02/12/2025
A veces la vida nos va llenando de golpes, decepciones y pecados que endurecen el alma. Nos volvemos fríos, reactivos, medio insensibles… pero ahí es donde Dios entra como el gran Cirujano del cielo.
Él no p**e la piedra, la reemplaza. Donde había dureza, Él pone sensibilidad; donde había orgullo, pone mansedumbre; donde había heridas, pone vida.
Ese cambio no lo logra la fuerza humana, ni la motivación, ni los “yo puedo solo”.
Ese milagro solo sucede cuando dejamos que el Espíritu Santo haga su obra.
Porque cuando Dios transforma el corazón, no solo cambia lo que sientes… cambia lo que eres.
(Ezequiel 36:26)