24/08/2026
Publicado en Diario Uno el domingo 23 de agosto de 2026
Gnarly Fanzine
JC Montoya - Delirios Pain
TESIS SOBRE ABDUCCIONES ALIENÍGENAS
[I] Vivimos siempre en el fin del mundo, en el final de todos los tiempos —porque siempre se está viviendo lo último—, en un mundo en el que con tan sólo encender un fósforo te puedes traer abajo ciudades enteras —como Lima o New York— llenas de gente común y corriente como ellos mismos.
[II] En este mundo pocos se toman un Old Fashioned por la noche frente a una piscina temperada e iluminada desde debajo del agua mientras muchos de los otros siguen extrañando la oferta del tres por diez soles que conseguían en la bodega del chino de la esquina.
[III] Todo este garabato no obedece a un accidente, tampoco es el destino de los herederos de los guerreros del norte, mucho menos es que a unos del falta esfuerzo o preparación: aquí se trata de la esencia misma del capitalismo; un sistema construido sobre el saqueo, sobre el robo legalizado, sobre la explotación meticulosa del homo sapiens.
[IV] El capitalismo no sobrevive sin expropiación de fuerza de trabajo —ergo, tiempo de vida homínida objetivada— porque esa explotación es su esencia, su razón de existir. Así las cosas, como una enfermedad que se pone el antifaz de presbítero, este sistema intenta meternos la yuca de que la pobreza forma parte del orden natural de las cosas, de que la miseria es un efecto del ocio y que la riqueza es recompensa solamente del mérito individual.
[V] La desigualdad social no es un dato estadístico para pasarlo desapercibido, no es sólo una diferencia de salarios en ese software pedorro para declarar tributaciones que te vendió ese recursero de medio pelo por internet; es una máquina de angustiar almas y pensamientos. Ese laburante que se despierta —a las apuradas— a las cinco de la madrugada para enfrentar transportes públicos abarrotados de pezuñas y perfumes de mujer de procedencia asiática, que avanza como loco para cumplir con jornadas interminables de ocho o diez horas diarias, no sufre sólo el desgaste físico sino también el trauma de sobrevivir en un sistema que lo convierte en una palanca descartable.
[VI] Toda esta locura que significa vivir resulta luego en un historial del cansancio debido a llevar la inseguridad y la desesperación en silencio dentro de las venas, sin poder reclamar nunca nada y tampoco vislumbrar una salida.
[VII] El sufrimiento no se queda sólo en un bolsillo vacío. El alma es invadida. El capitalismo es un maestro para transformar el trabajo que debería ser fuente de realización humana en una cárcel metafórica y sin sentido.
[VIII] La abducción alienígena no es ciencia ficción. La vemos día a día en el quehacer común de todos los hombres cuando un obrero construye un edificio en un malecón en el que nunca podrá vivir o cuando una manufacturera de México produce autopartes para vehículos que jamás podrá comprar. Cada minuto de trabajo es una amputación simbólica de tiempo de vida sobre la tierra. Y así nace ese void existencial, la angustia de sentirse extranjero en el propio cuerpo y tiempo. El asalto es al sentido de la vida.
[IX] El planeta fue secuestrado por la acumulación privada. Tal es el núcleo de la exclusión social. Así se produce la negación del acceso a la salud, la normalización de la educación como un privilegio y así se empujan a familias enteras a las calles.
[X] Y para colmo el capitalismo tiene la co**ha de presentarse como el mejor de los sistemas posibles. Con su propaganda goebbeliana naturaliza la desigualdad y pinta luces tóxicas de meritocracia en donde el fracaso es culpa individual y el triunfo es prueba de superioridad. El robado es culpado por su propia miseria y el ladrón es celebrado como genio.
[XI] La opresión se transforma en destino y la explotación en oportunidad. Aquí se pide libertad para conseguir desigualarse del otro. Y se pudre todo cuando el trabajador, endeudado hasta la camisa, se ve obligado a creer que la culpa es suya por no haberse esforzado.
[XII] Donde en un principio reinaba el apoyo mutuo, ahora reina la competencia salvaje. El otro ya no es compañero, sino competidor. La amistad es sustituida por la rivalidad, la colectividad por la soledad y así todo acaba más hondo en la fosa de la depresión. Ese individuo aislado se convierte en rehén de un mercado que promete felicidad si y sólo si tienes para el consumo. Ese es el fetichismo de la mercancía, la ilusión de que la simple compra de un nuevo objeto puede llenar el vacío de la existencia explotativa. La satisfacción siempre durará minutos —a menos que tengas un retraso— y el ciclo de la insatisfacción seguirá girando una y otra vez.
[XIII] El consumismo es una droga que no sana, más bien agrava la dependencia. El sistema se alimenta de la inseguridad existencial. Mantiene a todo el mundo como desempleados o bien como subempleados con un permanente miedo arcaico: ese miedo a no pertenecer a la tribu. Y ese ejército de desesperados sirve como chantaje: acepte su condición ignominiosa porque allá afuera hay una sarta de papanatas listos para ocupar su lugar. Con la maldita expansión de la economía de apps y el incremento periódico de la informalidad —sobre todo en megalópolis— esta precariedad se esparce como algas submarinas en el océano.
[XIV] El trabajador anda por el mundo sin derechos, sin garantías, sin propiedad. Para él, el mañana es siempre una amenaza.