31/01/2026
“Take On Me” – a-ha (1985)
Antes de convertirse en un himno, fue casi un fracaso.
En 1984, la canción salió al mundo… y nadie la escuchó. Pasó desapercibida, como un susurro perdido en la radio. La banda estaba al borde de rendirse.
Pero había algo en esa melodía.
Algo insistente.
Algo que no quería morir.
La regrabaron en 1985. Más intensa. Más pulida. Más urgente. Y entonces ocurrió.
Ese sintetizador inicial —frío, brillante, casi eléctrico— abre una puerta. La voz de Morten Harket entra como un grito contenido, subiendo a un falsete imposible, casi desesperado. No es solo una invitación romántica… es un salto al vacío:
“Take on me… take me on…”
Como si el amor fuera una carrera contra el tiempo.
Y luego el video.
Un mundo en blanco y negro, hecho de trazos y sombras. Un cómic donde el protagonista intenta escapar de un destino incierto. Manos que atraviesan dimensiones. Persecuciones. Una frontera entre lo real y lo imaginario. No sabes si es fantasía… o una huida.
El videoclip fue revolucionario, pero también inquietante:
¿Quién cruza hacia el otro lado?
¿Quién se queda atrapado en el papel?
En medio del brillo pop, la canción tiene algo melancólico. Habla de arriesgarse antes de que sea demasiado tarde. De decir “sí” antes de que el tiempo borre la oportunidad.
Fue número 1. Fue furor.
Pero en el fondo, sigue siendo una historia sobre el miedo a desaparecer… y el deseo desesperado de ser elegido.
Un himno luminoso por fuera.
Con una sombra ochentera latiendo por dentro.