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LA MISION DE CRISTO, LA IMPLANTACION DE UN NUEVO PRINCIPIO EN EL CORAZÓN.  La misión de Cristo no fue entendida por la g...
16/12/2025

LA MISION DE CRISTO, LA IMPLANTACION DE UN NUEVO PRINCIPIO EN EL CORAZÓN.
La misión de Cristo no fue entendida por la gente de su tiempo. La forma de su venida no era la que ellos esperaban. El Señor Jesús era el fundamento de todo el sistema judaico. Su imponente ritual era divinamente ordenado. El propósito de él era enseñar a la gente que al tiempo prefijado vendría Aquel a quien señalaban esas ceremonias. Pero los judíos habían exaltado las formas y las ceremonias, y habían perdido de vista su objeto. Las tradiciones, las máximas y los estatutos de los hombres ocultaron de su vista las lecciones que Dios se proponía transmitirles. Esas máximas y tradiciones llegaron a ser un obstáculo para la comprensión y práctica de la religión verdadera. Y cuando vino la Realidad, en la persona de Cristo, no reconocieron en él el cumplimiento de todos sus símbolos, la sustancia de todas sus sombras. Rechazaron a Cristo, el ser a quien representaban sus ceremonias, y se aferraron a sus mismos símbolos e inútiles ceremonias. El hijo de Dios había venido, pero ellos continuaban pidiendo una señal. Al mensaje: “Arrepentíos, que el reino de los cielos se ha acercado”, contestaron exigiendo un milagro. El Evangelio de Cristo era un tropezadero para ellos porque demandaban señales en vez de un Salvador. Esperaban que el Mesías probase sus aseveraciones por poderosos actos de conquista, para establecer su imperio sobre las ruinas de los imperios terrenales. Cristo contestó a esta expectativa con la parábola del sembrador. No por la fuerza de las armas, no por violentas interposiciones había de prevalecer el reino de Dios, sino por la implantación de un nuevo principio en el corazón de los hombres. (PVGM 17.3)

EL SENDERO DE LA OBEDIENCIA A DIOS  "Para las naciones así como para los individuos, el camino de la obediencia a Dios e...
16/12/2025

EL SENDERO DE LA OBEDIENCIA A DIOS
"Para las naciones así como para los individuos, el camino de la obediencia a Dios es el sendero de la seguridad y de la felicidad, mientras que, por otro lado, el de la transgresión conduce tan sólo al desastre y la derrota". (Patriarcas y Profetas 54 Pag. 641.2)

05/10/2025

LA JUSTICIA ES OBEDIENCIA A LA LEY. LA LEY DEMANDA JUSTICIA, Y ANTE LA LEY EL PECADOR DEBE SER JUSTO.
“Creyó Abrahán a Dios, y le fue contado por justicia. Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda; mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia”. Romanos 4:3-5. La justicia es obediencia a la ley. La ley demanda justicia, y ante la ley, el pecador debe ser justo. Pero es incapaz de serlo. La única forma en que puede obtener la justicia es mediante la fe. Por fe puede presentar a Dios los méritos de Cristo, y el Señor coloca la obediencia de su Hijo en la cuenta del pecador. La justicia de Cristo es aceptada en lugar del fracaso del hombre, y Dios recibe, perdona y justifica al alma creyente y arrepentida, la trata como si fuera justa, y la ama como ama a su Hijo. De esta manera, la fe es contada como justicia y el alma perdonada avanza de gracia en gracia, de la luz a una luz mayor. Puede decir con regocijo: “No por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna”. Tito 3:5-7. (Fe y Obras pag. 104.1)



EL PODER DE DIOS EN LA FORMACION DEL CARACTER Y LA COOPERACIÓN DEL HOMBRE.   Para gloria del Maestro, ambicionad cultiva...
04/10/2025

EL PODER DE DIOS EN LA FORMACION DEL CARACTER Y LA COOPERACIÓN DEL HOMBRE.
Para gloria del Maestro, ambicionad cultivar todas las gracias del carácter. Debéis agradar a Dios en todos los aspectos de la formación de vuestro carácter. Podéis hacerlo, pues Enoc agradó al Señor aunque vivía en una época degenerada. Y en nuestros días también hay Enocs. (PVGM 167.1)

Permaneced firmes como Daniel, el fiel hombre de estado a quien ninguna tentación pudo corromper. No chasqueéis a Aquel que os amó de tal manera que dio su propia vida para expiar vuestros pecados. “Sin mí nada podéis hacer”, dice. Recordad esto. Si habéis cometido errores, ganáis ciertamente una victoria si los veis y los consideráis señales de advertencia. De ese modo transformáis la derrota en victoria, chasqueando al enemigo y honrando a vuestro Redentor. (PVGM 167.2)

