06/09/2026
𝐕𝐄𝐍𝐃𝐈𝐎́ 𝐒𝐔 𝐂𝐀𝐒𝐀 𝐘 𝐒𝐔 𝐂𝐀𝐑𝐑𝐎 𝐏𝐀𝐑𝐀 𝐒𝐀𝐋𝐕𝐀𝐑 𝐀𝐍𝐈𝐌𝐀𝐋𝐄𝐒 𝐒𝐈𝐋𝐕𝐄𝐒𝐓𝐑𝐄𝐒: 𝐌𝐀𝐆𝐀𝐋𝐈 𝐒𝐀𝐋𝐈𝐍𝐀𝐒 𝐕𝐒. 𝐄𝐋 𝐓𝐑𝐀́𝐅𝐈𝐂𝐎 𝐃𝐄 𝐄𝐒𝐏𝐄𝐂𝐈𝐄𝐒 𝐄𝐍 𝐋𝐀 𝐀𝐌𝐀𝐙𝐎𝐍𝐈́𝐀
En el Corredor Turístico Bajo Isuyama, en Madre de Dios, una mujer de 69 años dedica sus días a rescatar y rehabilitar fauna silvestre. Año tras año, el número de animales que llegan a su refugio aumenta, mientras ella sostiene una lucha cada vez más urgente por su conservación.
Durante una conversación con pobladores de Madre de Dios, a Magali Salinas le resulta difícil creer lo que escucha: “Al oso perezoso sí se lo debe matar porque si una embarazada lo ve, su hijo nace con síndrome de Down”. Hace 20 años, Salinas vendió su carro, su casa y sus pertenencias para viajar al Amazonas y dedicar su vida a rescatar precisamente a los animales que algunas comunidades aún consideran una amenaza. Hoy encabeza Amazon Shelter, un centro de conservación y rehabilitación de fauna silvestre donde llegan animales víctimas de maltratos, tráfico ilegal y creencias populares. "Diario El Comercio. Todos los derechos reservados."
Ese compromiso convirtió a Amazon Shelter en un espacio que no ha dejado de crecer. El refugio inició con 20 animales; poco después la cifra subió a 40 y luego a 60, número que se mantuvo estable hasta el fin de la pandemia, cuando la población se disparó hasta el récord actual de 150 animales, cifras poco alentadoras. “Llega un momento en que no quieres ni saber sus nombres, ya no quieres encariñarte”, menciona Salinas, quien se contradice de inmediato al presentarnos a Valentina, Estrella, Camila y otros 117 animales —entre loros, guacamayos, primates y hurones— que hoy conforman el centro. "Diario El Comercio. Todos los derechos reservados."
𝐋𝐀 𝐋𝐄𝐘 𝐃𝐄 𝐋𝐀 𝐒𝐄𝐋𝐕𝐀
Al salir al monte es común no llevar comida, en su lugar se prefiere cazar a un mono y, si se busca mayor ganancia, vender también a sus crías. La situación se repite en distintas localidades, donde algunas especies cumplen fines rituales y otras terminan convertidas en insumo para la industria de la moda o en mascotas. A estas últimas “les dan pizza, canchita, pollito frito”, cuenta Salinas, aunque lo que más le preocupa no es la comida sino los besos: “el herpes y la hepatitis son mortales para los monos”, advierte, consciente de que dedicar recursos a mejorar la calidad de vida de un animal moribundo puede significar destinar menos recursos para salvar a otros.
Ya sea por la caza, el tráfico o el maltrato, los animales que sobreviven terminan llegando al refugio en condiciones críticas. Hay quienes llegan con perdigones en el cuerpo, con heridas por machete, con las alas cortadas o el hígado sangrante -victima de una mala alimentación-. Aunque no siempre se pueden salvar, Salinas intenta que sus últimos sean en tranquilidad, aunque esos esfuerzos se traducen en heridas ya cicatrizadas en sus manos. “Siguen siendo salvajes, no hay que olvidarlo”, se recuerda a sí misma. "Diario El Comercio. Todos los derechos reservados."
Por Ángel Navarro Quevedo
06/09/2026, 09:28 a.m.
Durante una conversación con pobladores de Madre de Dios, a Magali Salinas le resulta difícil creer lo que escucha: “Al oso perezoso sí se lo debe matar porque si una embarazada lo ve, su hijo nace con síndrome de Down”. Hace 20 años, Salinas vendió su carro, su casa y sus pertenencias para viajar al Amazonas y dedicar su vida a rescatar precisamente a los animales que algunas comunidades aún consideran una amenaza. Hoy encabeza Amazon Shelter, un centro de conservación y rehabilitación de fauna silvestre donde llegan animales víctimas de maltratos, tráfico ilegal y creencias populares.
Ese compromiso convirtió a Amazon Shelter en un espacio que no ha dejado de crecer. El refugio inició con 20 animales; poco después la cifra subió a 40 y luego a 60, número que se mantuvo estable hasta el fin de la pandemia, cuando la población se disparó hasta el récord actual de 150 animales, cifras poco alentadoras. “Llega un momento en que no quieres ni saber sus nombres, ya no quieres encariñarte”, menciona Salinas, quien se contradice de inmediato al presentarnos a Valentina, Estrella, Camila y otros 117 animales —entre loros, guacamayos, primates y hurones— que hoy conforman el centro.
