22/08/2026
SE ACABÓ LA FIESTA
Se acabó la fiesta.
La “chika” va a necesitar mucho más que colágeno para mantener la frescura de un rostro que pretende mostrar un gobierno que, a menos de un mes de iniciado, ya empieza a exhibir sus primeras grietas.
Porque gobernar no consiste en disfrutar de las condescendencias de un spa, posar para las cámaras ni administrar el poder desde la comodidad de las redes sociales buscando un millón de corazoncitos.
Gobernar es conocer el país, mirar de frente sus problemas, tomar decisiones y hacer que esas decisiones se cumplan.
Y eso es precisamente lo que está faltando.
En el gobierno de Keiko no se percibe decisión, capacidad de ejecución ni, sobre todo, una mirada real sobre lo que ocurre más allá de Lima. Mientras los problemas se acumulan en las regiones, mientras la inseguridad golpea a las familias, mientras miles de peruanos reclaman servicios públicos que funcionen y mientras los gobiernos locales y regionales enfrentan problemas urgentes, el Ejecutivo parece observar el país desde lejos.
Como si el Perú real fuera un asunto secundario.
Lo que se observa hasta ahora es una preocupante combinación de improvisación, lentitud y desconexión con la realidad nacional. Y un Gobierno que tarda en reaccionar frente a los problemas termina convirtiéndose en parte del problema.
Por eso, si a determinados ministros les queda grande la responsabilidad de conducir un país tan complejo como el Perú, deberían tener la dignidad política de dar un paso al costado.
Que den paso a funcionarios con capacidad de gestión, experiencia política, conocimiento del territorio y verdadera vocación de servicio. El Perú no necesita ministros de escritorio ni funcionarios preocupados únicamente por la fotografía oficial.
Necesita resultados.
Porque gobernar no es posar frente al espejo del poder.
Gobernar no es convertirse en influencer de TikTok.
Gobernar no es administrar apariencias ni contar corazones en las redes sociales.
Gobernar es decidir. Gobernar es ejecutar. Gobernar es responder.
Y cuando el país exige respuestas, no hay filtro, maquillaje ni campaña de redes sociales que pueda esconder la realidad.
El poder no es un spa.
El Perú no es TikTok.
Y gobernar no es un concurso de popularidad.
Hay millones de peruanos esperando soluciones.
Y un gobierno que no escucha a su pueblo, que no conoce sus problemas y que no tiene la capacidad de actuar cuando más se le necesita, termina perdiendo lo más importante que puede tener un gobernante: la confianza de la gente.
Porque un gobierno que no sirve a su pueblo, sencillamente, no vale.