la tierra como si fuera su primer amor.
Cuando la tierra se despereza es alegre y coqueta;
en esa secuencia de las rutinas es complaciente
el ordenamiento sin la avalancha de las prisas
y las prioridades, aquellas que dan vida moviendo
los instintos, lentos, hasta que el cansancio
susurra en el ocaso del día, allí, cuando
la brisa suave trae las melodías de la noche.
Muchas veces el peso y la magnitud de los sueños
despierta a la realidad, y toda prisa desmaya
parapetando los caminos; en esos momentos
es necesario detenerse para que en la paz
y el sosiego se aproveche para respirar profundo
en la quietud de la prudencia.
Para analizar prioridades, porque sin la terca
fuerza de la vehemencia se diluye el espejismo
y los fantasmas en el horizonte; con ello,
se abre la posibilidad de otro sueño de peso menor
para encandilar con dulzura otro palpitar.
Todo tendrá su agradable momento y lugar,
y nada será más importante que terminar
lo que se empezó con la ilusión de los sueños,
la pasión del esfuerzo y la responsabilidad, para
convertirlos en realidad, sin premura ni vehemencia.
Si tus pasos agitados te arrastran desgarrando
los días de tu preciosa vida, porque tu esencia es más
fuerte que tu prudencia y tu carácter, pon el freno
poderoso de tu voluntad y busca con afán
algún destino u objetivo que oriente tu mediato
transitar; sin ellos, estarás perdida y vacía en un
deambular sombrío, llena de espejismos y fantasmas.
Será necesario salir de esos predios sin fronteras para encontrar sin demora el camino del regreso, para
analizar los instantes de tus nocivas pasiones.
Sabrás entonces que tu cuerpo es un todo,
que cada parte es esclavo del resto;
el primero y el segundo es parte del tercero, y todos
ellos son un conjunto solidario con los sentimientos.
Todas las partes están unidas sin egoísmo
y con mucha humildad.
Cada parte es un siervo del resto, sin privilegios
ni poder, no se enseñorean y todos siguen el ejemplo.
Porque cada uno cumple propósitos sin queja y sin
exponer su atención más allá de lo digno, justo y necesario.
Nadie por sí solo hace su voluntad,
todos marchan tras el objetivo, y en conjunto
son poderosos porque van tras el camino discernido
de lo bueno que el corazón define.
Así como un ejército, resulta muy fácil ganar
la batalla a lo abrupto que desune.
Cuando una parte se retrae en sufrimiento
fortuito o por desgaste, todo el conjunto
hermanado va más allá del día o la noche
abanderando la dignidad del conjunto,
para con esfuerzo aliviar y curar la dolencia,
y no hay descanso hasta el logro del propósito.
Pero el cuerpo humano es de carne, susceptible
al deterioro irremediable, por ello se sucumben
los sentimientos y se pierde lo maravilloso ganado
sin pena ni gloria, perdido en el olvido.
El espíritu y los sentimientos son el sustento
para perdurar la relación en el tiempo,
porque es vida eterna; porque mientras
están en el cuerpo hacen un grupo indisoluble,
como eslabón de cadena, siempre en el camino limpio
de la prudencia y el razonamiento con inteligencia.
Basado en todo ello, hoy regreso a ti,
para continuar este amor que el destino ha puesto
nuevamente en nuestro camino,
para entender que el amor es el bello sentimiento
que al ser recíproco en la misma cantidad y sabor,
llevara la relación en que caminaremos
hacia el horizonte de la felicidad,
definido en unión y esfuerzo, en las costumbres
que se tendrán al convivir con la verdad y el respeto,
porque el amor es el sol que ilumina,
es la flor que perfuma, es la dulzura que lo
consigue todo sin esfuerzo en el primer intento.
Porque sabremos valorar el respeto que será
la interrelación diaria y para toda la vida.
Para permitir de cada uno el conocer
sus limitaciones, ofreciendo con ternura el camino
de la sabiduría para el cambio.
Para que no exista el minimizar y el ofender.
Para que la palabra dura y las acciones
se truequen en dulzura y caricias para crecer.
Para desarrollar un estado positivo del ánimo
orientado hacia horizontes de regocijo.
El diálogo será el condimento que sazone
a borbotones, para que las insignificancias o
grandezas sean solo motivo para mirarse
a los ojos, para cogerse las manos, para hablar
con honestidad y sin temores.
Para analizar certeramente los sentimientos que
puedan perturbar el entendimiento.
Porque nadie es igual al otro,
ni nadie es perfecto, pero el uno y el otro
deben comunicarse para mejorar.
La prudencia a de ser para ser conscientes de las
diferencias. Para valorar el inmenso regalo de Dios.
Para ser inteligentes y razonar,
pero sin orgullo y sin soberbia.
Para que no enerve lo insignificante o la reacción
acre. Para que se permita meditar
antes que reaccionar. Para que no flamee
el carácter porque la ofensa es el dardo
que hiere profundo. Para que el silencio sea
el magnífico escudo que salve el amor.
Para que sea la brisa que apague el fuego.
Para minimizar situaciones y dialogar con altura
mirándose a los ojos, con tranquilidad y paz en el alma.
La humildad es la más tonificante,
ella permite tener paz en el alma.
Para que el amor se lleve con paso lento y seguro.
Para que el trato suave y dulce haga gesticular
el rostro de complacencia y alegría. Para que las manos
se extiendan de alegría para cobijar con ternura.
Para que la boca exhale suavidad en las palabras.
Para que el corazón regale tanto amor que prohíba
la amargura, el llanto y el fracaso.
Para que se entienda que los sentimientos se edifican
en un solo cimiento que es el amor incondicional.
La felicidad siempre se sustenta en el amor,
el respeto, el diálogo, la prudencia y la humildad,
pero tiene su justificación en lo siguiente que ha de
llevar hasta el fin de los días, y son:
La razón y la verdad, la voluntad por convicción,
la alegría, la esperanza, la fe, la inteligencia
y la sabiduría, la certeza para ser feliz, lejos, muy lejos
del avasallamiento, la soberbia y el carácter.
Porque estoy consciente y seguro
de tu verdad y sentir, regreso a ti,
porque el destino te trajo a mi, para toda la vida.
Ricardo Ayestas Butler.