07/09/2026
Qué hermoso es poder enseñarles a otros que no soy un ser humano perfecto. Al contrario, soy alguien que todos los días tiene que mirarse por dentro, reconocer sus errores, pedirle a Dios que me ayude a corregirlos y seguir caminando.
No quiero hablarle a nadie desde un pedestal, ni sentirme superior a otro hermano. Quiero hablar desde la igualdad, desde la experiencia de alguien que también ha necesitado misericordia, perdón, dirección y amor.
Antes de querer ayudar a otros, tengo que permitir que Cristo siga trabajando en mí. Antes de señalar el camino, tengo que estar dispuesto a caminarlo. Y antes de querer cambiar a otros, tengo que permitir que Dios me transforme a mí.
Mi deseo no es convencer a nadie de que soy mejor. Mi deseo es que otros puedan conocer a Cristo y descubrir algo que yo también estoy aprendiendo: que en Él hay amor, esperanza, perdón, propósito y una herencia que no se compra con dinero.
Quiero ayudar a mis hermanos a recordar que también tienen derecho a reclamar esa herencia espiritual: la vida, la paz, la dignidad y el amor que Dios nos ofrece.
No vengo a decirte: “Yo soy mejor que tú”.
Vengo a decirte: “Yo también estoy luchando. Yo también estoy aprendiendo. Yo también necesito a Cristo. Caminemos juntos.”