Un carácter formado a la semejanza divina es el único tesoro que podemos llevar de este mundo al venidero. Los que en este mundo andan de acuerdo con las instrucciones de Cristo, llevarán consigo a las mansiones celestiales toda adquisición divina. Y en el cielo mejoraremos continuamente. Cuán importante es, pues, el desarrollo del carácter en esta vida. (PVGM 167.3)

Los seres celestiales obrarán con el agente humano que con determinada fe busque esa perfección de carácter que alcanzará la perfección en la acción. Cristo dice a cada uno de los que se ocupan en su obra: Estoy a tu mano derecha para ayudarte. (PVGM 167.4)

Cuando la voluntad del hombre coopera con la voluntad de Dios, llega a ser omnipotente. Cualquier cosa que debe hacerse por orden suya, puede llevarse a cabo con su fuerza. Todos sus mandatos son habilitaciones. (PVGM 168.1)


ESTE ES EL PRIMER DEBER DEL SER HUMANO PARA CON DIOS Y SUS PRÓGIMOS  Los talentos, aunque sean pocos, han de ser usados....
04/10/2025

ESTE ES EL PRIMER DEBER DEL SER HUMANO PARA CON DIOS Y SUS PRÓGIMOS
Los talentos, aunque sean pocos, han de ser usados. La pregunta que más nos interesa no es: ¿cuánto he recibido? sino, ¿qué estoy haciendo con lo que tengo? El desarrollo de todas nuestras facultades es el primer deber que tenemos para con Dios y nuestros prójimos. Nadie que no crezca diariamente en capacidad y utilidad, está cumpliendo el propósito de la vida. Al hacer una profesión de fe en Cristo, nos comprometemos a desarrollarnos, en la medida plena de nuestra capacidad, como obreros para el Maestro, y debiéramos cultivar toda facultad hasta el más elevado grado de perfección, a fin de que podamos realizar el mayor bien de que seamos capaces. (PVGM 164.3)

El Señor tiene una gran obra que ha de ser hecha, y él recompensará en mayor escala, en la vida futura, a los que presten un servicio más fiel y voluntario en la vida presente. El Señor escoge sus propios agentes, y cada día, bajo diferentes circunstancias, los prueba en su plan de acción. En cada esfuerzo hecho de todo corazón para realizar su plan, él escoge a sus agentes, no porque sean perfectos, sino porque, mediante la relación con él, pueden alcanzar la perfección. (PVGM 165.1)

Dios aceptará únicamente a los que están determinados a ponerse un blanco elevado. Coloca a cada agente humano bajo la obligación de hacer lo mejor que puede. De todos exige perfección moral. Nunca debiéramos rebajar la norma de justicia a fin de contemporizar con malas tendencias heredadas o cultivadas. Necesitamos comprender que es pecado la imperfección de carácter. En Dios se hallan todos los atributos justos del carácter como un todo perfecto y armonioso, y cada uno de los que recibe a Cristo como su Salvador personal, tiene el privilegio de poseer esos atributos. (PVGM 165.2)
Y todos los que quieran ser obreros juntamente con Dios, deben esforzarse por alcanzar la perfección de cada órgano del cuerpo y cada cualidad de la mente. La verdadera educación es la preparación de las facultades físicas, mentales y morales para la ejecución de todo deber; es el adiestramiento del cuerpo, la mente y el alma para el servicio divino. Esta es la educación que perdurará en la vida eterna. (PVGM 165.3)
El Señor requiere que cada cristiano crezca en eficiencia y capacidad en todo sentido. Cristo nos ha pagado nuestro salario, su propia sangre y sufrimiento, para obtener nuestro servicio voluntario. Vino a nuestro mundo para darnos un ejemplo de cómo debemos trabajar, y qué espíritu debiéramos manifestar en nuestra labor. Desea que estudiemos la mejor forma de hacer adelantar su obra y glorificar su nombre en el mundo, coronando de honor y del más grande amor y devoción al Padre, que “de tal manera amó... al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. (PVGM 165.4)

