29/09/2026
"La gente piensa que como vivimos en la selva tenemos bastante agua, pero la realidad es esta", dice Erick Tijé, indígena harakmbut, señalando el agua turbia del río Inambari, en la Amazonía peruana.
Hace cinco años, ese río todavía era la fuente de vida de su comunidad, Arazaire. Hoy, el pequeño Santiago, como casi todos ahí, solo puede tomar agua de bidón, comprada cada semana por unos 21 dólares.
Una investigación de Mongabay Latam, El Espectador y Correo del Caroní, junto a científicos del Instituto Serrapilheira de Brasil, analizó 722 microcuencas en cuatro ríos amazónicos de Bolivia, Colombia, Perú y Venezuela, y confirmó lo que estas comunidades ya sabían: en 25 años, se perdieron cerca de 33,000 hectáreas de agua natural, un área equivalente a más de dos veces el Parque Nacional Tayrona.
Pero el dato más doloroso no es la cantidad. Es la calidad.
Donde entra la minería, el agua no desaparece del mapa, solo cambia de forma: quedan pozas estancadas, contaminadas con mercurio, que desde el satélite parecen agua, pero no se pueden beber. Carlos Álvarez, guardia indígena de Arazaire, lo resume sin rodeos: "¿Y ahora qué hay en esa agua? Lodo, nomás. Ya no hay vida, no hay nada".
En Perú, el 60% de las comunidades de la Federación Nativa del Río Madre de Dios ya paga por el agua que consume. Eusebio Ríos, su vicepresidente, lo advierte con una frase que resume todo: "No va a tardar mucho para que el agua cueste más que el petróleo".
♦️Fuente basado en: Mongabay Latam— Vanessa Romo — "Amazonía sin cauce: minería, ganadería y deforestación dejaron a comunidades sin agua para beber" — 17 de septiembre de 2026