12/08/2026
¿VUELVEN LAS OBRAS… ¿O VUELVE EL MISMO DISCURSO?
Víctor Hugo López Ríos vuelve a caminar por Manantay con una frase diseñada para despertar nostalgia electoral: “Vuelven las obras”. El mensaje es corto, pegajoso y cuidadosamente optimista. Lo que no explica es cuáles obras deben volver, cuáles quedaron terminadas, cuáles permanecieron inconclusas y cuáles terminaron convertidas en expedientes, reclamos o fotografías de campaña.
La estrategia parece sencilla: cuando el camino regional se vuelve empinado y la provincia no ofrece suficientes votos, siempre queda regresar al distrito donde el nombre todavía suena. En política, eso no se llama retroceder; se llama “recalcular la ruta”. El GPS electoral lo habría devuelto directamente a Manantay.
Pero la memoria pública también tiene su propia ruta.
En abril de 2020, López Ríos fue denunciado por el presunto delito de cohecho pasivo propio en un caso relacionado con una trabajadora municipal. Según la información publicada entonces, la Fiscalía solicitó nueve meses de prisión preventiva, pero el Poder Judicial dictó comparecencia restringida.
A ello se suman publicaciones recientes que recuerdan la presunta sustracción de más de un millón de soles de cuentas municipales durante su gestión.
También circulan cuestionamientos sobre alquiler de maquinaria y equipos destinados al recojo de residuos sólidos, con señalamientos de supuesto favorecimiento a proveedores.
Porque “Vuelven las obras” puede sonar como una promesa, pero también como una advertencia. ¿Vuelven las pistas, los puentes y los servicios públicos, o vuelven los anuncios, las inauguraciones, los expedientes observados y las fotografías frente a una maquinaria que después nadie encuentra trabajando?
En redes sociales, antiguos ofrecimientos como el puente Santa Clara han sido nuevamente mencionados para cuestionar si las promesas electorales se concretaron.
Tal vez el candidato debería modificar ligeramente su lema:
“Vuelven las obras… y esta vez esperamos que también vuelvan las explicaciones”.
Manantay no necesita elegir entre propaganda nueva y memoria corta. Necesita saber cuánto se gastó, qué se terminó, qué quedó abandonado, quién respondió por el dinero perdido y en qué situación se encuentran las investigaciones surgidas durante aquella gestión.
Porque una obra pública no se mide por el cartel, por la ceremonia ni por la cantidad de veces que aparece en Facebook. Se mide por su calidad, su utilidad, su costo real y el tiempo que permanece sirviendo a los vecinos.
Después de los cuestionamientos, denuncias e interrogantes que todavía acompañan su gestión, ¿usted confiaría nuevamente en él?