Sin embargo, Cristo no nos ha dado la seguridad de que sea asunto fácil lograr la perfección del carácter. Un carácter noble, cabal, no se hereda. No lo recibimos accidentalmente. Un carácter noble se obtiene mediante esfuerzos individuales, realizados por los méritos y la gracia de Cristo. Dios da los talentos, las facultades mentales; nosotros formamos el carácter. Lo desarrollamos sosteniendo rudas y severas batallas contra el yo. Hay que sostener conflicto tras conflicto contra las tendencias hereditarias. Tendremos que criticarnos a nosotros mismos severamente, y no permitir que quede sin corregir un solo rasgo desfavorable. (PVGM 166.1)

Nadie diga: No puedo remediar mis defectos de carácter. Si llegáis a esta conclusión, dejaréis ciertamente de obtener la vida eterna. La imposibilidad reside en vuestra propia voluntad. Si no queréis, no podéis vencer. La verdadera dificultad proviene de la corrupción de un corazón no santificado y de la falta de voluntad para someterse al gobierno de Dios.
(PVGM 166.2)



CON LA FUERZA DE DIOS, SE PUEDE DISCIPLINAR LA MENTE EN COSAS PURAS Y CELESTIALES  "Los seres humanos son entes con libe...
04/10/2025

CON LA FUERZA DE DIOS, SE PUEDE DISCIPLINAR LA MENTE EN COSAS PURAS Y CELESTIALES
"Los seres humanos son entes con libertad moral, y como tales deben obligar sus pensamientos para que transcurran por los canales apropiados. Aquí hay un amplio campo en el cual la mente se puede explayar con seguridad. Si Satanás trata de desviarla hacia cosas inferiores y sensuales, deben traerla de vuelta y concentrarla en las cosas eternas; y cuando el Señor vea que se hace un esfuerzo decidido para retener solamente los pensamientos puros, atraerá la mente como un imán, limpiará los pensamientos y los capacitará para que se purifiquen de todo pecado secreto. “Derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo”. 2 Corintios 10:5." (2MCP 237.1)

"La primera obra que tienen que hacer los presuntos reformadores consiste en purificar la imaginación. Si la mente se desvía en una dirección equivocada, debe ser obligada a volver y espaciarse solo en temas puros y elevados. Cuando se vean tentados a ceder ante una imaginación corrompida, deben huir hacia el trono de la gracia y orar pidiendo fortaleza del Cielo. Con la fuerza de Dios se puede disciplinar la mente para que se concentre en las cosas puras y celestiales.—Appeal to Mothers, 30." (Mente Carácter y Personalidad Tomo 2 Pag. 237.2)



La Formacion del Carácter  Si quieren ser santos en el cielo, deben ser santos primero en la tierra. Los rasgos de carác...
01/10/2025

La Formacion del Carácter
Si quieren ser santos en el cielo, deben ser santos primero en la tierra. Los rasgos de carácter que cultiven en la vida no serán cambiados por la muerte ni por la resurrección. Saldrán de la tumba con la misma disposición que manifestaron en su hogar y en la sociedad.—El hogar adventista, 12 (1891). (2MCP 263.5)

DIOS MANEJA EL TIMON   Peligros temibles se hallan delante de aquellos que llevan responsabilidades en la causa de Dios:...
01/10/2025

DIOS MANEJA EL TIMON
Peligros temibles se hallan delante de aquellos que llevan responsabilidades en la causa de Dios: peligros que el solo pensar en ellos me hace temblar. Pero nos viene este mensaje: “Mi mano está sobre el timón, y no permitiré que los hombres controlen mi obra en estos últimos días. Mi mano maneja el timón, y mi providencia continuará cumpliendo los planes divinos, pese a las invenciones humanas”... (Ev. 52.3)

En la gran obra final, nos encontraremos con perplejidades con las cuales no sabremos cómo tratar, pero no olvidemos que los tres grandes poderes del cielo están trabajando, que una mano divina está sobre el timón y que Dios hará que se realicen sus propósitos.—Manuscrito 118, 1902. (Ev. 52.4)

01/10/2025

"REPASO DEL PROBLEMA DEL PECADO" — Parte V.

“Somos justificados por fe. El alma que entiende el significado de estas palabras nunca tendrá suficiencia propia. No somos competentes por nosotros mismos para pensar algo bueno de nosotros mismos. El Espíritu Santo es nuestra eficiencia en la obra de la edificación del carácter, en la formación del carácter a la semejanza divina. Cuando creemos que nosotros mismos somos capaces de dar forma a nuestra propia vida espiritual, cometemos un gran error. Por nosotros mismos nunca podemos conquistar la victoria sobre la tentación. Pero los que tienen fe genuina en Cristo serán impulsados por el Espíritu Santo. El alma en cuyo corazón mora la fe, crecerá hasta ser un bello templo para el Señor. Esa alma es dirigida por la gracia de Cristo. Crecerá sólo en la proporción en que dependa de la enseñanza del Espíritu Santo (MS 8, 1900)”. 6CBA:1109.

