22/05/2026
Perú sin coraje: no nos destruyeron… nos dejamos caer”
Diario expreso - Liliana Humala Liliana Humala
Diario expreso 22 May 2026 03:00 h
Hay algo más grave que un mal candidato: un pueblo que mira en silencio.
Hoy, el Perú no solo enfrenta una crisis política, sino una crisis moral profunda, estructural y vergonzosa. Nos hemos convertido, hay que decirlo sin anestesia, en millones de peruanos simples y tristes mirones de balcón: espectadores pasivos de la degradación institucional, tolerantes con el abuso y resignados frente a la ilegalidad.
¿Dónde quedó la dignidad? ¿En qué momento dejamos que nuestras buenas costumbres se arrastraran por el suelo? Aquellos valores que nos enseñaron en casa, que reforzaron en la escuela y que incluso estaban codificados en ese viejo, pero firme, manual de Carreño, hoy parecen piezas de museo. Hemos normalizado lo inaceptable, y eso no es casualidad: es el resultado de años de permisividad, cobardía social e indiferencia colectiva.
El Jurado Nacional de Elecciones ha cruzado una línea peligrosa. A sabiendas, ha usurpado funciones que no le competen, violentando el principio de legalidad y desnaturalizando el proceso electoral. Y frente a ello, ¿qué tenemos? ¡Silencio! Un silencio cómplice de instituciones que deberían ser garantes del orden constitucional: Fiscalía de la Nación, Defensoría del Pueblo y Tribunal Constitucional. ¡Callan, observan y permiten!
Lo que se ha generado no es un simple error administrativo; es un precedente grave, una herida abierta a la democracia. Se ha asesinado la confianza y se ha enterrado la transparencia. Y lo más alarmante es que se ha hecho ante los ojos de miles de peruanos que saben, entienden y conocen… ¡pero no actúan!
Así, con los siete pecados capitales institucionalizados —soberbia, avaricia, ira, envidia, lujuria de poder, gula burocrática y pereza moral—, el país avanza directo al colapso. No es exageración: ¡es advertencia! Cuando se destruyen las reglas del juego, el sistema entero se vuelve inviable.
Los candidatos que hoy pretenden representar al país no solo carecen de legitimidad moral; su condición es, en términos claros, nullus, irritus et inanis: nulos, inválidos e insostenibles.
Y aquí debemos ser honestos: esto ocurre porque el país está lleno de cobardía, de quienes tiran la piedra y esconden la mano, de quienes gritan en privado y callan en público, de bullangueros sin convicción. Nos hemos llenado de ruido, pero no de valor.
Estos no son tiempos para cobardes. Son tiempos que exigen peruanos valientes, firmes y conscientes de su rol histórico; ciudadanos que no permanezcan mudos mientras ven pasar el cadáver de un país llamado Perú.
El Perú no se perdió por falta de recursos ni por falta de talento; se está perdiendo por falta de coraje. Y eso, compatriotas, ya no es responsabilidad de unos pocos: es responsabilidad de todos.