08/12/2025
📌Compartimos con ustedes nuestra columna de opinión de la última edición de la Revista Regional Jaque Mate Cusco.
💥Disponible en la región. #2025
◾️NOBLECILLA: EL OPOSITOR QUE TERMINA LIMPIANDO AL CONGRESO
: Edwin Espinoza Huillca – Analista Político
No hay mejor aliado del poder que quien lo critica mal. Noblecilla, entre silencios, piruetas y nuevos compañeros, va logrando lo improbable: hacer que el Congreso parezca menos peor.
En una cabina de Exitosa en Cusco, Raúl Noblecilla entró con el tono que lo ha vuelto reconocible: verbo encendido, mirada severa y la convicción de quien dice enfrentar la “dictadura parlamentaria”. Todo parecía listo para su acostumbrado discurso contra las mafias, el Congreso y los enemigos del pueblo, hasta que el periodista cusqueño Elio Zúñiga rompió el libreto y le recordó que Pepe Luna y su bancada habían votado por la vacancia de Pedro Castillo. Noblecilla respondió con una defensa abstracta sobre la “evolución” de los partidos y luego desvió la conversación hacia “el fascismo” y los “grupos de poder”. No respondió de frente. Cambió de terreno. Y es a partir de ese momento que se vuelve imposible no preguntarse: qué tan creíble puede resultar un discurso ferozmente anti-Congreso cuando se evita explicar —con claridad— la relación actual que se tiene con él.
Antes de presentarse como la voz frontal contra el Congreso, Raúl Noblecilla ya formaba parte del círculo más cercano a varios de sus protagonistas. Fue abogado del congresista Guillermo Bermejo y del líder de Perú Libre, Vladimir Cerrón, en procesos de alto impacto político, y posteriormente asumió la defensa legal de Pedro Castillo y de Betssy Chávez en el juicio por el intento de golpe de Estado del 7 de diciembre de 2022. No solo litigó para ellos: además trabajó dentro del propio Congreso como asesor de Bermejo, desempeñando funciones en el corazón mismo del Parlamento al que hoy identifica como su principal adversario político.
Hoy, Raúl Noblecilla ya no solo denuncia al Congreso: busca llegar a él de la mano de Podemos Perú, el partido fundado y liderado por el congresista José Luna Gálvez. Luna afronta investigaciones fiscales por presunta organización criminal y lavado de activos, en procesos ampliamente documentados por la prensa y el Ministerio Público, donde ha sido vinculado a estructuras que habrían buscado capturar espacios institucionales para fines particulares.
A su alrededor, la bancada que hoy lo respalda acumula su propio historial. Un informe de Gestión detalla que nueve congresistas de Podemos Perú están bajo investigación fiscal por delitos como cohecho, peculado, concusión, tráfico de influencias y organización criminal, y que uno de ellos, Luis Picón, ya fue condenado a cuatro años de prisión suspendida por negociación incompatible, además de figurar como el parlamentario con más denuncias registradas ante el Ministerio Público, con 78 carpetas que suman 136 presuntos delitos. No es, precisamente, el entorno más coherente para quien se presenta como abanderado contra la corrupción del Congreso.
La bancada de Podemos Perú no solo arrastra cuestionamientos en su cúpula. Entre sus filas también se encuentran congresistas con investigaciones fiscales en curso por delitos graves vinculados al ejercicio del cargo. Es el caso de Darwin Espinoza, investigado por presunto cohecho, concusión y peculado; Kira Alcarraz, bajo indagación por presunto cohecho pasivo; y Francis Paredes, incluida en una investigación por presunto tráfico de influencias, luego de que se detectaran memorias USB con listas de personas recomendadas para cargos en entidades públicas, según reportes policiales citados por la prensa nacional.
A ellos se suman José Arriola y Jorge Luis Flores, parlamentarios que llegaron a Podemos tras su paso por Acción Popular y que hoy son investigados por su presunta participación en el caso “Los Niños”, vinculado a favorecimientos irregulares desde el Congreso a empresas proveedoras del Estado. Es en este espacio político, marcado por investigaciones en curso y serios cuestionamientos, donde Raúl Noblecilla ha decidido inscribir su nombre rumbo al Senado, mientras mantiene un discurso que presenta al Parlamento como una estructura ajena y distante, de la que —según su propia narrativa— no forma parte.
Desde 2023, informes del Ministerio Público, de organizaciones de derechos humanos y de medios de investigación han identificado un paquete de normas que, en la práctica, debilitan la lucha contra la corrupción y el crimen organizado: recortan plazos de la colaboración eficaz, ponen trabas a la extinción de dominio, reducen facultades del Ministerio Público o favorecen economías ilegales. A ese conjunto de normas, la prensa y varios especialistas han terminado llamando —no sin polémica— “leyes pro-crimen”. No es una etiqueta de este artículo: es la forma en que se ha instalado el debate público a partir de esos informes.
Un caso emblemático es la Ley 31990, que fija plazos estrictos para la colaboración eficaz y ha sido cuestionada por la Fiscalía y por organismos internacionales por dificultar la persecución de redes criminales complejas. El proyecto original fue presentado por una congresista de Podemos Perú y terminó aprobado por insistencia del Congreso en marzo de 2024. Los registros de votación muestran que José Luna Gálvez y José Arriola, ambos de Podemos, forman parte del reducido grupo de congresistas que votaron a favor de este paquete de normas especialmente cuestionadas, en sintonía con Fuerza Popular, Renovación Popular, Perú Libre y otras bancadas. Es decir: el partido que hoy presenta a Raúl Noblecilla como candidato no solo promovió una de estas reformas clave, sino que acompañó con sus principales votos el conjunto de decisiones que hoy están en el centro de la crítica pública.
En teoría, una figura que se declara ferozmente anti-Congreso debería cercar a un Parlamento desprestigiado. Pero cuando ese discurso convive con sanciones judiciales, vínculos previos con el mismo poder que se denuncia y una candidatura inscrita en uno de los partidos más cuestionados del hemiciclo, el efecto puede terminar siendo exactamente el contrario: el Congreso no mejora, pero su crítico comienza a perder legitimidad ante amplios sectores. La indignación, en lugar de canalizarse, se transforma en sospecha, duda y desgaste.
Es en ese punto donde aparece el razonamiento del elector común, silencioso, cansado, harto de la incoherencia: “si este señor es el gran opositor al Congreso… entonces quizá el Congreso no está tan mal”. Y allí ocurre el verdadero giro. Los mismos políticos que arrastran denuncias, investigaciones y cuestionamientos dejan de verse como el problema principal y pasan a parecer —por simple contraste— la opción menos dañina, el “mal conocido”.
Así, sin pedir perdón, sin reformarse, sin cambiar una sola práctica, el Congreso encuentra una forma inesperada de blanqueo: no por virtud, sino por comparación. Cuando quien pretende encarnar la resistencia termina enredado en sus propias contradicciones, quienes hoy enfrentan serios cuestionamientos no necesitan limpiarse: les basta con esperar a que su adversario más ruidoso se vuelva, sin quererlo, su aliado más útil.