Para ser justificado, el hombre tiene que confesar y renunciar a todo pecado. El verdadero arrepentimiento proviene de un profundo dolor por el pecado y un desarrollo de un odio por todo pecado, el cual crea la decisión de parar de pecar a través del poder que Dios provee.
Cuando el pecador penitente, contrito ante Dios, discierne la expiación de Cristo a su favor, y acepta esta expiación como su única esperanza en esta vida y en la vida futura, sus pecados son perdonados. Esto es justificación por la fe. Toda alma creyente tiene que conformar su voluntad totalmente con la voluntad de Dios, y tiene que permanecer en un estado de arrepentimiento y contrición, ejerciendo fe en los méritos expiatorios del Redentor y avanzando de fuerza en fuerza, de gloria en gloria.

El perdón y la justificación son una y la misma cosa. A través de la fe, el creyente pasa de la posición de rebelde, un hijo del pecado y de Satanás, a la posición de un súbdito leal de Jesucristo, no debido a algún bien inherente, sino que debido a que Cristo lo recibe como Su hijo por adopción. El pecador recibe el perdón de sus pecados, porque estos pecados son llevados por su Substituto y Garante. El Señor le habla a Su Padre celestial, diciéndole: “Este es Mi hijo. Yo le perdono la pena de condenación a muerte, le doy Mi póliza de seguro de vida – vida eterna – porque Yo he tomado su lugar y he sufrido por sus pecados. Él es mi hijo amado”. Así el hombre, perdonado, y vestido con los bellos vestidos de la justicia de Cristo, permanece sin falta delante de Dios.

El pecador puede errar, pero no es arrojado fuera sin misericordia. Su única esperanza, sin embargo, es arrepentirse para con Dios y tener fe en el Señor Jesucristo. Es prerrogativa del Padre perdonar nuestras transgresiones y pecados, porque Cristo ha tomado sobre Sí mismo nuestra culpa y nos ha conmutado la pena, y nos ha imputado Su propia justicia. Su sacrificio satisface totalmente las exigencias de la justicia.

“La justificación es lo opuesto a la condenación. La ilimitada misericordia de Dios se ejerce sobre los que son totalmente indignos. Él perdona transgresiones y pecados por amor a Jesús, quien se ha convertido en la propiciación por nuestros pecados. Mediante la fe en Cristo, el transgresor culpable entra en el favor de Dios y en la firme esperanza de la vida eterna”. FO:108.

“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús; [los que no andan según la carne, sino según el Espíritu;] porque mediante Cristo Jesús, la ley del Espíritu que da vida, me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Porque lo que era imposible a la Ley, por cuanto era débil por la carne; Dios, al enviar a su propio Hijo en semejanza de carne de pecado, y como sacrificio por el pecado, condenó al pecado en la carne… Pero vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él… Porque si vivís conforme a la carne, moriréis. Pero si por el Espíritu dais muerte a las obras de la carne, viviréis. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios”. Rom. 8:1-3, 9, 13-14.

“Así, habiendo sido justificados por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo”. Rom. 5:1.

“‘Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo’ (Rom. 5:1). Ser justificados significa ser perdonados. A quienes Dios justifica imputa la justicia de Cristo, porque el Salvador ha eliminado nuestros pecados. Comparecemos delante del trono de Dios justificados y santificados. Se nos vacía del yo y, por medio de la santificación de la verdad, Cristo mora en nuestros corazones”. CDCD:358.

Recordemos siempre que: “Solo la obediencia perfecta puede satisfacer el ideal que Dios requiere”. MC:135.

