25/07/2026
Nos despedimos de una gran amiga de la editorial.
LA MUERTE CONTRATADA
Ya nadie extiende el dedo índice
para que se pose un colibrí.
La culpa es un largo río
que arrastramos como una sábana.
Lo sabemos y es mejor no denunciarnos.
Nada es cierto, dijiste en un julio
de nunca jamás. Nada.
Ni la vitamina D que te dio el doctor
en comprimidos amarillos y en dosis de ocho horas.
Nada es verdadero ni puro,
ni siquiera ese hijo que nace
sin la conciencia del pasado o la inocencia del futuro.
La muerte también se fastidia, dijiste en un día falso
y señalaste tu guadaña escondida en el armario,
fue cuando otras muertes llegaron a matarte
con la excusa de tomar el té.
Y entendí porque quería morir después de hacer el amor contigo,
porque sentía que tu pelvis encajaba en la mía,
porque amaba tus dedos fríos apretando mi garganta
hasta ver esa luz tan pura que me invitaba a dormir,
porque tu s**o me calzaba a la perfección,
porque noviembre nunca terminaba y el café nunca se enfriaba,
porque el mundo dejaba de existir y otros envejecían y morían rápido
y entendí que me matabas todas las noches,
todas las noches
ocultabas las evidencias de mis otras vidas bajo el tapete
y me resucitabas con el grito del despertador
antes de ir a trabajar y tomar el desayuno y ducharse y apartar la sábana,
antes de recordar los sueños que nunca tuve.
Entendí que me mentías
como se le miente al dolor reducido con analgésicos.
“Se miente por anticipado. Se miente por encargo”,
decía tu tarjeta de presentación
y nunca pude agradecerte las muertes múltiples en la habitación.
Buen trabajo, pasa mañana por tu cheque.
Las mentiras no funcionan bien
después de morir mil veces.
Krisma Mancía