15/03/2026
Otro colapso a la vista en Arequipa
Uno de estos días Arequipa volverá a quedar incomunicada por vía terrestre. El punto crítico está en el kilómetro 914 de la Panamericana Sur, en la zona de Alto Siguas, cerca de Majes–El Pedregal.
Allí, los deslizamientos avanzan y amenazan con destruir un tramo clave de la carretera. No es un problema reciente, tiene al menos dos décadas. Desde entonces se sabe que el terreno se desplaza, que el suelo cede y que tarde o temprano la carretera podría colapsar.
El problema fue advertido incluso cuando Daniel Vera Ballón era presidente regional. En los años siguientes, durante las gestiones de Juan Manuel Guillén Benavides y Yamila Osorio, el tema volvió a discutirse, pero las soluciones terminaron siendo tan cuestionables como ineficaces.
La Contraloría General de la República reveló que se despilfarraron más de dos millones de soles en la construcción de seis pozos tubulares destinados a extraer el agua subterránea que estaría provocando los deslizamientos.
Sobre el papel parecía una solución técnica razonable. En la práctica, fue un fracaso de la gestión de Yamila Osorio.
Los trabajos se ejecutaron de manera irregular. Se contrató a una empresa cuestionada y el proceso estuvo plagado de deficiencias. Todo quedó documentado en los informes del órgano de control. Al final, los pozos no sirvieron para nada. Solo dejaron un forado económico en las arcas del Gobierno Regional de Arequipa.
Desde entonces han pasado los años y los deslizamientos continúan.
En la actual gestión regional de Rohel Sánchez, tampoco se percibe mayor interés por resolver el problema. Mientras tanto, el terreno sigue cediendo.
El riesgo no solo es que la Panamericana Sur termine destruida en ese tramo. La amenaza también se extiende a los campos de cultivo del proyecto Majes I, que podrían verse seriamente afectados. De hecho, el daño ya es visible en el valle de Siguas, una zona que prácticamente ha desaparecido debido a la inestabilidad del suelo.
¿Y cómo se llegó a este punto?
La explicación es tan sencilla como preocupante: el mal manejo del agua.
El proyecto Majes I utilizó durante años enormes cantidades de agua para el riego agrícola. El sistema predominante fue el riego por inundación, que implica liberar grandes volúmenes de agua sobre los campos.
Esa práctica generó filtraciones masivas hacia el subsuelo. Con el tiempo, el exceso de humedad provocó salinización de los suelos y debilitó las capas geológicas del terreno.
Las consecuencias fueron inevitables. Deslizamientos que terminaron por destruir amplias zonas del valle de Siguas.
Según ingenieros y exgerentes de Autodema, como Isaac Martínez, el uso del agua ha mejorado en algunos sectores. Sin embargo, todavía se sigue entregando más agua de la que realmente se necesita.
El problema es estructural: cuando se puso en marcha Majes I no existía riego tecnificado. Se cultivaban grandes extensiones de alfalfa y otros productos que demandaban enormes cantidades de agua.
El resultado de ese manejo irresponsable lo seguimos pagando hasta hoy.
Lo preocupante es que la historia parece repetirse. Así como ocurrió con el puente de Uchumayo, cuyo colapso y reemplazo ha provocado un caos en el ingreso y salida de Arequipa, el riesgo en Alto Siguas es otro problema anunciado.
Se pudo prever. Se puede planificar un nuevo trazo de la Panamericana Sur antes de que la emergencia se agrave. Se puede intervenir técnicamente para estabilizar la zona. Pero hasta ahora no se hace absolutamente nada.
La responsabilidad es compartida. El Gobierno Regional de Arequipa, Provías Nacional, el Ministerio de Transportes y Comunicaciones e incluso el Ministerio de Desarrollo Agrario tienen competencias en este problema.
Sin embargo, ninguna de estas entidades parece dispuesta a asumir acciones urgentes.
Mientras tanto, el terreno sigue moviéndose.
La pregunta inevitable es si las autoridades están esperando, como suele ocurrir en el país, a que el desastre finalmente suceda. A que la carretera colapse, a que Arequipa quede aislada, a que se produzca una tragedia.
Solo entonces, como tantas veces, llegarán las explicaciones, las declaratorias de emergencia y las promesas de solución.
Ese, lamentablemente, parece ser el patrón que gobierna la gestión pública: reaccionar después del desastre, cuando ya es demasiado tarde.
Créditos: Jorge Turpo
Foto: Difusión en redes.