E. J. Waggoner escribió:
“‘Siendo por lo tanto justificados por la fe’, esto es, habiendo sido conformados a la ley por la fe, ‘tenemos paz con Dios a través de nuestro Señor Jesucristo’. La única manera que el hombre puede ser conformado a la ley, y que pueda vivir libre de condenación, es teniendo fe en las promesas de Dios. En Cristo no hay injusticia, por lo tanto no hay nada más que justicia. Creyendo en Cristo, el cristiano posee la justicia de Cristo.
¿Pero no dice Santiago que tienen que existir obras, o sino la fe no es válida? Es verdad que la fe se perfecciona en las obras. Santiago 2:22. Pero es por la fe, y solamente por la fe, que los hombres son justificados. El próximo texto habla de Abraham siendo justificado por la fe, y a través de esta obra las Escrituras se cumplieron, ya que dicen: ‘Abraham creyó en Dios, y esto le fue imputado como justicia’. Las obras son el resultado de la fe. ‘Porque Dios es el que obra en vosotros, tanto el querer como el hacer, por su buena voluntad’. Nosotros nos entregamos a nosotros mismos en las manos de Cristo. Él viene y hace Su morada con nosotros. Nosotros somos como barro en las manos del alfarero; pero es Cristo el que hace todas las buenas obras, y a Él le pertenece toda la gloria”. Comentarios de Romanos:1:7. [Paginación en Inglés]

Verdades Bíblicas

01/10/2025

"REPASO DEL PROBLEMA DEL PECADO" — Parte IV.

“Pero es claro que por la Ley ninguno se justifica ante Dios, porque el justo vivirá por la fe”. Gál. 3:11.

“Sabemos que el hombre no es justificado por las obras de la Ley, sino por la fe en Jesucristo. Así, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe en Cristo, y no por las obras de la Ley; porque por las obras de la Ley ninguno será justificado”. Gál. 2:16.

“El pecador no puede depender de sus propias buenas obras como medio de justificación. Debe llegar a la situación de renunciar a todos sus pecados y abrazar una luz tras otra, a medida que brillen sobre su sendero. Simplemente acepta por fe la gratuita y amplia provisión hecha por la sangre de Cristo. Cree las promesas de Dios, que por medio de Cristo son hechas para él santificación y justificación y redención.
Y si sigue a Jesús, caminará humildemente en la luz, gozándose en ella, y difundiéndola a otros. Estando justificado por fe, lleva consigo la alegría al obedecer en toda su vida. La paz con Dios es el resultado de lo que Cristo es para él. Las almas que se someten a Dios, que lo honran y que son hacedoras de su Palabra, recibirán iluminación divina. En la preciosa Palabra de Dios hay una pureza, una elevación y una belleza tales que, a menos que sean auxiliados por Dios, los poderes más exaltados del hombre no pueden alcanzar”. DNC:320.

“Debemos centralizar nuestras esperanzas del cielo únicamente en Cristo, pues Él es nuestro Sustituto y Garante. Hemos transgredido la ley de Dios, y por las obras de la ley ninguna carne será justificada. Los mejores esfuerzos que pueda hacer el hombre con su propio poder son inútiles para responder ante la ley santa y justa que ha transgredido, pero mediante la fe en Cristo puede demandar la justicia del Hijo de Dios como plenamente suficiente. Cristo satisfizo las demandas de la ley en su naturaleza humana. Llevó la maldición de la ley en lugar del pecador, hizo expiación por él, a fin de que ‘todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna’. La fe genuina se apropia de la justicia de Cristo y el pecador es hecho vencedor con Cristo, pues se lo hace participante de la naturaleza divina, y así se combinan la divinidad y la humanidad”. FO:97.

Ningún hombre que haya vivido o que esté viviendo hoy es hecho justo guardando la ley por su propio poder humano. Solamente por la fe en Cristo el hombre es justificado. Esta fe se apropia de las provisiones de la expiación y Cristo vive Su vida de obediencia en el creyente a través del Espíritu que habita en él (Rom. 8:9-10). Así la fe recibe el Espíritu, y el Espíritu establece la ley en el creyente y él se convierte en siervo de justicia llevando todos los frutos del Espíritu (Zac. 4:6.).

“Luego, ¿anulamos la Ley por la fe? ¡De ninguna manera! Al contrario, confirmamos la Ley”. Rom. 3:31.

“Y liberados del pecado, habéis llegado a ser siervos de la justicia”. Rom. 6:18.

“Ya veis que el hombre es justificado por las obras, y no sólo por la fe”. Santiago 2:24.

“La fe que justifica siempre produce: primero arrepentimiento verdadero y luego buenas obras, que son el fruto de esa fe. No hay fe salvadora que no produzca buenos frutos. Dios dio a Cristo a nuestro mundo para que llegara a ser el Sustituto del pecador. Cuando el pecador ejerce verdadera fe en el costoso sacrificio expiatorio, reclamando a Cristo como el Salvador personal, inmediatamente es justificado delante de Dios, porque está perdonado”. 3MS:222.

“La fe que no produce buenas obras no justifica al alma. ‘Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe’ (Santiago 2:24). ‘Creyó Abrahán a Dios, y le fue contado por justicia’ (Rom. 4:3)”. 1MS:465.

