05/01/2026
En un extenso y vehemente mensaje, el senador Eliezer Molina expone una crítica frontal al sistema político puertorriqueño y, en particular, a sectores que se autodenominan oposición pero que han fallado históricamente al país. Molina relata su trayectoria personal como un ciudadano sin ataduras partidistas, formado en la ingeniería civil y la economía, que decidió involucrarse en la lucha política tras el colapso económico de Puerto Rico y la emigración masiva de más de un millón de personas.
Desde esa experiencia, sostiene que su motivación siempre ha sido preservar la identidad, la dignidad y la capacidad productiva del país, sin someterse a ideologías rígidas de derecha, izquierda o centro. Afirma que al estudiar la economía y los fenómenos políticos de Puerto Rico entendió que el problema no es solo el gobierno de turno, sino un “síndrome político” más profundo que se repite: estructuras partidistas que utilizan al pueblo para protestar, pero se esconden cuando llega el momento de asumir riesgos reales o de actuar con coherencia.
Molina denuncia que sectores de la izquierda y del independentismo tradicional lo usaron cuando les convenía por su capacidad de confrontar al poder, pero lo descartaron en los procesos electorales porque no respondía a sus estructuras. Asegura que esos mismos grupos se apropian selectivamente del legado de figuras históricas como Don Pedro Albizu Campos, tergiversando su pensamiento económico y político para acomodarlo a visiones socialistas o comunistas que, según Molina, Albizu nunca defendió.
El senador argumenta que estos sectores han destruido en vida y en memoria la obra de Albizu Campos al reducirla a consignas ideológicas, ignorando su visión concreta de desarrollo económico, producción local e inserción de Puerto Rico en el comercio mundial. Para Molina, ese secuestro ideológico ha creado una falsa narrativa que presenta la independencia como sinónimo de comunismo, regalándole así victorias políticas al PNP durante décadas.
En su análisis, Molina señala que muchos de estos grupos hablan de democracia, pero están controlados por las mismas figuras desde hace 20 años, sin permitir el surgimiento de liderazgos nuevos ni el debate real. Afirma que cuando ocurren protestas genuinas, como en Sol y Playa, Cuevas Las Golondrinas o Rincón, estas estructuras brillan por su ausencia, mientras ciudadanos comunes enfrentan arrestos, violencia y persecución. Luego, cuando el conflicto ya está visible, aparecen para capitalizar políticamente el sacrificio ajeno.
El mensaje también aborda el contexto internacional, particularmente Venezuela y Cuba, donde Molina reafirma su rechazo a las dictaduras y a cualquier régimen que oprima a su pueblo. Critica duramente a quienes guardan silencio ante esos abusos por disciplina partidista o conveniencia ideológica, calificando ese silencio como cobardía política.
Finalmente, Molina defiende su gestión en el Senado como evidencia de que la fiscalización real no viene de los partidos tradicionales ni de la oposición institucional, sino del pueblo organizado y de quienes están dispuestos a incomodar al poder sin pedir permiso. Rechaza las campañas de difamación en su contra y reafirma su visión de libertad: una donde se respeta la diversidad de pensamiento, se permite la crítica abierta y no se concentra el poder absoluto en una sola persona o estructura política.
En esencia, el mensaje de Eliezer Molina es una acusación directa contra la hipocresía política, el oportunismo ideológico y la falsa oposición, y un llamado a reconocer que la verdadera lucha por Puerto Rico no puede seguir siendo secuestrada por quienes hablan de cambio, pero temen ejercerlo.
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