Amazon Shelter fue creado en 2007 y funciona en un terreno de aproximadamente 10 hectáreas en Madre de Dios. Desde allí, su equipo trabaja en la recuperación de animales extraídos de su hábitat. Fotos: Julio Reaño/.gec
Amazon Shelter fue creado en 2007 y funciona en un terreno de aproximadamente 10 hectáreas en Madre de Dios. Desde allí, su equipo trabaja en la recuperación de animales extraídos de su hábitat. Fotos: Julio Reaño/.gec
/ JULIO REAÑO
La ley de la selva
Al salir al monte es común no llevar comida, en su lugar se prefiere cazar a un mono y, si se busca mayor ganancia, vender también a sus crías. La situación se repite en distintas localidades, donde algunas especies cumplen fines rituales y otras terminan convertidas en insumo para la industria de la moda o en mascotas. A estas últimas “les dan pizza, canchita, pollito frito”, cuenta Salinas, aunque lo que más le preocupa no es la comida sino los besos: “el herpes y la hepatitis son mortales para los monos”, advierte, consciente de que dedicar recursos a mejorar la calidad de vida de un animal moribundo puede significar destinar menos recursos para salvar a otros.
Ya sea por la caza, el tráfico o el maltrato, los animales que sobreviven terminan llegando al refugio en condiciones críticas. Hay quienes llegan con perdigones en el cuerpo, con heridas por machete, con las alas cortadas o el hígado sangrante -victima de una mala alimentación-. Aunque no siempre se pueden salvar, Salinas intenta que sus últimos sean en tranquilidad, aunque esos esfuerzos se traducen en heridas ya cicatrizadas en sus manos. “Siguen siendo salvajes, no hay que olvidarlo”, se recuerda a sí misma.
Además de primates, Amazon Shelter recibe mamíferos como sajinos, venados y tapires, así como guacamayos, loros y otras aves. Cada ejemplar pasa por controles de salud y recibe una dieta adaptada a su especie antes de una eventual liberación. Fotos: Julio Reaño/.gec
Además de primates, Amazon Shelter recibe mamíferos como sajinos, venados y tapires, así como guacamayos, loros y otras aves. Cada ejemplar pasa por controles de salud y recibe una dieta adaptada a su especie antes de una eventual liberación. Fotos: Julio Reaño/.gec
/ JULIO REAÑO
El proceso de recuperación de los animales silvestres consiste en acoger a ejemplares que llegan de lugares tan distintos como albergues, circos, casas particulares o cajas escondidas debajo de los asientos de un bus. “No hay control ¿O cómo se explica la aparición de un primate en Arequipa”, se pregunta Salinas. Luego pasan por un proceso de cuidado y revisión de expertos que vienen de distintas partes del país. Tras un exhaustivo análisis se determina una ubicación y se va dando seguimiento.
Ese método de paciencia y acción no es nuevo para Salinas, quien durante años siguió el rastro de tráfico en Lima. Estudió secretariado ejecutivo, administración de empresas y aviación comercial en AeroPerú, sin embargo, lo suyo siempre fue el cuidado animal. Para ello se preparó cuidando animales en el Zoológico de Huachipa, luego trabajaría junto a la Policía Ecológica prestando su carro y haciendo sus indagaciones propias. "Diario El Comercio. Todos los derechos reservados."
Fue justamente durante ese periodo donde participó en operativos contra el tráfico en el Centro de Lima, logrando reunir en una misma mesa de diálogo a defensores de los animales y a los propios traficantes. Aunque, tanto en la capital como en Madre de Dios, la respuesta de estos últimos sigue siendo la misma: “Somos gente humilde que intenta ganarse la vida”. Bajo ese argumento, miles de animales mueren durante el transporte o por la ingesta de alimentos que no van acorde a su dieta. “Puede sonar obvio decirlo, pero un mono no puede comer pizza”. "Diario El Comercio. Todos los derechos reservados."
De los animales que hoy se recuperan en Amazon Shelter, quince no podrán volver jamás a la naturaleza. Hay quienes, tras una cirugía delicada perdieron la movilidad de un miembro; otros sufren problemas cardiacos, visión incompleta o alas fracturadas. Están también los que se domesticaron demasiado, lo que los convierte en un blanco fácil tanto para los cazadores como para otros animales de su propia especie que, por instinto salvaje, pueden rechazarlos o incluso matarlos.
Mantener un centro así, sin embargo, no depende solo de buenas intenciones. Hace unos años, la construcción de una carretera puso a Salinas ante un dilema: aceptar los ingresos que esta traería o mantener intacto el terreno del refugio. Hoy esa decisión cobra sentido al ver el pequeño puesto veterinario que lograron abrir, todavía con carencias, pero que permitió reducir costos. Liberar a un solo mono, por ejemplo, requiere una inversión de 500 soles en exámenes médicos, un requisito de Serfor para su liberación, que no siempre resulta exitosa. "Diario El Comercio. Todos los derechos reservados."
Parte del ingenio para recaudar fondos los llevó a encabezar una campaña para conseguir madres sustitutas para las crías de monos. “Dona el peluche de tu ex y salva a un bebé”. Así como el mono viral Punch consiguió salir adelante con una madre de peluche, otros cientos de monos en Madre de Dios se aferran al pelaje artificial para sobrellevar la soledad. “Ellos también sienten, también sienten apego y pueden entender ciertas situaciones, así como sufrir por no tener a su madre”, resalta Salinas, quien busca que aquellos primates tengan una oportunidad más.
A esas dificultades se suma una más personal: Salinas también debe cuidarse a sí misma. Aunque la señal es escasa en Madre de Dios, algunas llamadas logran colarse entre la interferencia para darle un ultimátum. Así como ella encontraba monos choros en Los Olivos, no le sorprende que gente del penal Piedras Gordas también la busquen a ella. "Diario El Comercio. Todos los derechos reservados."