“Las condiciones de la salvación son presentadas de diversas maneras, para que sean hechas las impresiones correctas en las diversas mentes, y para que nadie sea engañado. El arrepentimiento y la fe son las condiciones sobre las cuales es provista la salvación. Abraham fue justificado por la fe; pero fue la fe que obró la obediencia”. ST, 14 de Febrero de 1895.

“La sangre de Cristo fue derramada para expiar el pecado y para purificar al pecador. Y tenemos que aferrarnos a los méritos de la sangre de Cristo, y creer que tenemos vida a través de Su nombre. Que las falacias de Satanás no lo engañen: usted es justificado solamente a través de la fe, pero la fe en Cristo no lo absuelve a usted de guardar la inmutable ley de Dios, la cual es tan sagrada como Su trono. La fe es esencial, pero la fe genuina va a capacitar a su poseedor para que produzca los frutos del Espíritu”. ST, 24 de Marzo de 1890.

CONTINUARÁ...

Verdades Bíblicas

01/10/2025

"REPASO DEL PROBLEMA DEL PECADO" — Parte III.

Estamos en guerra con la ley de Dios.

“Porque la paga del pecado es la muerte. Pero el don gratuito de Dios es la vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”. Rom. 6:23.

“Así, la Ley fue nuestro tutor para llevarnos a Cristo, para que seamos justificados por la fe”. Gál. 3:24.

“En la transgresión de la ley, no hay seguridad ni reposo ni justificación. El hombre no puede esperar permanecer inocente delante de Dios y en paz con él mediante los méritos de Cristo, mientras continúe en pecado. Debe cesar de transgredir y llegar a ser leal y fiel. Cuando el pecador examina el gran espejo moral, ve sus defectos de carácter. Se ve a sí mismo tal como es, manchado, contaminado y condenado. Pero sabe que la ley no puede, en ninguna forma, quitar la culpa ni perdonar al transgresor. Debe ir más allá. La ley no es sino el ayo para llevarlo a Cristo. Debe contemplar a su Salvador que lleva los pecados. Y cuando Cristo se le revela en la cruz del Calvario, muriendo bajo el peso de los pecados de todo el mundo, el Espíritu Santo le muestra la actitud de Dios hacia todos los que se arrepienten de sus transgresiones. ‘Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna’ (Juan 3:16)”. 1MS:250-251.

Nuestra única esperanza es la justicia provista por el Salvador. Aun cuando todos somos pecadores, no somos culpables del pecado de Adán. Él le traspasó a la raza humana solamente la debilidad para pecar. Cada hijo nacido en este mundo, hereda esa debilidad. La doctrina Calvinista-Agustiniana llamada pecado original, declara que nacemos culpables del pecado de Adán. Esta falsa doctrina es enseñada por Católicos y Evangélicos y ahora ha sido adoptada por algunos teólogos, pastores y líderes en la IASD. Es fundamental para la “Nueva teología” que está siendo practicada por muchos en nuestros púlpitos hoy. ¿Qué es lo básico de la Nueva Teología? Es la descreencia de que Dios tenga suficiente poder para guardarlo a uno de pecar. Es la enseñanza de que somos salvos en nuestros pecados, no de nuestros pecados.

“Hay grandes verdades, largo tiempo ocultas debajo de la escoria del error, que han de ser reveladas a la gente. Muchos que han profesado creer el mensaje del tercer ángel han perdido de vista la doctrina de la justificación por la fe. La gente de la santidad ha ido a grandes extremos en este punto. Ha enseñado con gran celo: ‘Tan sólo creed en Cristo, y seréis salvos; pero ¡basta de la ley de Dios!’ Esta no es la enseñanza de la Palabra de Dios. No hay fundamento para una fe tal. Esta no es la preciosa gema de verdad que Dios ha dado para su pueblo en este tiempo. Esta doctrina descarría a las almas honradas. La luz de la Palabra de Dios revela el hecho de que la ley debe ser proclamada. Cristo debe ser exaltado porque es un Salvador que perdona la transgresión, la iniquidad y el pecado, pero que de ningún modo justificará al alma impía que no se arrepiente”. 1MS:422-423.

