11/08/2026
El peligro de las pantallas en la infancia: una llamada de atención desde San José
La tecnología llegó a nuestras vidas para facilitar el día a día. La usamos para tareas cotidianas —como comunicarnos o tomar fotografías— y para educarnos, leer o guardar información. Sin embargo, la mayoría la utiliza como un medio de ocio y distracción para escapar de la realidad. Esta búsqueda de entretenimiento se debe a la alta demanda y al acceso gratuito a las redes sociales más populares: Facebook, WhatsApp, Instagram, YouTube y TikTok. Esta última es la más solicitada en todas las edades por su gran influencia mundial, aunque ofrece una diversidad de contenido que no siempre está verificado ni es adecuado para cada etapa de la vida.
En nuestro distrito, el uso de celulares es masivo y abrumador en todas las edades, pero los más perjudicados son los niños. En busca de un momento de independencia o tranquilidad, muchos padres entregan estos dispositivos a sus menores hijos. Sin control ni filtros, les permiten navegar por una red sin límites que genera riesgos irreversibles.
Esta situación nos obliga a reflexionar. En Europa, donde el acceso a la tecnología es masivo desde hace años, ya han comprendido el peligro del uso temprano de los teléfonos y han comenzado a poner límites. Francia, por ejemplo, aprobó una ley que restringe las redes sociales a menores de 15 años y prohíbe los celulares en las escuelas secundarias. Aunque la evidencia reconoce los beneficios digitales, también alerta sobre riesgos vinculados a la depresión, la ansiedad, los trastornos del sueño, el acoso y el contenido dañino. Del mismo modo, Países Bajos y Finlandia han aplicado normativas estrictas para retirar los teléfonos de las aulas y reducir las distracciones.
Si países con un alto nivel educativo están combatiendo este acceso desmedido, la situación es más grave para nosotros. Al no contar con esos índices de calidad educativa, la falta de control frena y deteriora nuestra imaginación, lógica y capacidad de investigación.
Es momento de actuar. Las escuelas deben adoptar medidas para garantizar un buen uso de la tecnología o, de ser necesario, eliminar los teléfonos del aula para concentrarse únicamente en el acceso al conocimiento real. De continuar con la tendencia actual, las consecuencias serán evidentes en pocos años: adolescentes dependientes, con escasa madurez, poca tolerancia a la frustración, introvertidos y sin motivación por explorar el mundo fuera de las pantallas.
El rol de los padres desde los primeros meses de vida es crucial. La falta de atención combinada con el acceso no supervisado a la tecnología trae consecuencias graves. El uso de dispositivos como "chupetes digitales" altera el neurodesarrollo, retrasa el lenguaje y debilita el vínculo socioemocional. Cuando los adultos se desentienden, el cerebro inmaduro del niño sustituye la interacción humana por estímulos artificiales repetitivos.
Estudios de organismos como la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) y UNICEF detallan estos impactos:
Afectaciones en el neurodesarrollo y aprendizaje
Retraso en el lenguaje: Al faltar la conversación directa con los padres, la comunicación se debilita.
Déficit de atención: Los algoritmos acostumbran al cerebro a la gratificación instantánea y reducen la capacidad de concentración.
Pérdida de pensamiento complejo: Delegar tareas cognitivas a las pantallas disminuye el razonamiento, la memoria y la resolución de problemas.
Afectaciones socioemocionales y conductuales
Deterioro de la empatía: Pasar tiempo a solas ante la pantalla dificulta la lectura del lenguaje corporal y los gestos reales.
Baja tolerancia a la frustración: Retirar los dispositivos genera episodios de ira y ansiedad por la sobreestimulación previa.
Aislamiento social: El menor se desconecta de su entorno físico y debilita el lazo afectivo con sus cuidadores.
Daños a la salud física
Trastornos del sueño: La luz azul de las pantallas interrumpe el descanso e incrementa la irritabilidad.
Obesidad infantil: El sedentarismo tecnológico desplaza el juego activo y el ejercicio al aire libre.
Frente a una realidad adormecida por las redes sociales, los actores principales —familias y escuelas— deben tomar el control. El colegio debe ser el portal al conocimiento y la investigación; la inteligencia artificial no debe controlar a los estudiantes, sino ser una herramienta de apoyo, tema que profundizaremos en un próximo artículo.
Este texto busca invitar a la reflexión constructiva, lejos de la crítica destructiva.
Autor: APG