13/08/2026
CANDIDATOS COMEDIANTES CHOCHE DÍAZ Y JACKELINE NINARAQUI FINGEN DEBATE ELECTORAL
Por: “El Testigo Incómodo”
- Mariscal Nieto: candidatos se sacan los ojos en redes y luego se abrazan como viejos compadres.
En la política de Mariscal Nieto acaba de aparecer un nuevo género de espectáculo: el debate electoral con abrazo incluido. Una suerte de lucha libre criolla donde los candidatos se lanzan acusaciones, se acusan de todo lo imaginable y, cuando llega el momento de la fotografía, se abrazan con una ternura capaz de conmover hasta al más incrédulo de los electores.
Los protagonistas de esta comedia electoral son el abogado “Choche” Díaz, candidato de País para Todos, y Jaqueline Ninaraqui, candidata de Acción Popular y actual alcaldesa del centro poblado de Chen Chen.
Choche Días se presenta como fiscalizador, moralizador y látigo de la corrupción. Un cargo que, por supuesto, nadie le ha otorgado, pero que en campaña política viene con micrófono propio y transmisión en Facebook.
Desde sus redes, Díaz cuestionó a Ninaraqui por el presunto despliegue de más de mil banners publicitarios y afirmó que la campaña podría superar los 140 mil soles. Una cifra respetable para una campaña municipal. Y justamente por eso merece una pregunta igualmente respetable: ¿Dónde están los documentos? Porque en política decir “140 mil soles” es fácil. Lo difícil es demostrarlo. Si Choche tiene facturas, contratos, comprobantes, nombres de proveedores y documentos electorales, que los ponga sobre la mesa. Y si no los tiene, siempre queda la opción más honesta: reconocer que se trataba de una sospecha y no de una sentencia dictada desde su Facebook.
Lo más divertido —si no fuera porque se trata de política y dinero público— vino después. Los dos protagonistas, luego de intercambiar cuestionamientos, terminaron abrazándose. Qué maravilla. En Mariscal Nieto acabamos de descubrir el milagro político: la denuncia dura dura exactamente hasta que llega la cámara.
Una hora son adversarios. Luego se abrazan. Quizá mañana vuelvan a cuestionarse. Y pasado mañana, quién sabe: podrían inaugurar juntos una nueva escuela de fraternidad electoral. El elector, mientras tanto, observa y toma nota. Porque ya conoce el libreto: pelea para las redes, abrazo para la foto y silencio para las preguntas incómodas.
Y esa es justamente la pregunta que debería perseguir a todos los candidatos, no solamente al adversario de turno. ¿Cuánto cuesta la campaña? ¿Quién aporta? ¿Quién contrata? ¿Quién imprime? ¿Quién moviliza? ¿Quién financia? Y, sobre todo, ¿todo ese dinero aparece declarado?
Y si los candidatos no quieren responder cuánto cuesta la fiesta, quizá sería conveniente recordarles que la Municipalidad no es el premio mayor de un concurso de popularidad ni la campaña electoral una colecta entre amigos. Aquí se administra plata pública. Y la plata pública, a diferencia de los abrazos políticos, no debería prestarse para hacer teatro. Así que menos polleras, menos abrazos para la foto y menos moralización de micrófono. Que hablen las cuentas.
Porque en política, cuando alguien grita “¡fiscalización!”, la primera pregunta del ciudadano debería ser: ¿Y usted ya se fiscalizó?