21/07/2026
Es bueno hacer preguntas, claro que sí. Sin embargo, hay algunas preguntas cuyas respuestas resultan difíciles de asimilar:
¿Qué diría el apóstol Pablo si estuviera vivo?
Pienso que la misma iglesia lo encarcelaría, lo señalaría y no tendría misericordia de él.
¿Qué pensaría el apóstol Juan si estuviera vivo?
Quizás preferiría permanecer en la isla de Patmos antes que contemplar el estado actual de la iglesia, porque muchos no tendrían amor ni consideración por él.
¿Qué diría el apóstol Pedro si estuviera vivo?
Probablemente lo llamarían legalista, fanático y todos los epítetos que el buen puertorriqueño suele utilizar. Incluso, si pudieran, procurarían quitarle hasta el cargo de apóstol.
No deseo continuar abundando, porque quienes somos espirituales podemos percibir el estado general de la iglesia. La frialdad espiritual y el predominio de las emociones, sin una verdadera vida de consagración, están a la orden del día.
Les hablo a los espirituales, a los cristianos que todavía han decidido guardarse para Dios.
Les hablo a los que sufren; a los que son atacados, ignorados, rechazados y marginados. A aquellos que sienten que nadie los comprende, pero cuyas oraciones y lágrimas son escuchadas en el cielo.
Aunque otros no valoren su fidelidad, Dios conoce su corazón, contempla sus rodillas dobladas y ve cada batalla que libran en secreto.
¡Sigamos peleando la buena batalla de la fe hasta el final!
«He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe».
—2 Timoteo 4:7
-Pastor Carlos Cruz Nieves