18/05/2026
Descarada Omisión de Funciones:
LA DEUDA DEL ALCALDE DE SANTA MARÍA CON PERALVILLO
En junio de 2023, el entonces flamante alcalde de Santa María, José Vásquez, llegó hasta el sector de Pueblo Viejo para recorrer las huacas Peralvillo I y Peralvillo II. La escena fue la clásica postal política: autoridades, vecinos explicando la importancia histórica del lugar y una promesa que sonó correcta, necesaria y hasta esperanzadora. Según la propia nota de prensa municipal del 13 de junio de 2023, el burgomaestre se comprometió a “gestionar acciones en conjunto para difundir la historia de nuestros antepasados a toda la población”. Dos años después, la pregunta cae por su propio peso: ¿qué se hizo realmente con esa promesa?
El problema es que el tiempo no se detuvo tras aquella visita. Mientras las declaraciones quedaban archivadas en redes institucionales, la realidad avanzaba con menos entusiasmo. El sitio arqueológico Peralvillo I, II y III terminó cercado por la empresa Agroimper al encontrarse dentro de su propiedad, generando una situación que exigía liderazgo municipal inmediato. No bastaba con fotografías, recorridos ni discursos bien intencionados; se requerían acciones concretas, fiscalización, coordinación con el Ministerio de Cultura y una defensa activa del patrimonio.
Y aquí entra el detalle que vuelve incómoda la hemeroteca municipal. En 2025, el Ministerio de Cultura emitió la Resolución Directoral 016-2025-DGPA-VMPCIC-MC, una advertencia clara que activaba responsabilidades específicas para la Municipalidad de Santa María. No era un saludo protocolar ni un documento decorativo: era una señal directa de que el patrimonio necesitaba protección urgente. En otras palabras, la promesa de 2023 dejaba de ser voluntaria y pasaba a convertirse en obligación.
El artículo 82 de la Ley Orgánica de Municipalidades es contundente: los municipios deben proteger, conservar y poner en valor el patrimonio cultural dentro de su jurisdicción. Eso implica fiscalizar, coordinar con el sector Cultura, ordenar el territorio y defender los bienes arqueológicos frente a amenazas públicas o privadas. No es una aspiración romántica ni un gesto simbólico; es un mandato legal. Sin embargo, la realidad muestra una peligrosa distancia entre lo que la ley exige y lo que la gestión municipal ha ejecutado.
El caso Peralvillo resulta especialmente alarmante porque la medida de protección es temporal y caduca en agosto de 2026. Es decir, Santa María recibió una ventana histórica para actuar y consolidar la protección definitiva del sitio. Una oportunidad institucional que no aparece todos los años y que, de desperdiciarse, quedará registrada como una de esas ocasiones en las que la burocracia dejó pasar el tren del patrimonio.
Más allá de la responsabilidad legal, el asunto revela un problema mayor: la falta de visión sobre el valor del patrimonio como motor de desarrollo. En muchas ciudades del país, los sitios arqueológicos se convierten en ejes de turismo, identidad y economía local. En Santa María, en cambio, las huacas siguen atrapadas entre cercos privados, expedientes administrativos y promesas que envejecen sin resultados visibles.
La promesa de junio de 2023 no fue una frase menor. Fue una declaración pública frente a vecinos y frente a la historia del distrito. Hoy, esa promesa se ha convertido en una deuda política que el tiempo no deja de recordar. Porque cuando una autoridad promete proteger el pasado y termina guardando silencio, lo que queda no es solo un sitio arqueológico en riesgo, sino la sensación de que la memoria colectiva vale menos que una publicación olvidada en redes sociales.