28/07/2022
MEMORIAS DE LIMA.
Periódico de Ayer.
El transporte Público en los 70s.
Sin duda alguna que en aquellos tiempos fuimos coronados como gladiadores, apiñados, viajando en el estribo, con asientos donde los resortes nos hacían felices, o simplemente esos mismos asientos nivelados con baldes de aceite, choferes que apestaban como sus unidades, cobradores gritones, ladroncillos de billeteras y cuanto mercachifle subía a ofertar productos que nadie utilizaba pero que todos compraban porque les daba pena, así, con esta breve descripción comenzamos la crónica del recuerdo del día de hoy.
Tomar un vehículo era un verdadero suplicio en horas punta, largas colas se formaban en los paraderos de los buses formales, mientras que las líneas de micros llevaban en su interior a pasajeros apachurrados los mismos que nos asfixiábamos con el mal olor que tenía la unidad.
Aquellos micros tenían por lo menos 15 años de antigüedad, algunos carecían de luces, esos no transitaban de noche, en algunas unidades pude ver que el asiento del chofer estaba compuesto por un balde de aceite y un cómodo cojín, mientras que los asientos de los pasajeros estaban rotos y sucios, las unidades de transporte no gozaban de una buena limpieza como lo son ahora, los cobradores a voz en cuello gritaban los paraderos ficticios, pues paraban donde les daba la gana, esos mismos cobradores eran los que se bajaban en una avenida con gente y comenzaban a llamar a los pasajeros mencionando la ruta que iban a trazar por ejemplo: “Barranco, Miraflores, Larco, Arequipa”, “carro vacío”, pero si el carro estaba que reventaba de gente, y si un incauto quería bajarse porque no soportaba los apretujones el cobrador en buen talante decía: “pero viejito, tranquilo, ahorita bajan…” y te hacías la ruta completa y recién cuando llegabas al paradero final el micro se vaciaba totalmente.
Es durante estos apretujones que grupos de ladronzuelos solían hacer de las suyas y robar una que otra billetera, los cobradores que conocían bien a estos facinerosos anunciaban con voz muy varonil: “cuiden sus billeteras…”, ahí nos dábamos cuenta que algún pericote había subido a la unidad.
Si existía algún accidente, como no contaban con SOAT en aquel entonces, el herido tenía que hacerse cargo de los gastos que deviniera del accidente, pero si el accidente era mortal, la empresa de transportes hacía oídos sordos y el mu**to corría con su gasto de sepelio.
Los pocos omnibuses que circularon por el centro de Lima botaban monóxido de carbono por una chimenea que tenían en la parte posterior del vehículo, estos buses eran del año 50, sus repuestos -como muchos de los carros que recorrían Lima- eran caros y casi no existían en el mercado, la importación de las autopartes resultaba ilusa para algunos, así pues los talleres de mecánica tenían que realizar verdaderos malabares para conseguir que un bus pudiera transitar por Lima, adaptaban los filtros de aceite y petróleo, los filtros de aire continuaban funcionando hasta que el papel se desintegraba, las luces brillaban por su ausencia, el claxon era un adorno del timón, en una palaba un desastre total.
En esa época y para paliar un poco el caos reinante y tratar de darle mayor comodidad a los pasajeros, nacieron los colectivos, verdaderas piezas del museo del coche viejo de Nicollini, estaban todas las marcas pero los especiales eran los Mercury y los Dodge, llevaban a seis pasajero por la avenida Arequipa hasta Chorrillos, recién cuando se habilitó la Vía Expresa, estos usaron esa vía, estableciendo paraderos informales en Angamos y en Canadá, hoy este servicio sigue en la misma ruta y aunque han realizado un sinfín de operativos no se ha podido parar esa piratería de vía.
Ya con la llegada de la vía Expresa de Paseo de la República la cosa mejoró un poco, se crea Enatru Perú quienes trajeron buses Europeos acoplados uniendo Chorrillos con el Cercado de Lima en poco más de 30 minutos, pero todo lo bueno tuvo un triste final, y los buses pasaron a propiedad de sus trabajadores ya que la empresa no tenía para pagar la liquidación de los choferes, ¿Qué fue lo que pasó? Eso mismo que usted está pensando, no habían repuestos para estos buses y así poquito a poco, suave, suavecito la empresa desapareció del mapa y otras empresas comenzaron a emerger y a circular por aquella ruta y así tuvimos a la 73 desde Villa El Salvador hasta Caquetá, El Cham, El Rayo, la 5, y muchas otras unidades que se hicieron su agosto durante muchos años, hasta que Castañeda nos entrega el Metropolitano que no está lejos de la realidad de los 70s, pues si vas a Naranjal o Matellini verás que ahí están ahora los Gladiadores del transporte de los 70, metiendo cadera, codos, pisando a uno, jalando a otra y todo por encontrar un respetable asiento, luego los que van de pie, ya saben que van apiñados, golpeados y hasta alguno robado.
Así era el transporte de aquél entonces, con estribillos que hasta ahora recordamos: “Avanza por el medio pe flaco, al fondo hay sitio”, y claro uno viajaba como banderita de fiestas patrias en el estribo o agarrado de alguna ventana, “apaga con sencillo pe flaquita”, y es que el sencillo escaseaba – que cosa no escasearía en la Lima de esa época-.
Subir a una de esas unidades era en verdad un tremendo calvario y una suerte llegar vivo, sano y salvo a casa.
(JAMEA)