“¿No es la historia de la caída repetida por miles de labios hoy y aun desde el púlpito, en que no escuchemos las palabras del tentador: ‘Ciertamente no moriréis’? ¿No es la ley de Dios representada como un yugo de esclavitud, que los hombres están en libertad para violar como quieran? Satanás le insinuó a Adán y a Eva que podían alcanzar un estado más alto y más feliz violando el divino mandamiento, y hoy la misma falsedad es diseminada por todo el mundo, aun por aquellos que afirman estar santificados. ¿No son estas falsas y fatales señales para el mundo? ¿No le dicen al pecador: ‘Todo estará bien contigo’? el Señor ha definido el pecado como la transgresión de la ley, pero ellos dicen que son salvos en pecado, y así hacen a Cristo ministro del pecado. Estos profesos cristianos están haciendo la misma obra que Satanás hizo en el Paraíso, están conduciendo a las almas por mal camino, por precepto y por ejemplo. Ellos le dicen al pecador, al transgresor: todo estará bien contigo; vas a subir a un estado más alto, más santo, violando la ley de Dios. La lección que se escucha por todo el país es: ‘Desobedeced y vivid’. Pero cuán diferente es esta enseñanza de las lecciones de Cristo. Él declaró: ‘No penséis que vine para invalidar la Ley, o los Profetas: no vine a invalidar, sino a cumplir. Porque en verdad os digo, que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni siquiera una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo sea cumplido. Por tanto, cualquiera que quebrantare uno de estos más mínimos mandamientos, y enseñare a los hombres así, será llamado muy pequeño en el reino de los cielos: mas cualquiera que los hiciere y enseñare será llamado grande en el reino de los cielos’”. ST, 28 de Abril de 1890.

En contraste con la Nueva Teología, el verdadero evangelio dice que cualquier alma que por la fe acepta las provisiones de la expiación, y que a través de ella recibe la presencia del Espíritu Santo, es un perfecto vencedor, y permanece así mientras mantenga su humanidad conectada con la divinidad. El evangelio proclama que una persona llena con el Espíritu Santo está libre del pecado.

“Pero hasta que los hombres vean sus defectos en el espejo de la ley de Dios, hasta que entiendan que tienen que alcanzar esa ley en carácter, no pueden verdaderamente servir a Dios. Ellos manifestarán un espíritu que es opuesto al camino del Señor. No sentirán que es esencial estar libres de pecado. Ellos no pueden ofrecerle a Dios un servicio aceptable. El Hijo de Dios vino a nuestro mundo en forma humana, para mostrarle al hombre que la divinidad y la humanidad combinadas pueden obtener la victoria sobre el pecado. A través de Él podemos ser participantes de la naturaleza divina, habiendo escapado de la corrupción que hay en el mundo a través de la concupiscencia. ‘Todo el que permanece en él, no sigue pecando. El que sigue pecando, no lo ha visto, ni lo ha conocido’”. ST, 1 de Febrero de 1899.

“El Salvador llevó sobre sí los achaques de la humanidad y vivió una vida sin pecado, para que los hombres no teman que la flaqueza de la naturaleza humana les impida vencer. Cristo vino para hacernos ‘participantes de la naturaleza divina’, y su vida es una afirmación de que la humanidad, en combinación con la divinidad, no peca”. MC:136.

El evangelio de Cristo es que la “humanidad combinada con la divinidad no peca”. La única esperanza de redención del hombre es a través de la fe en Cristo, la cual produce el deseo de obedecer a la ley justa de la libertad de Dios. Entonces, y solo entonces, la gracia de Dios lo justificará y lo santificará. Tenemos que tener una fe que produzca obras justas, pero las obras justas no nos salvan.

“Porque por las obras de la Ley ninguno será justificado ante él; porque por la Ley se alcanza el conocimiento del pecado”. Rom. 3:20.

“Así, concluimos que el hombre es justificado por la fe, sin las obras de la Ley”. Rom. 3:28.

CONTINUARÁ...

Verdades Bíblicas

01/10/2025

"REPASO DEL PROBLEMA DEL PECADO" — Parte II.

Durante seis mil años el problema del pecado ha traído enfermedad, sufrimiento, guerra, pena y muerte a nuestro planeta. El hombre fue creado perfecto a la imagen del Creador. Fue Jesús el que habló y todo fue hecho; fue Él el que ordenó y todo este mundo apareció. Fue Él el que formó a Adán del polvo de la tierra para que viera, amara y actuara como Él mismo (Ver Efe. 3:9; Col. 1:16; Génesis 1 y 2.). Pero el pecado de Adán es responsable por seis mil años de miseria y muerte de millones de descendientes de Adán y Eva. ¿Qué es esto que ha traído tanto pesar sobre la creación de Dios? Nuestro profeta nos da un vistazo del problema del pecado:

