31/05/2026
La caída de las máscaras en La Libertad: El oportunismo político y la lección electoral que Pacasmayo debe atesorar.
Las recientes elecciones generales de 2026 han dejado una de las postales más aleccionadoras para la historia política de la región La Libertad. Más allá de las cifras y los porcentajes oficiales, el escenario post-electoral nos depara un fenómeno recurrente pero no por ello menos indignante: el sálvese quien pueda de aquellos que, hasta hace poco, pretendían erigirse como los guardianes absolutos de un proyecto político hoy en ruinas.
El caso de César Sandoval Pozo, exministro y conspicuo escudero de Alianza para el Progreso (APP), es el vivo retrato de cómo opera el pragmatismo más descarnado en nuestra escena pública. Durante meses, Sandoval no solo fungió como la mano derecha de César Acuña Peralta, sino que asumió el rol de su defensor más vehemente, llegando incluso a protagonizar bochornosos incidentes de confrontación pública con el único fin de blindar la desgastada imagen de su líder. Hoy, consumado el colapso electoral de su agrupación —que ni siquiera logró superar la valla legal para mantener su registro nacional—, asistimos al clásico acto de prestidigitación: la renuncia y el abandono del barco que se hunde.
La falacia de la "responsabilidad aislada": No existe la pureza dentro de la complicidad.
La crítica más de fondo no radica únicamente en su salida del partido, sino en la evidente pretensión de ensayar un lavado de manos al estilo de Poncio Pilatos. En el debate público actual, se intenta con frecuencia instalar una peligrosa narrativa de indiferencia: pretender que un candidato puede desvincularse éticamente de la organización que lo postula, bajo la premisa de "yo no soy corrupto, pero mi partido sí".
Esta postura constituye una flagrante incoherencia. En la gestión pública y en la moral política, no se puede trazar una línea divisoria entre el individuo y la estructura que lo financia, lo promueve y le otorga una plataforma. Quien acepta ponerse la camiseta de una organización seriamente cuestionada, defender a sus líderes y postular bajo sus siglas, asume de manera automática la corresponsabilidad de sus actos. Convertirse en el operador político de un proyecto bajo el pretexto de que "uno es diferente" no es un acto de ingenuidad; es una simulación que raya en la complicidad.
El mito de la "renovación de cuadros": El partido no cambia por cambiar de rostros.
Asimismo, el electorado debe cuidarse de otra de las grandes estrategias de manipulación masiva: la supuesta "lavada de cara" a través de la inclusión de nuevas piezas o figuras en organizaciones cuya crisis es estructural y sistémica. Pretender que un partido caracterizado por el clientelismo y el beneficio propio va a mutar sus prácticas fundamentales solo por presentar "nuevos cuadros" en una lista electoral es una burla a la inteligencia del ciudadano. Las instituciones políticas se definen por sus conductas colectivas, sus votaciones en el Congreso y sus alianzas de poder, no por las máscaras renovadas que deciden utilizar en cada campaña.
Alianza para el Progreso ha transitado en los últimos años por una ruta severamente cuestionada. Su participación en el diseño de la agenda legislativa nacional, caracterizada por polémicas alianzas en el Congreso, el cogobierno tácito con la administración de Dina Boluarte y el impulso de un marco normativo penal altamente cuestionado por especialistas —señalado por debilitar la lucha contra la criminalidad organizada—, terminaron por sepultar su legitimidad. Sandoval no fue un espectador de este proceso; fue un actor y postulado de dicha estructura que hoy pretende desconocer.
La ilusión digital frente a la contundencia de las urnas.
Durante la campaña, las plataformas digitales se inundaron de una narrativa paralela. Gráficos de alta factura, encuestas de dudosa procedencia que ubicaban a Sandoval en un cómodo primer lugar para el Senado Regional y transmisiones de mítines presuntamente multitudinarios intentaron capturar la psique del electorado liberteño. Esta estrategia buscaba manipular la percepción ciudadana, induciendo al votante a creer en victorias inevitables para generar un efecto de arrastre.
Sin embargo, el veredicto del ciudadano consciente fue implacable. La pomposidad de las redes sociales se diluyó ante la realidad de un rechazo categórico en las urnas. La incapacidad de APP para sostener su presencia parlamentaria nacional demostró que el país ya sepultó una vez las pretensiones de este bloque político, recordándoles que el poder del marketing tiene un límite frente a la memoria colectiva.
Un llamado urgente a la conciencia de Pacasmayo ante los comicios subnacionales.
Este panorama debe servir como un faro de alerta definitivo para nuestra provincia de Pacasmayo de cara a las próximas elecciones municipales, provinciales y regionales. La lección de los comicios generales ha sido contundente, pero la tarea no ha terminado; la ciudadanía tiene la oportunidad histórica de ratificar ese rechazo en las urnas locales para impedir que las mismas maquinarias políticas pretendan reciclarse en nuestros distritos.
Pacasmayo necesita transitar con urgencia hacia un voto reflexivo, analítico y profundamente ético. El ciudadano consciente debe utilizar el discernimiento para separar a los candidatos con vocación de servicio auténtica de aquellos proyectos personalistas que solo buscan el poder como escudo. La consigna debe ser clara: no volver a otorgar la confianza ni un solo voto a partidos que han gobernado de espaldas a la población y en convivencia con la criminalidad. La lealtad con el desarrollo de nuestra provincia no se negocia, y es momento de que Pacasmayo lidere el cambio hacia una política con principios, donde la responsabilidad se asuma con madurez y las huidas oportunistas reciban el sancionador olvido de los electores.