10/11/2025
Por qué Shiraishi Yuki (Waga Itoshi no Wota Kanojo) es una de las peores waifus que he visto
Una vez un compañero de trabajo me preguntó cuál era el peor manga o manhwa que había leído.
Me tomo un poco de tiempo responder. Pero si me hubiese preguntado por la peor waifu del manga, no dudaría ni un segundo:
Shiraishi Yuki, de Waga Itoshi no Wota Kanojo.
Cada vez que aparece una waifu que comparte aunque sea una sola de sus características, mi mente vuelve a la misma pregunta:
¿cómo pudo alguien crear a un personaje tan vacío, tan irritantemente hueco y aún así intentar venderlo como “ideal”?
Tal vez exagero, pero para mí, ella es el ejemplo perfecto de cómo NO construir un personaje femenino.
1. Una doble cara tan falsa que roza lo hipócrita
En la escuela es la chica perfecta: bella, callada, elegante, admirada por todos.
En su casa es una hikikomori obsesionada con el anime, el cosplay y las fantasías escapistas.
No hay nada de malo en tener contrastes. Lo patético es cuando esa “doble identidad” se usa como excusa para fingir autenticidad.
Yuki no es compleja: es simplemente una farsa con fachada de pureza. Todo en ella parece un disfraz cuidadosamente medido para seguir siendo el centro de atención sin correr ningún riesgo emocional.
Ejemplo contrario:Ai Hoshino (Oshi no Ko) también vive de una máscara: idol perfecta en público, madre y mujer real en privado.
La diferencia es que Ai sabe que miente y carga con el peso de esa mentira. Su doble cara no es vanidad, es supervivencia. En ella la falsedad tiene un propósito trágico; en Yuki, solo sirve para alimentar su propio ego.(Aunque también no me cae)
2. Fría, distante y emocionalmente vacía
Yuki no muestra afecto, empatía ni una gota de humanidad genuina.
Su silencio no es misterio: es indiferencia disfrazada de encanto.
Puede pasar un capítulo entero actuando como si el protagonista ni existiera, y cuando lo nota, lo hace desde una posición superior, casi condescendiente.
Ese tipo de “misterio” no atrae; agota. Es el tipo de personaje que solo vive porque el guion la protege.
Ejemplo contrario: Rei Ayanami (Evangelion) es igual de distante, pero su frialdad tiene peso narrativo. En Yuki, solo es vacío con cara bonita.
3. Su obsesión otaku no es encanto, es inmadurez
Yuki se encierra en su mundo otaku como si fuera una prisión dorada. Vive de fantasías y coleccionismo, pero no muestra ni una pizca de autoconciencia.
Ser otaku no es el problema: lo es serlo sin evolución, sin propósito, sin equilibrio.
Ejemplo contrario: Konata Izumi (Lucky Star) también es otaku hasta la médula, pero se ríe de sí misma y mantiene vida social. Yuki ni siquiera intenta eso: se ahoga en su propio egoísmo.
4. Una relación de pareja unilateral y vacía
El protagonista se rompe la cabeza intentando comprenderla.
Ella no mueve un dedo.
Toda la relación gira alrededor de que él la acepte tal como es, mientras ella no muestra el mínimo esfuerzo por mejorar o, al menos, corresponder.
No es romance, es adoración unilateral.
Una dinámica que solo funciona cuando el guion fuerza al lector a compadecerla.
Ejemplo contrario: Sawako Kuronuma (Kimi ni Todoke) también es torpe para expresarse, pero se esfuerza. Yuki simplemente se encierra más.
5. Una fantasía hueca disfrazada de complejidad
Yuki representa el cliché más rancio del manga romántico: la chica perfecta, misteriosa, frágil y “especial” que oculta un secreto.
Solo que, en su caso, el secreto no añade nada; simplemente revela que no hay nada detrás de la máscara.
No tiene trasfondo, no tiene desarrollo, no tiene propósito. Es la versión otaku del “maniquí con sentimientos” que algunos autores aún creen que basta para construir una he***na.
Ejemplo contrario: Komi Shouko (Komi-san wa Komyushou desu) también es idealizada, pero su historia le da humanidad, vulnerabilidad y crecimiento.
Shiraishi Yuki no es auténtica, ni madura, ni empática.
Es una mezcla mal ensamblada de clichés reciclados: la chica misteriosa, la otaku introvertida, la belleza inalcanzable. Todo junto, pero sin alma.
Es un personaje hecho para atraer miradas, no para dejar huella.
Un molde vacío que simboliza lo peor de cierto tipo de narrativa romántica: la idealización sin sustancia.
Y por eso, sin dudarlo, para mí es una de las peores waifus jamás escritas.
Y es tabla