“Es imposible explicar el origen del pecado y dar razón de su existencia. Sin embargo, se puede comprender suficientemente lo que atañe al origen y a la disposición final del pecado, para hacer enteramente manifiesta la justicia y benevolencia de Dios en su modo de proceder contra todo mal. Nada se enseña con mayor claridad en las Sagradas Escrituras que el hecho de que Dios no fue en nada responsable de la introducción del pecado en el mundo, y de que no hubo retención arbitraria de la gracia de Dios, ni error alguno en el gobierno divino que dieran lugar a la rebelión. El pecado es un intruso, y no hay razón que pueda explicar su presencia. Es algo misterioso e inexplicable; excusarlo equivaldría a defenderlo. Si se pudiera encontrar alguna excusa en su favor o señalar la causa de su existencia, dejaría de ser pecado. La única definición del pecado es la que da la Palabra de Dios: ‘El pecado es transgresión de la ley’; es la manifestación exterior de un principio en pugna con la gran ley de amor que es el fundamento del gobierno divino”. CS:546-547.

“Todo el que comete pecado, quebranta la Ley, pues el pecado es la transgresión de la Ley”. 1 Juan 3:4.

El problema del pecado es mucho más profundo que lo que nuestra mente conciente es capaz de comprender ahora. Nuestras debilidades hereditarias y cultivadas, nuestras disposiciones, están profundamente embebidas dentro de nuestra naturaleza. Nosotros no solo hemos heredado propensiones heredadas, sino que también somos responsables por cultivar estas debilidades desde nuestro nacimiento. El plan de Dios para salvar la familia humana de seis mil años de degradación y pecado es muy simple, nunca fue complicado. Si queremos ser obedientes a la perfecta ley de Dios, Él ha prometido proveer el poder para obedecer a través de la habitación del Espíritu Santo. Las Escrituras son las promesas de Dios para rescatarnos del problema del pecado. Las Escrituras nos ayudarán a ver y a entender mejor el problema del pecado:

“Y hallé que el mismo Mandamiento destinado a dar vida, me trajo muerte… Así, la Ley es santa, y el Mandamiento santo, justo y bueno”. Rom. 7:10, 12.

“La Ley del Eterno es perfecta, que restaura el alma. El testimonio del Señor es fiel, que hace sabio al sencillo. Los Mandamientos del Eterno son rectos, que alegran el corazón. El precepto del Eterno es puro, que alumbra los ojos”. Salmo 19:7-8.

“‘El pecado es infracción de la ley’. Esta es la única definición del pecado. Sin la ley no puede haber transgresión. ‘Por medio de la ley es el conocimiento del pecado’. La norma de justicia es sumamente amplia. Prohíbe toda acción mala (MS 27, 1899)”. 7CBA:962.

La ley es la norma perfecta de justicia y no contiene defectos. Es ordenada para la vida, y es usada por el Espíritu Santo de diversas maneras. El Espíritu usa la ley para mostrarnos que hemos caído de la norma de Dios, y que no tenemos justicia. El Espíritu usa la ley para demostrar que los motivos y principios que nosotros usamos para dirigir nuestra vida están en guerra con la ley de Dios. El Espíritu usa la ley para revelar que nuestra condición exige la muerte eterna. El Espíritu usa la ley para llevarnos a Cristo.

“Pues está escrito: ‘No hay justo, ni aun uno. No hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, se echaron a perder. No hay quien haga lo bueno, no hay ni aun uno… por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios’”. Rom. 3:10-12, 23.

“Como resultado de la desobediencia de Adán, cada ser humano es un transgresor de la ley, vendido al pecado. A menos que se arrepienta y convierta está bajo las ataduras de la ley, sirviendo a Satanás, cayendo en los engaños del enemigo y llevando testimonio contra los preceptos de Jehová. Pero por la perfecta obediencia a los requerimientos de la ley, el hombre es justificado. Solamente mediante la fe en Cristo es posible una obediencia tal. Los hombres pueden comprender la espiritualidad de la ley, pueden reconocer su poder como revelador del pecado, pero son incapaces de hacer frente al poder y los engaños de Satanás a menos que acepten la expiación hecha para ellos en el sacrificio vicario de Cristo quien es nuestra expiación”. ELC:146.

Todos estamos bajo el pecado.

“Por tanto, así como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, pues todos pecaron”. Rom. 5:12.

“Porque la inclinación de la carne es contraria a Dios, y no se sujeta a la Ley de Dios, ni tampoco puede”. Rom. 8:7.

CONTINUARÁ...

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